Con la nariz pegada al cristal, veo caer una impresionante tromba de agua que anula la idea inicial de salir, ante la imposibilidad física de no acabar calada hasta los huesos, en esta húmeda entrada de invierno que ya preludia la Navidad.
El pensamiento se traslada automáticamente a poblaciones como Écija, que han resultado ya anegadas en días anteriores y a las familias que se han visto, de repente, en la calle, a consecuencia del temporal, sin que nadie asuma su responsabilidad en estos hechos, como si los permisos municipales para construir en zonas inundables correspondieran por sorteo, o los diques de contención de aguas, fueran competencia de las familias y no de los Ayuntamientos o del Estado, según lo establezcan las leyes.
Claro que con esto de la crisis, las arcas municipales andan llenas de telarañas, tampoco se sabe a ciencia cierta a causa de qué antiguos dispendios, y las obras fundamentales se encuentran retrasadas mientras los fondos cedidos para tal fin, suelen ser reiterativamente empleados en levantar y cubrir zonas determinadas de los pueblos, cuando no es en viajes o comidas de los señores ediles, muy necesarias para estudiar ,in situ, qué cosas conviene afrontar y cuáles no, para no perder ripio en los próximos comicios municipales.
Que la vecindad adolezca de seguridad ante los desastres naturales carece de importancia, si entre los afectados no se encuentra ningún cargo del consistorio, porque, a fin de cuentas, lo normal es que estas historias siempre ocurran a los más desfavorecidos y son precisamente estos, los que generan menos impuestos, en relación con otros de mayor poder adquisitivo.
Mientras tanto, algún descerebrado sin mucha idea de arte, ha robado y vendido una escultura de Chillida, al peso, a un chatarrero que tampoco debía ser un pozo de conocimientos, por la ridícula cantidad de treinta euros, sin que ni uno ni otro dieran importancia al hecho de almacenar la obra entre los hierros retorcidos que se agrupaban a la intemperie de algún solar desvencijado y mugriento. No se sabe qué habrán hecho con el resto de lo robado, pinturas de varios autores de renombre mundial, pero, a lo peor, aparecen cualquier día decorando las paredes de algún Club de carretera, que haya tenido la deferencia de adquirir el lote completo a precio de saldo.
Si no amaina pronto el temporal, el meteorológico, aunque también el político, puede que no nos quede otro recurso que poner la imaginación a funcionar, en la reclusión forzosa de nuestros respectivos aposentos. Y puede que eso no convenga demasiado a los mandatarios que gobiernan nuestra gris existencia, no vaya a ser que se nos ocurra una idea luminosa, de las que cambian el curso del mundo y los mandemos a hacer puñetas, acompañados de toda su cohorte de babosos intrigantes, retomando el digno lugar que nos corresponde en este loco devenir de altibajos anímicos. Así que a ver si hacen algo porque empiece a lucir el sol y podamos, al menos, pasear por nuestras calles y plazas en las próximas vacaciones, que, además, es gratis.
El pensamiento se traslada automáticamente a poblaciones como Écija, que han resultado ya anegadas en días anteriores y a las familias que se han visto, de repente, en la calle, a consecuencia del temporal, sin que nadie asuma su responsabilidad en estos hechos, como si los permisos municipales para construir en zonas inundables correspondieran por sorteo, o los diques de contención de aguas, fueran competencia de las familias y no de los Ayuntamientos o del Estado, según lo establezcan las leyes.
Claro que con esto de la crisis, las arcas municipales andan llenas de telarañas, tampoco se sabe a ciencia cierta a causa de qué antiguos dispendios, y las obras fundamentales se encuentran retrasadas mientras los fondos cedidos para tal fin, suelen ser reiterativamente empleados en levantar y cubrir zonas determinadas de los pueblos, cuando no es en viajes o comidas de los señores ediles, muy necesarias para estudiar ,in situ, qué cosas conviene afrontar y cuáles no, para no perder ripio en los próximos comicios municipales.
Que la vecindad adolezca de seguridad ante los desastres naturales carece de importancia, si entre los afectados no se encuentra ningún cargo del consistorio, porque, a fin de cuentas, lo normal es que estas historias siempre ocurran a los más desfavorecidos y son precisamente estos, los que generan menos impuestos, en relación con otros de mayor poder adquisitivo.
Mientras tanto, algún descerebrado sin mucha idea de arte, ha robado y vendido una escultura de Chillida, al peso, a un chatarrero que tampoco debía ser un pozo de conocimientos, por la ridícula cantidad de treinta euros, sin que ni uno ni otro dieran importancia al hecho de almacenar la obra entre los hierros retorcidos que se agrupaban a la intemperie de algún solar desvencijado y mugriento. No se sabe qué habrán hecho con el resto de lo robado, pinturas de varios autores de renombre mundial, pero, a lo peor, aparecen cualquier día decorando las paredes de algún Club de carretera, que haya tenido la deferencia de adquirir el lote completo a precio de saldo.
Si no amaina pronto el temporal, el meteorológico, aunque también el político, puede que no nos quede otro recurso que poner la imaginación a funcionar, en la reclusión forzosa de nuestros respectivos aposentos. Y puede que eso no convenga demasiado a los mandatarios que gobiernan nuestra gris existencia, no vaya a ser que se nos ocurra una idea luminosa, de las que cambian el curso del mundo y los mandemos a hacer puñetas, acompañados de toda su cohorte de babosos intrigantes, retomando el digno lugar que nos corresponde en este loco devenir de altibajos anímicos. Así que a ver si hacen algo porque empiece a lucir el sol y podamos, al menos, pasear por nuestras calles y plazas en las próximas vacaciones, que, además, es gratis.

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