miércoles, 11 de julio de 2018

Suspensión cautelar




Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez trata desesperadamente de acercar posturas con el separatismo catalán, la vía judicial, abierta por Mariano Rajoy anteriormente, sigue su curso y el Juez Llarena  suspende cautelarmente de sus funciones como diputados a los políticos encausados por los acontecimientos del 1 de Octubre, incluido Puigdemont, tensando una cuerda que en cualquier momento podría volver a romperse, si el Parlament decide desobedecer la orden y mantener a los mencionados en sus puestos.
Envuelto todo en un halo de imprevisibilidad que hace prácticamente imposible predecir cuáles serán las reacciones de las partes en litigio en este conflicto, la incertidumbre que plantea esta suspensión pone en peligro la buena sintonía con que parecían haberse iniciado los contactos para las futuras negociaciones, volviendo a un punto de partida que podría incitar a los nacionalistas a dar un paso atrás, al considerar dicha decisión como un ataque directo a sus líderes, aunque las decisiones judiciales deben ser consideradas como independientes de las acciones políticas.
Con las manos atadas por la disposición judicial, el Gobierno se encuentra ahora en un punto de extrema dificultad para poder establecer sus cánones de actuación en una negociación que en principio, ya estaba planteada, pues va a encontrar enfrente la animadversión de los independentistas por esta resolución, que aunque no le compete en absoluto, embarra momentáneamente el terreno, constituyendo en sí misma, un escollo casi insalvable.
Mucho van a tener que pensar los componentes de la mesa de negociaciones del PSOE, para lidiar con este problema añadido, si el  Parlament decide no acatar las suspensiones planteadas por la justicia, sobre todo, porque de hacerlo así, estaría nuevamente desobedeciendo la Ley, lo que podría dar lugar a que el Ejecutivo español se viera forzado a utilizar de nuevo la vía judicial, teniendo que abandonar, al menos momentáneamente, su sueño de poder resolver el trance, por el camino del diálogo y la diplomacia, exclusivamente.
Del otro lado, esta suspensión vendrá seguramente a sumarse a la ya larga lista de oprobios que los independentistas exhiben como trofeos, allá por dónde van y propiciará que las críticas a la actuación del Estado español  se recrudezcan considerablemente, al esgrimir que las suspensiones representan, en realidad, una manera encubierta de descabezar el movimiento nacionalista y un modo directo de atacar sus aspiraciones de independencia, a las que por la libertad de pensamiento y expresión, en principio, tienen derecho.
Con Pablo Iglesias ocupado por asuntos meramente familiares, las posibilidades de mediación que estaban en manos de Podemos, quedan debilitadas considerablemente y en este momento, sólo cabe esperar que algún milagro, de esos que suceden en raras ocasiones en el mundo de la política, salve la situación o bien que los nacionalistas consideren que es mejor de cara al futuro, obedecer a LLarena y sustituyan a los suspendidos, por otros nombres que cumplan con sus expectativas igualmente, en el seno de su Parlamento.
No obstante y tras lo que hemos vivido,  no parece que Puigdemont esté dispuesto a ser reemplazado por alguien que en gran medida, robaría una  parte considerable  de su protagonismo y por ello, suponemos que su primera intención será la de plantar batalla desde su retiro berlinés, en el que está asentado como un bastión inamovible del separatismo, pero desde el que se ven y viven  las cosas, claramente, de otra manera.
Otra posibilidad  sería, que PdeCat y Esquerra no coincidieran en absoluto en cómo debe `plantearse esta circunstancia y que su alejamiento real, que ya se ha iniciado hace tiempo, aunque nadie se atreva a confesarlo abiertamente, se haga efectivo, provocando una fisura en la pretendida unidad del movimiento al que hasta ahora han representado, a pesar de sus diferencias ideológicas, como si formaran parte de un todo indivisible.
Pero todo esto son apreciaciones hechas a vote pronto, a sólo unos minutos de haber conocido la resolución de LLarena y sería una osadía aventurar lo que puede ocurrir, incluso en las próximas horas y lo cabal, sería desear que la prudencia se imponga a la visceralidad que en sí misma, produce esta noticia, esta mañana.
La Ley, que resulta ser un instrumento absolutamente necesario para arbitrar la convivencia pacífica entre los ciudadanos, puede a veces, complicar las cosas de manera superlativa, variando con ello el curso de unos acontecimientos que parecían haber empezado a mejorar   y que en un sólo segundo podrían volver atrás, llevándonos de nuevo al mismo sitio en el que nos encontrábamos, cuando Rajoy aún estaba en el Gobierno.

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