CNN + abandona su emisión televisiva, por falta de audiencia, tras una interesante andadura en la que ha procurado, con seriedad, reflejar lo acaecido en una sociedad circundante, a la que, al final, parecen interesarle mucho mas otros temas de corte hortera, que lo que pudiera ofrecer esta cadena, nacida para cubrir, durante veinticuatro horas, un espacio exclusivamente de noticias.
Se quedan los espectadores de izquierdas, sin un referente al que acudir, ciertamente bastante partidista, en el que poder contemplar a sus ídolos periodísticos, enfrentarse de manera permanente con los profesionales procedentes de las ideologías conservadoras, en una defensa a ultranza de las posturas de los gobiernos supuestamente progresistas, y liderados por la indiscutible personalidad de Iñaki Gabilondo.
Nadie resta valor al maestro, ni quita mérito a la necesidad de tener un platillo en la balanza donde sopesar las opiniones de los llamados diarios liberales, frente a canales carpetovetónicos como VEO o Intereconomía, pero ,últimamente, la excesiva alabanza de unas decisiones gubernativas, claramente deleznables para los intereses de las clases trabajadoras, han terminado por cabrear al personal que acostumbraba a visitar a este medio, llevándolo sin duda, a la situación que ha determinado su cierre.
Pero ocurre, que literalmente, se echa de menos un periodismo independiente, sin cortapisas ni censuras partidistas, donde se relate la verdad, en toda la extensión de la palabra, porque las filiaciones políticas, con o sin carnét, se ven irremisiblemente sometidas a cuestiones disciplinares nada convenientes, cuando de información se trata y, casi siempre, se acaba cometiendo el gravísimo error de fanatizar las opiniones, sin el menor reconocimiento a ningún mérito del contrario, mientras se edulcoran los dardos envenenados de los propios, demostrando una ceguera profesional que anula toda posibilidad de ser libre.
Es mala la esclavitud, de la clase que sea, y mucho más la que te hace depender de tus propias palabras, porque es difícil después desdecirte de lo que quedó grabado o impreso y los demás, al tener memoria, se convierten en un recordatorio permanente de tus frases que, a veces, te acompañan durante toda la vida como si hubieran sido las únicas que pronunciaste a lo largo de los años.
No se puede negar, que nos quedamos un poco huérfanos de información con este cierre de la ira, pero si la lección es aprendida con inteligencia, tal vez, los errores no vuelvan a repetirse. Ahora, nos queda esperar que llegue a nosotros algo mas que las salidas de los famosos al supermercado y los elogios pintiparados que sus cadenas afines, por supuesto, seguirán dedicando al insulso Mariano Rajoy y su séquito, hasta su probable llegada al poder.
Se quedan los espectadores de izquierdas, sin un referente al que acudir, ciertamente bastante partidista, en el que poder contemplar a sus ídolos periodísticos, enfrentarse de manera permanente con los profesionales procedentes de las ideologías conservadoras, en una defensa a ultranza de las posturas de los gobiernos supuestamente progresistas, y liderados por la indiscutible personalidad de Iñaki Gabilondo.
Nadie resta valor al maestro, ni quita mérito a la necesidad de tener un platillo en la balanza donde sopesar las opiniones de los llamados diarios liberales, frente a canales carpetovetónicos como VEO o Intereconomía, pero ,últimamente, la excesiva alabanza de unas decisiones gubernativas, claramente deleznables para los intereses de las clases trabajadoras, han terminado por cabrear al personal que acostumbraba a visitar a este medio, llevándolo sin duda, a la situación que ha determinado su cierre.
Pero ocurre, que literalmente, se echa de menos un periodismo independiente, sin cortapisas ni censuras partidistas, donde se relate la verdad, en toda la extensión de la palabra, porque las filiaciones políticas, con o sin carnét, se ven irremisiblemente sometidas a cuestiones disciplinares nada convenientes, cuando de información se trata y, casi siempre, se acaba cometiendo el gravísimo error de fanatizar las opiniones, sin el menor reconocimiento a ningún mérito del contrario, mientras se edulcoran los dardos envenenados de los propios, demostrando una ceguera profesional que anula toda posibilidad de ser libre.
Es mala la esclavitud, de la clase que sea, y mucho más la que te hace depender de tus propias palabras, porque es difícil después desdecirte de lo que quedó grabado o impreso y los demás, al tener memoria, se convierten en un recordatorio permanente de tus frases que, a veces, te acompañan durante toda la vida como si hubieran sido las únicas que pronunciaste a lo largo de los años.
No se puede negar, que nos quedamos un poco huérfanos de información con este cierre de la ira, pero si la lección es aprendida con inteligencia, tal vez, los errores no vuelvan a repetirse. Ahora, nos queda esperar que llegue a nosotros algo mas que las salidas de los famosos al supermercado y los elogios pintiparados que sus cadenas afines, por supuesto, seguirán dedicando al insulso Mariano Rajoy y su séquito, hasta su probable llegada al poder.

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