viernes, 3 de diciembre de 2010

Emergencia nacional

El caos provocado por los controladores aéreos, en un alarde de prepotencia, provocado por las medidas adoptadas en el último Consejo de Ministros, coloca al país en una situación de emergencia, con los aeropuertos cerrados y miles de viajeros, aquí y en todo el mundo, sin saber qué será de su destino, al menos en los próximos días.
La tolerancia continuada con este colectivo de trabajadores, cuyos sueldos podrían equipararse a los de cualquier magnate capitalista, trae ahora estos lodos, que bien pudieran ser la puntilla que acabe de apear del poder al .muy maltrecho presidente Zapatero.
Coincidiendo además con el puente de la Constitución, casi todos nos vemos afectados por esta huelga encubierta, claramente secundada por los médicos que firman sin pudor, las falsas bajas que, alegando estrés, solicitan todos y cada uno de los que abandonan su puesto, en un claro ejemplo de insolidaridad con los que, ya desde el principio, somos los que, en el fondo, estamos sufriendo en carne propia los efectos de la crisis.
Se impone, ante todo, contundencia, y ya que el gobierno ha dado todas las facilidades a los empresarios, para que el despido sea libre, puede que la medida más efectiva en este caso, sea la de poner de patitas en la calle, a todos y cada uno de estos elementos, seguros de que no quedarán, ninguno de ellos, en una situación económica difícil, ni se verán en la necesidad de acudir a subsidio alguno para tener que alimentar a sus opulentas familias.
El jarabe de palo, aplicado en ciertas ocasiones como esta, surte mágicos efectos en aquellos presuntuosos que, sistemáticamente, se niegan a reconocer la imposibilidad de mantener unos privilegios que vienen disfrutando, a fuerza de presión, y que les coloca a años luz de la masa mileurista que puebla ahora nuestro territorio.
Si hay que militarizar los aeropuertos, para eso está el ejército y si hay que formar con urgencia a nuevos controladores, una larga lista de cinco millones de desempleados, espera una oportunidad, que muy bien pudiera ser esta.
Sería de comprender, que el gabinete de crisis convocado por el gobierno entendiera, que no se puede seguir tolerando el continuo chantaje que este colectivo acostumbra a poner en práctica cada vez que se intuye un aumento de viajeros más alto de lo normal y que, hasta ahora, ha causado siempre un efecto positivo en sus absurdas reivindicaciones.
Probar un poco de la intranquilidad que sacude a la mayoría de las familias españolas, tal vez consiguiera bajarles de un pedestal de soberbia, al que nunca se debió permitir que subieran, por mucha importancia que tenga su labor para la seguridad de las personas.
Y de paso, si el colectivo médico persiste en la actitud de continuar regalando bajas a quienes no padecen enfermedad alguna, se impone también una investigación en profundidad de su profesionalidad, e incluso sanciones si , como es evidente, se extralimitan en el cumplimiento de sus funciones.
En espera de una solución rápida del conflicto, mi angustia aún se agrava, porque aún no sé si mis hijos habrán o no de permanecer en el aeropuerto de El Cairo, si el espacio aéreo español continúa cerrado en las próximas horas.
Estaremos en contacto.

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