domingo, 1 de julio de 2018

Crónica de Domingo



En este fin de semana de trasiego, en el que miles de ciudadanos y ciudadanas dan inicio a sus vacaciones y otros, aún tendremos que esperar  al mes que viene, para poder  correr a nuestros respectivos destinos, los paisajes urbanos adquieren una cierta  serenidad y como el tiempo ha decidido este año concedernos temperaturas agradables y hasta espectaculares tormentas  que grabar, que luego dan lugar a conversaciones meramente superficiales, la política, parece haber quedado aparcada para mejor ocasión y en las calles no se habla de otra cosa que de futbol, vacaciones y el clima.
A pesar de ello, hay un guirigay montado en todo lo concerniente a los asuntos públicos, que darían para escribir varios libros, todos ellos interesantes y hasta truculentos, porque entre las primarias del PP, que ya han empezado a convertirse en una guerra abierta entre candidatos que no desaprovechan un segundo para demostrar ante el público, cualquiera de las habilidades que poseen, como bailar, cantar o repetir besazos a diestro y siniestro, entre mayores, jóvenes y niños, como si el mundo se fuera a terminar mañana y las garatas que  tiene montadas el nuevo Gobierno, con los migrantes, los presupuestos, la Ley de Memoria histórica, la exhumación de los restos de Franco del Valle de los caídos o el nombramiento del nuevo Director de Radiotelevisión española, que se está convirtiendo en un calvario, por el rechazo a determinados profesionales, manifestados por unos y otros, una no sabe dónde mirar y prefiere, al menos hoy, dejarse llevar por la desidia de este espléndido Domingo y hasta por la envidia insana que produce dejar marchar a determinados amigos, con sus maletas y sus ilusiones, mientras no queda más remedio que conformarse con seguir la rutina establecida, hasta que nos toque a nosotros hacer lo mismo.
Habrá que ver, por narices, el partido que juega España, si no se quiere provocar un altercado familiar de incalculables consecuencias, aunque la hora de emisión, ofrece la excusa perfecta para echar una siestecita, sin levantar demasiadas sospechas, ya que se da la circunstancia de que a la que subscribe, no sólo no suele interesarle el negocio del balompié, sino que además, lo que ha visto del juego de la selección, le ha parecido, sinceramente, malo y aburrido.
Lo malo que tienen los mundiales, es que se convierten para mucha gente en una cuestión de emocionado patriotismo que no admite discusión y por cojones, perdonen la expresión, hay que gritar a los cuatro vientos que tenemos el mejor equipo del mundo, aunque los resultados obtenidos al menos hasta ahora, vayan en otra dirección y a una le parezca que se está pecando mortalmente, como siempre nos pasa, de un incomprensible triunfalismo.
Aun  así, resulta difícil mantenerse al margen de esta vorágine arrolladora de banderas, bufandas en pleno mes de Julio, tracas de  cohetes y atracones de golosinas delante de las pantallas de televisión, mientras los monosílabos resuenan como un estruendo, en todas y cada una de las casas y a veces, no le dejan a una otro remedio que buscar unos cuantos minutos de tranquilidad en la soledad del cuarto de baño, que es el único sitio al que no se suele ir acompañado y al que se puede llevar, por ejemplo, un libro, con el  que desligarse del panorama futbolero que ha invadido, como un huracán, la paz de todos nuestros hogares.
De manera que esta tarde en concreto promete ser ciertamente movida, ocurra lo que ocurra con esta selección nuestra, por lo que habrá que estar preparada para hacer de comentarista deportivo y solidarizarse con la alegría, si les ganamos a los rusos o con la tristeza inconsolable de tener que volver a casa, con el rabo entre piernas, si se diera la circunstancia de que perdiéramos la eliminatoria.
Sólo unas horas de sosiego nos separan del acontecimiento y una las aprovecha, primero, para escribir esta crónica dominguera que sería imposible elaborar, a partir de las cuatro de la tarde por razones más que evidentes y después, para informarse de lo que ocurre a nuestro alrededor, cuando llegue la hora de comer, pues debe haber vida además del mundial y habrá que ir recogiendo datos para la elaboración de futuros y más serios artículos.
Instalada en la resignación, sólo puedo ya desearles a los que se marchan de vacaciones que las disfruten con plenitud, desconectando de la azarosidad de la vida que llevamos durante todo el año, en nuestros respectivos lugares de residencia y que procuren olvidar, a la mayor brevedad posible, todos los sinsabores sufridos, a lo largo del año pasado, aunque les recomiendo que lo hagan, después de haber llenado el depósito de combustible, pues los precios que van a encontrar en las  gasolineras les van a provocar un sofocón, del que seguramente se repondrán, en cuanto inicien camino.
Por favor, sean felices, sin reservas.

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