miércoles, 22 de diciembre de 2010

Apoyar alas minorías




He de confesar, que me irrita sobremanera leer en la prensa los resultados de las encuestas, sobre la intención de voto de los españoles, que parecen haber asumido sin rechistar que en este país, sólo existen dos partidos políticos y que cuando uno falla en las expectativas que de el se esperaban, la solución a todos los males pasa, necesariamente, por votar al otro.
Es como si una niebla espesa ocultara de forma permanente el amplio arco político que poseemos y, de no ser por vascos y catalanes, con sus partidos nacionalistas, de ser preguntados, daríamos por inexistentes a las formaciones minoritarias, a las que nunca damos oportunidad por culpa del maldito voto útil.
Pero hay algo que siempre escapó a mis cortas entendederas y es el hecho de cómo un votante de izquierdas, que se supone que al acudir a las urnas, lo hace movido por una determinada ideología, puede, en los siguientes comicios, dar un giro de ciento ochenta grados a sus creencias y otorgar su confianza a una formación de derechas, sin conflicto alguno entre sus hechos y su filosofía de vida.
Curiosamente, jamás se da el caso contrario, y los votantes conservadores, llueva o ventee, permanecen inamovibles en su posición, por muy mal que hayan ido las cosas e independientemente del candidato que les represente, pues llevan escrito a sangre y fuego su sentido del patriotismo y su supuesta españolidad, que jamás les permitiría hacer concesiones a cualquier pensamiento que les apartara de su marcado camino.
A unos y a otros, quisiera recordar que hay un amplio abanico ideológico, que apenas se escucha en el parlamento, ni en los medios de comunicación, dada su escasa representación real, que tal vez merecerían un poco de confianza en sus perspectivas de hacerse con el poder, aunque sólo fuera por comprobar qué tal se vive bajo el mandato de otros, que no fueran los ya manidos rostros socialistas y populares, con sus terriblemente desgastados discursos de populismo barato y demagogia sin límites.
Al menos, mereceríamos los ciudadanos la oportunidad de escuchar a los grupos minoritarios e incluso, acaso, podríamos otorgarles un poco de nuestra confianza para bajar de sus pedestales a todos estos que se creen en posesión de la verdad y el poder, de forma permanente.
Sería un gustazo acabar con un sistema rotatorio, en ambos casos de muy mal recuerdo, y abrir ventanas para que entre aire fresco y renovado en nuestras vidas, sin tener que soportar, de nuevo, las mentiras permanentes, los reiterados insultos mutuos y la gran estafa de quienes tan crecidos se hallan, en su cómoda posición que les permite llegar una y otra vez arriba, sin haber hecho nada por merecerlo.
Esto se llama dar un vuelco. Y casi siempre, un revulsivo que agite las serenas aguas del pancismo, obligando a dar un paso atrás a los que, continuamente, pecan de orgullo y altanería, viene estupendamente para dejar claro que nadie ocupa cargos vitalicios en una democracia y que quien los ocupa, debe ganarlos día a día, por supuesto respetando la opinión popular, que no es otra cosa, que la encargada de dar un sitio en el hemiciclo, sólo a quien de verdad sea digno de ello.



No hay comentarios:

Publicar un comentario