domingo, 16 de diciembre de 2012

Incitando al golpismo




Existen en el panorama televisivo español una serie de cadenas, que funcionan bajo las directrices de la Iglesia y de otros organismos cercanos a la derecha más recalcitrante y que cada día organizan una serie de debates, en la hora de máxima audiencia, en los que suelen hacerse comentarios por parte de los tertulianos, claramente ofensivos para la audiencia y en muchos casos, cercanos a una ilegalidad, que es permitida e incluso aplaudida, por el gobierno del PP.
Hace unos días, el Canal 13 entrevistaba a un alto mando retirado del Ejército, en relación a la cuestión catalana y el Referéndum prometido por Artur Mas, en medio de una mesa compuesta por una serie de periodistas absolutamente afectos al gobierno actual, con la excepción de una señora que parecía ser de ideología progresista y un moderador absolutamente empeñado en conducir la conversación hacia derroteros manifiestamente violentos, llegando a incitar al entrevistado para que se pronunciara a favor de una intervención militar en Cataluña, de llegar a producirse el Referéndum, sin la autorización del Partido en el poder.
Ahondando en la “necesidad” de conservar la unidad de una España que parecía ser exclusivo patrimonio de sus correligionarios ideológicos, dicho moderador se mostraba entusiasmado con la idea de arengar a las tropas para que “pusieran en su sitio” a cualquiera que pudiera albergar alguna esperaza independentista, incluso pasando por encima del Parlamento, si la situación así lo pedía y siempre desde su opinión, “por el bien del país”.
Atónitos por lo que estábamos oyendo, los espectadores que en ese momento sintonizábamos esa cadena, en espera de una película de cierta calidad que se emitía después del debate, empezamos a prestar atención a lo que allí se decía, sin poder creer que una llamada a un alzamiento militar se estuviera produciendo, en directo, delante de nuestros ojos y que nadie hiciera inmediatamente, nada por evitarlo.
La situación llegó a tomar unos derroteros que obligaron, literalmente, a abandonar la mesa y la discusión a la única periodista defensora de la constitucionalidad, que huyó escandalizada por el contenido de la conversación, en franca desventaja numérica, e increpada por sus compañeros de tertulia.
Sin que se hayan tomado medidas contra este tipo de emisiones y sin que tan siquiera uno solo de los diarios nacionales haya hecho mención a este hecho, los españoles empezamos a preguntarnos si es que es fácil transgredir la legalidad, cuando se milita en las filas de cualquier partido conservador, incluso cuando se incita a un levantamiento de las fuerzas armadas, que podría afectar la paz de toda una nación, saltando por encima de un Parlamento, que es el único que podría decidir dar un paso de tal envergadura y sólo en casos excepcionales, que nada tendrían que ver, desde luego, con las ínfulas independentistas de Mas, que han quedado después de las elecciones en Cataluña, claramente desterradas por la ciudadanía.
La gravedad de lo sucedido en esa mesa, requiere sin embargo, algún tipo de sanción por parte de las autoridades correspondientes, ya que no se pueden ni se deben tolerar opiniones que ningunean el sistema democrático, quizá en recuerdo de etapas políticas anteriores y mucho menos, si vienen capitaneadas desde la Iglesia Católica, cuya función no es, precisamente, mezclarse en los asuntos del Estado ni protagonizar injerencias políticas, soliviantando a los ejércitos para que abandonen los cuarteles, con fines golpistas.
Estos santones patrioteros, que pretenden dar lecciones de rectitud a todo aquel que no comparte su catecismo religioso o ideológico, debieran saber que con este tipo de actos incurren, exactamente, en los mismos delitos que achacan a los abertzales vascos cuando hacen apología del terrorismo y con el mismo rasero habrían de ser medidos, si es que es cierta la igualdad de todos los españoles, ante la justicia.
Evidentemente, si este programa hubiera sido emitido por algún canal sospechosos de ser cercano a las corrientes de izquierda, las reacciones no se hubieran hecho esperar y es posible, hasta que la cadena en cuestión hubiera sido de inmediato clausurada, por orden gubernativa.
Pero la connivencia entre el Partido Popular y la Iglesia otorga privilegios que a otros ciudadanos nos son negados sistemáticamente y como ven, no pasa nada, se diga lo que se diga, si el clero sustenta a quien emite este tipo de programas catastrofistas. Topar con la Iglesia, no sería del agrado de Rajoy.



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