lunes, 3 de diciembre de 2012

Jaque a Ferrán



El que fuera líder de los empresarios españoles, Diaz Ferrán, que mantuvo a los trabajadores de Viajes Marsans en un terrible compás de espera hasta su cierre y que dejó a miles de pasajeros, unos días antes de la navidad, sin poder realizar sus viajes, a pesar de haberlos pagado escrupulosamente, ha sido detenido bajo una acusación de blanqueo de dinero y alzamiento de bienes, descubriéndose así que su rocambolesca historia, no se correspondía exactamente con la situación ruinosa que declaraba, cuando se produjeron los despidos.
Este personaje, del que ya hablábamos a los pocos días de estrenar este blog y que gustaba de hacer declaraciones ante los medios, defendiendo el abaratamiento de los ,sueldos y el aumento de las jornadas laborales, incluso antes de la peor etapa de la crisis, vuelve ahora a la actualidad, después de un par de años de retiro, en una onda bien distinta de la que sintonizaba cuando era la cabeza visible de todo el empresariado español, mientras al parecer, vivía una realidad paralela en su propio feudo, lejos de la legalidad y amparado por la importancia de su cargo.
Si llegara a demostrarse que mientras se declaraba insolvente y potenciaba el cierre de sus empresas, se daba un desvío continuo de capital hacia Suiza, de manera absolutamente fraudulenta, la limpieza de su gestión al frente de la CEOE podría quedar inmediatamente en entredicho y salpicar a cuántos con el colaboraron en este organismo, que tan directamente afecta a la vida de todos los españoles.
Se impondría ahora abrir una investigación exhaustiva sobre sus actividades en la Confederación, para saber en qué medida sus actividades personales podrían haberse confundido con las de su cargo, e intentar descubrir si esta práctica ilícita era considerada normal durante su tiempo de mandato y si ante el éxito obtenido, pudo llegar a ser contagiosa entre más integrantes de la entidad, en perjuicio de todos los españoles.
Huelga decir que la catadura moral de quien propicia un cierre patronal, abandonando a su suerte a un elevado número de trabajadores, mientras engaña a la Hacienda Pública blanqueando dinero en otro país, no es precisamente ejemplar y que merece ser castigada con todo el peso de la justicia, pero los últimos acontecimientos vividos en el país y las sentencias dictadas en los numerosísimos casos de corrupción descubiertos en los últimos tiempos, hace que la incredulidad de los ciudadanos sobre la aplicación real de la ley, haya alcanzado cotas altísimas y que se dude abiertamente de que el desenlace de este caso llegue a ser diferente al de los que ya se juzgaron con anterioridad.
Y sin embargo, habrá que dar una oportunidad a estos jueces nuestros, que ahora también muestran su indignación, cuando la política de Rajoy ha empezado a salpicar la comodidad de sus vidas y esperar que ejecuten con imparcialidad las funciones inherentes a su cargo, poniendo todo el énfasis en establecer la verdad, si quieren sacudirse la mala fama que les acompaña en estos momentos y recuperar la confianza en la ley de la ciudadanía.
La ocasión se les pone ahora en bandeja de plata y la popularidad del protagonista de esta historia podría servir como ejemplo de que nadie puede escapar a la justicia, ni aún ocupando un cargo de relevancia, tras el que esconder sucios manejos financieros, con los que asegurarse el bienestar vitalicio.
Los frentes abiertos que ya pululan por los tribunales de la nación, como el caso Urdangarín, la Operación Malaya o este mismo que hoy empieza a ocupar las primeras páginas de la prensa, podrían representar el giro de ciento ochenta grados que necesita la judicatura para demostrar a la sociedad que no es posible la impunidad, para quienes se atreven a cometer un delito.
Tendrán, eso sí, que afanarse en el estricto cumplimiento de sus funciones y no permitir injerencias políticas que desvirtúen la realidad de los hechos, haciendo efectiva, de una vez, una separación de poderes, que aleje los fantasmas de la connivencia que se han convertido en la comidilla de todos los foros y que tan negativamente repercuten, cuando se trata de algo tan fundamental, como la aplicación de justicia.
Ha llegado el momento de que cada cual ocupe su lugar y de que los políticos se limiten a sus funciones, sin tratar continuamente de interferir en la labor de los tribunales, respetando su neutralidad, por encima de las cuestiones ideológicas.
Los ojos de la nación están desde hoy muy pendientes de la futura evolución de este caso, en la querencia de que se llegue hasta el fondo en la investigación y de que Diaz Ferrán sea tratado por la ley, exactamente como merece su delito, es decir, con la misma piedad que él demostró hacia los que fueron sus trabajadores,





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