jueves, 27 de diciembre de 2012

El aplauso del reino animal



Si los animales tuvieran memoria, cosa que en ciertos casos parece más evidente que en el de algunos humanos, este año 2012 sería recordado por ellos como uno de los más placenteros de toda su historia y si entendieran de política, lo cuál es hasta fácil de creer, en vista de las actitudes que exhiben algunos de nuestros representantes, Mariano Rajoy sería propuesto para su Premio Nóbel de la Paz y santificado en sus altares, al haber conseguido con sus medidas económicas el mayor descenso de muertes registrado en más de cincuenta Navidades, sólo comparable estadísticamente con los que se dieron en el tiempo de la posguerra.
Miles de cerdos, pavos, corderos, besugos y otras especies de mariscos que tradicionalmente adornaron las mesas de los españoles en Nochebuena, han conseguido un indulto colectivo debido a la escasez monetaria que ha traído a la ciudadanía el macro recorte practicado por nuestro ilustre Presidente y aplauden cada cuál con las extremidades que tiene, la subida del IVA y el IRPF, el robo de la paga extra de los funcionarios, la congelación de las pensiones, La Reforma Laboral que ha puesto en la calle a cientos de miles de trabajadores y hasta el pago del rescate a la Banca, ya que han conseguido una vertiginosa bajada en el consumo, que les ha prorrogado al menos un año la vida, librándoles del mal trago de abandonar este mundo en plena juventud, como era hasta ahora lo habitual, a estas alturas del año.
En las dehesas, las granjas, los mares y las piscifactorías, en las que habitualmente se vivían jornadas luctuosas que se saldaban con incontables bajas y el alivio de los supervivientes, ha debido armarse un jolgorio de dimensiones astronómicas, cuando por fin se ha podido disfrutar de un Diciembre sin miedo y con la certeza de poder ver la llegada de un nuevo año en el que seguir engordando a placer, sin la angustia terrible del holocausto colectivo que los hombres acostumbrábamos a realizar, con la única intención de satisfacer nuestra gula y sin pensar en ningún momento, en la desolación familiar que provocábamos entre el animalario que preferimos degustar en los menús típicos de estas fiestas.
Así que nuestra recién estrenada pobreza, va en relación inversamente proporcional con la alegría que reina en estos mismos momentos entre los animales y nuestra fobia al PP, debe chocar frontalmente con el aplauso de estos que han conseguido salvar el pellejo y a los que les importa un carajo toda la indignación que nos mueve, al habernos ganado la batalla, aunque sólo sea una sola vez, en toda su fatídica historia.
De manera que cuando Rajoy pierda las elecciones, habiendo logrado con su ineptitud la reprobación clamorosa de toda la ciudadanía, aún le quedará el recurso de empezar a dar mítines por el ámbito del reino animal, en el que seguro conseguirá toda una suerte de elogios y un caluroso y unánime aplauso, aunque para ingresar en su Parlamento haya de reubicarse en medio de una pocilga, pero eso sí, sin protestas que inquieten su pasmosa tranquilidad inquebrantable.







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