A
punto de cumplirse 80 años del final de la guerra civil y 43 de la muerte de Francisco Franco, que dirigió
con mano de hierro una dictadura militar en España durante cuatro décadas, aún
sigue flotando en el ambiente un clima que establece durísimas distinciones
entre vencedores y vencidos, sin que se haya podido lograr, por esa causa, una reconciliación
real que establezca, en su justa medida, una reparación efectiva de los daños
que se causaron a los que apoyaron legítimamente la causa republicana y a sus
allegados, que en algunos casos, continúan buscando desesperadamente los restos
de aquellos a los que quisieron, para devolverles la dignidad que les fue
arrebatada por la fuerza de las armas y que quedó sepultada , con ellos, en las
tapias de los cementerios, los campos o las cunetas.
A
pesar de que existe en nuestro país una Ley de Memoria Histórica, que en
principio fue recibida con alegría por las familias y que ha logrado resolver
con éxito muchos de estos casos que han robado la paz a mucha gente que durante
años tuvo que soportar el peso de su dolor en silencio, la retirada de fondos
protagonizada por el PP, durante su largo periodo de mandato, terminó por
paralizarlo todo devolviéndolo a la misma situación en que se encontraba
durante la dictadura y en los primeros tiempos de la transición, dejando en
total desamparo a los que no han tenido aún la suerte de reencontrarse con sus muertos
y poder ofrecerles una sepultura real,
en la que visitarlos para honrarles como merece cualquier persona, independientemente
de su condición o ideología.
Entre
tanto, se ha venido manteniendo y conservando, como una especie de santuario de
peregrinación, El mal llamado Valle de los caídos, que como todos sabemos, fue construido,
al finalizar la contienda, por presos políticos que trabajaron allí en
durísimas condiciones de represión y que en incontables ocasiones, quedaron
sepultados bajo los bloques de piedra, en el más absoluto anonimato, mientras
el dictador se vanagloriaba de estar levantando una construcción faraónica ,que
honraría para siempre la memoria de sus camaradas muertos.
Tras
su desaparición, sus restos fueron enterrados allí, junto a los de José Antonio
Primo de Rivera, con el que por cierto siempre tuvo graves desavenencias, mientras
estuvo vivo, lo que lo transformó, para los que fueron sus seguidores, en un
lugar de culto al que acudir cada 20 de Noviembre, para conmemorar, aún
vestidos con las camisas azules y rememorando el saludo romano del brazo en
alto, el aniversario de su fallecimiento.
Allí
han podido reunirse durante todos estos años los simpatizantes y militantes radicales
de los movimientos fascistas y allí han encontrado siempre el apoyo de una
parte de la Iglesia católica, que regentando el lugar , suponemos que por
expreso deseo del dictador, se ha prestado gustosamente y sin reservas a
celebrar misas y actos por la salvación de su alma, hechos insólitamente aberrantes,
si se tiene en cuenta que es el único conjunto monumental en el mundo, dedicado
a enaltecer la memoria del fascismo.
Ninguno
de los Gobiernos que habíamos tenido hasta ahora, se atrevió nunca a reconducir
esta suerte de despropósito inexplicable que ha perdurado en el tiempo, a causa
de la tácita tolerancia de unos políticos incapaces de hacer frente a un
problema que todos consideraban como peliagudo y no ha sido, hasta la llegada de
Podemos al Parlamento, que se han escuchado, por primera vez, alto y claro,
voces que desde los escaños reclamaban una solución urgente para este disparate casi oficial, exigiendo que los
restos del dictador tenían, obligatoriamente, que ser exhumados y la concepción
actual del lugar, inmediatamente abolida, por supuesto, tras haber recuperado e
identificado a todas aquellas víctimas que a día de hoy, permanecen enterradas
en el subsuelo del lugar, en cumplimiento estricto de una Ley, abiertamente
abortada por la derecha.
Así
que cuando Sánchez ha llegado el poder, con el inestimable apoyo, entre otros,
de los de Iglesias, este tema ha cobrado de pronto una rabiosa actualidad,
dándose ahora las circunstancias idóneas para ser abordado en profundidad e inmediatamente la maquinaria, parada durante
tantos años se ha puesto en movimiento, con el consecuente enfado de los
Partidos de derechas, que no entienden como una prioridad, algo que jamás debían
era haberse permitido, por una mera cuestión de justicia.
Dicen
que la familia del dictador, a la que el Gobierno ha brindado la oportunidad de
llevar a cabo la exhumación y posterior traslado de los restos, al lugar que
consideren oportuno, se ha negado en redondo a tal sugerencia, alegando, no se
pierdan la explicación, que temen que si el cadáver es reasentado en otra
ubicación, la tumba pueda ser profanada, olvidando que los cientos de miles de
víctimas que han permanecido diseminadas por toda la geografía del país y de
cuyas muertes fue responsable directo, en este caso, su abuelo, han permanecido
expuestas a cualquier tipo de vejación, en total desamparo y a la espera de se
diera la circunstancia de que alguien casualmente, las encontrara, para poder
ser, simplemente, enterradas con dignidad, en alguno de los múltiples
cementerios que existen en todas las ciudades y pueblos de nuestro territorio.
Esas
víctimas, que también tenían, cómo no, familiares que les lloraron y que en
infinidad de esos, murieron sin haber podido saber con seguridad en el lugar
que se encontraban sus muertos, deben, debemos ser, pues ya saben que tengo una
historia personal que me une íntimamente a esta parte de nuestra Historia, simplemente,
inferiores en nobleza y en sentimientos a estos nietos privilegiados a los que
nadie nunca se atrevió a cuestionar, por venir de dónde provenían o
simplemente, por una mera cuestión de miedo.
Resulta
sencillamente ofensivo, que mientras algunos hemos tenido que mendigar que se
nos devuelvan los restos de nuestros muertos, otros amenacen con acciones
legales al Gobierno de la nación, por el simple hecho de querer cumplir una
Ley, que no puede ni debe permitir en modo alguno que se continúe honrando la
memoria de quien fue el personaje más nefasto, de toda la Historia española.
Por
tanto, no cabe otra solución que exhumar, a la mayor brevedad posible, el
cadáver de Franco y lo que piense la familia ha de ser considerado por el Gobierno,
como meramente anecdótico, pues afortunadamente para los ciudadanos, el
protagonista de esta película de terror, desapareció de nuestras vidas, aunque siempre
marcará nuestros recuerdos.
He
de confesar que jamás he visitado El Valle de los caídos, pues siempre tuvo para mí y para los míos, unas
connotaciones insalvables de negatividad que removían los cimientos de nuestras
querencias, de manera brutal y violenta.
Siempre
creímos y así lo hablábamos en familia, que debió llamarse El Valle Tenebroso.
Puede que si finalmente la situación se reconduce y el lugar se convierte en un
memorial de todas y cada una de las víctimas que cayeron en nuestra Guerra civil, quizá decida a hacerlo, aunque tendré que hacer un
auténtico lavado de alma, para poder olvidar lo que ha sido y puede que no sea capaz de
superarlo. Prefiero no remover los malos pensamientos.

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