lunes, 31 de diciembre de 2012

Contra viento y marea



Un poco mayor para remodelar el carácter, no podría aunque quisiera, caer de bruces en el pesimismo, ni adoptar como quizá de mí se espera, actitudes lacrimógenas que me conduzcan sin posibilidad de retorno, hacia una mansedumbre de la que siempre carecí, aún cuando a veces sin razón, creía encontrarme en posesión de una verdad aún no bien definida por la tempestad de los primeros años.
Cierto es que contemplar las escenas que han ocurrido a mi alrededor durante este año, ha conseguido a veces trastocar mis sentidos y un viento de incertidumbre se me ha colado por los poros, helándome a ratos la sangre, sobre todo por la impotencia de no tener los instrumentos necesarios para poder cambiar con la urgencia debida, el transcurso diario de nuestra historia.
Pero esa laxitud sólo ha sido cuestión de un momento e inmediatamente he sabido, porque soy como soy, que no había lugar a la rendición, ni a la desesperanza, ni al silencio, sobre todo si la injusticia, la vejación o el desdoro, se cebaba sin piedad con mis semejantes, inocentes como son, de toda culpa que les haga merecer un solo minuto de amarga infelicidad.
Seguimos de `pie. No han conseguido arrodillarnos, ni domarnos, ni acallar el murmullo atronador que nuestras voces han ido grabando a sangre y fuego por todas las esquinas, en las que hemos dejado impreso un olor libertario, que no podrán disimular, ni siquiera con el hedor que desprenden los discursos manipuladores que tratan de disfrazar de belleza la falacia imperdonable de sus argumentos, urdidos en la sordidez de los fríos despachos desde los que se intenta dirigir los destinos de un mundo, que no se corresponde con la idea que nosotros queremos para él y que no es otra cosa, más que un lugar inhóspito, en el que no deseamos vivir.
Nada importa, si nos han ido empobreciendo con sus disparatadas decisiones o si nos han llevado al mismo borde de la desesperación, trayendo un mar de lágrimas a los umbrales mismos de todas nuestras casas. El hambre agudiza el ingenio y la extrema dificultad acaba por fortalecer el espíritu, inyectando en nuestro interior la necesidad perentoria de volver a levantar la cabeza, si el golpe fue brutal y perpetrado con la intención de aniquilar la poca o mucha inteligencia con que fuimos dotados para sobrevivir.
Contra viento y marea, hemos llegado al último día de este año y conservamos la sonrisa. No han podido enterrar la ilusión que nos mueve a tener la certeza de que cambiar las cosas es posible, ni han logrado desterrar de nuestro país la tozudez necesaria para afrontar cualquier reto que sobrevenga, siendo como somos, valientes, inteligentes e indomables.
2013 será, como nosotros queramos que sea.







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