Con el personal de Justicia tomando la calle, como protesta a las tasas establecidas por Gallardón y el de Sanidad sin dar muestras de desaliento, en su lucha por conservar la universalidad del sistema, se hace efectiva la llegada de los dineros del rescate, exclusivamente destinados a un saneamiento de la Banca española y que trae adheridas una serie de exigencias inaplazables, que con toda seguridad, empezarán a cumplirse en un corto espacio de tiempo.
La mitad del montante intentará reparar el desaguisado perpetrado por Rato en Bankia, que se ve ahora obligada por los prestamistas a poner en la calle a cinco mil trabajadores, como si los errores cometidos por los dirigentes de la institución hubieran sido de su competencia, mientras los auténticos responsables estarán ya, con toda probabilidad, ocupando cargos de responsabilidad en otros organismos, libres de toda imputación, a pesar de haber colocado al país al borde de la quiebra.
Pero de esta luctuosa herencia no se habla en los discursos de Rajoy ni de ninguno de sus ministros, probablemente por su proximidad ideológica con Rato, ni se explica por qué los españoles han de hacer frente a la enorme deuda contraída por esta entidad, que ahora se volverá a reflotar, sin que nadie sepa a ciencia cierta, si existe alguna posibilidad de que no vuelva a ocurrir con ella, nuevamente lo mismo.
Poco importan los cinco mil nuevos desempleados que pasarán a engrosar las filas del INEM, ya que al parecer, los despidos masivos se han convertido en algo rutinario que carece de validez para nuestro gobierno y el Ministro De Guindos, hasta se permite bromear con el tema, riendo a carcajadas frente una serie de periodistas, incapaces de afear su actitud, en un momento de tanta envergadura y tan nefastas consecuencias.
Sin embargo, cuando pase el efecto embriagador que debe estarle produciendo tener en las manos este dineral ofrecido directamente por la usura europea, seguramente recuperará su seriedad habitual para exigir nuevos sacrificios al pueblo español, ahora con la justificación inapelable de tener que hacer frente a los plazos de las cantidades debidas y no le dolerán prendas en sugerir cualquier tipo de recortes, directamente relacionados con alguna de esas partidas sociales, que se ha empeñado en hacer desaparecer, afecte a quien afecte y duela a quién duela.
Claro que para entonces, ya se habrán procurado un nuevo argumento que culpe a los ciudadanos de increpar a las masas para que salten en contra de su gestión, volviendo a dudar por enésima vez de la inteligencia de este sufrido pueblo y de su integridad, a la hora de dejarse manipular por una u otra tendencia.
Y aunque el mensaje lanzado por la sociedad está clarísimo y no es otro que el de exigir un mejor trato para las personas, hasta el momento muy perjudicadas, por esta fiebre de estrecha colaboración que con la Banca ha establecido este Gobierno, aún se nos volverá a repetir que este rescate millonario se hace por nuestro bien y se nos acusará de locura, como suele ser habitual desde el comportamiento, de cualquier maltratador que se precie.
Sin embargo, la situación ya no da para más exigencias y la cuerda está a punto de romperse, creando un sonoro estruendo alrededor de esta pantomima, basada fundamentalmente en la credulidad de unos votantes, ahora también, absolutamente indignados e insatisfechos.
El tiempo se acaba para Rajoy y las protestas que ahora están en la calle, no son más que el comienzo de lo que se avecina, si se persiste en esta actitud de ceguera que demuestra a diario quien nos gobierna. A ver cómo empezamos el año y cuánto es capaz de aguantar sin ceder, nuestro nefasto Presidente.

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