La
epidemia de corrupción que viene afectando a este país durante los últimos años
y que han propagado cientos de personalidades políticas de todo rango y
condición, sirviéndose del dinero público para su disfrute personal y evadiendo
a paraísos fiscales, a través de curiosos testaferros, la totalidad del montante
de sus inmensas fortunas, ha traspasado todos los límites éticos y morales que se podían imaginar, convirtiéndose
en una reacción en cadena a la que se han ido sumando a diario más personajes
relevantes, que en algunos casos han sido juzgados por la justicia, pero que en
otros, permanecen en una especie de limbo, en el que parecen encontrar un
reducto de seguridad que les garantiza,
no sólo continuar disfrutando de los privilegios de una buena vida, sino
también, la certeza de que aunque fueran detenidos, nadie podría obligarles
nunca a tener que devolver la totalidad de los bienes sustraídos y evadidos, a
lo largo del tiempo.
Por
muy alto que apuntemos en la escala social, nadie parece estar exento de caer
en la tentación de llevar a cabo estas malas prácticas que nos perjudican a todos
y ayer, OK Diario, publicaba unas grabaciones obtenidas en una reunión
mantenida entre la que fuera calificada como “amiga especial” del Rey emérito, Corina,
Villarejo y el que fuera Presidente de Telefónica, Villalonga, en las que se habla abiertamente de que Juan
Carlos poseía cuentas en paraísos fiscales, propiedades que había conseguido
poner a nombre de la propia interlocutora, incluso sin su consentimiento e
incluso del cobro de comisiones por pate del antiguo monarca en las obras de
los trenes de La Meca,en las que estaba
implicado también Villar Mir, que se encuentra imputado por la justicia.
Cuenta además la ilustre amante que Juan Carlos era la cabeza pensante del Caso
Noos, en el que Urdangarín jamás se hubiera atrevido a dar un solo paso sin
haber consultado antes al entonces Rey y que al verse de pronto salpicada por
tal asunto y haberle increpado directamente sobre lo que le estaba ocurriendo,
el Rey respondió literalmente con la frase “ la sangre pesa”, insinuando que
efectivamente prefería verla imputada a ella, que a su propia hija y a su
yerno.
No
olvidemos que cuando sucedieron estas cosas el monarca gozaba de una total
inviolabilidad y que por el cargo que ocupaba, no podía ser llamado ni imputado
por la justicia, aunque el Juez Castro, que ya insinuó en su momento que para
él quedaba clara su implicación, no tuvo a mano los medios que hubiera necesitado
para intentar, al menos, hacer justicia.
Nos
preguntamos con cierta curiosidad qué habrá pensado el Fiscal Horrach, cuando
haya escuchado estas grabaciones y si será capaz de seguir manteniendo el
argumento de la inocencia de la infanta Cristina, que le situó en el plano de
una especie de abogado defensor y que le costó la enemistad con el juez instructor
para siempre, ahora que se aportan estas pruebas que ya están siendo
investigadas, para comprobar su autenticidad y en las que se deja meridianamente
clara, no sólo la participación de la Infanta, sino también la de su padre,
según cuenta en primera persona quién es esos momentos mantenía una relación
íntima con el emérito.
Llegados
a este punto y habiendo comprobado que durante todo el día de ayer, la casa
real ha estado manteniendo un profundo y sospechoso silencio, no cabe, sino
plantearse si estos hechos van a ser o no investigados por la fiscalía anticorrupción
o si el que fuera durante casi cuarenta años Rey de todos los españoles,
continúa, aun estando ya retirado, disfrutando del privilegio de poder actuar
impunemente contra las leyes, incluso cuando sus acciones atentan directamente contra
todos los ciudadanos.
Sumergidos
en una burbuja inviolable que les salvaguarda indefectiblemente de todo aquello
que pudiera perjudicarles de algún modo, los miembros de la realeza gozan
incomprensiblemente del privilegio de ser intocables, cuestión que establece un
terrible agravio comparativo con el resto de una Sociedad, a la que se le
impone la obligación de aceptar como sistema de Estado a una Monarquía, que por
las acciones llevadas a cabo por algunos de sus miembros, no merece siquiera,
el más mínimo de los respetos.
La
Ley, que ha de ser necesariamente igual para todos y que debe actuar de manera
implacable en todos los casos, ciega ante el peso de los apellidos, los cargos
y los rangos, no puede y no debe dejar pasar la ocasión de demostrar que su
funcionamiento es impecable y tiene la obligación de investigar la certeza o no
de las durísimas afirmaciones que se vierten, contra Juan Carlos, en las grabaciones que estamos oyendo y actuar en
consecuencia, aunque el implicado se llame Borbón y haya ocupado el trono del
país, durante un largo periodo de tiempo.
Dejar
pasar esta ocasión, sería como admitir ante los ciudadanos que hay una justicia
distinta, según el caso que se dirima y también que para ciertas personas, es
posible moverse en total impunidad, sea cual fuere la naturaleza de los delitos
que cometan y aunque con ellos estén perpetrando una traición flagrante, a los
principios que juraron cuando accedieron al cargo que ocuparon, ante todos los
españoles.
A
estas horas, en las que también nos enteramos de que Alemania concede la
extradición de Puigdemont a España, por un delito de malversación, la noticia
está sin embargo, en las oscuras andanzas del que fuera nuestro antiguo Rey y
en conocer, en profundidad, hasta dónde habría podido llegar esta nueva trama
de corrupción que hoy se descubre, cómo no, a través de la prensa, porque si
los delitos de que se habla en estas cintas pueden probarse, quizá habría
llegado el momento de preguntar a los ciudadanos, en Referendum, si la
Monarquía debiera ser sustituida por una República.

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