lunes, 2 de julio de 2018

El Valle Tenebroso




A punto de cumplirse 80 años del final de la guerra civil y 43  de la muerte de Francisco Franco, que dirigió con mano de hierro una dictadura militar en España durante cuatro décadas, aún sigue flotando en el ambiente un clima que establece durísimas distinciones entre vencedores y vencidos, sin que se haya podido lograr, por esa causa, una reconciliación real que establezca, en su justa medida, una reparación efectiva de los daños que se causaron a los que apoyaron legítimamente la causa republicana y a sus allegados, que en algunos casos, continúan buscando desesperadamente los restos de aquellos a los que quisieron, para devolverles la dignidad que les fue arrebatada por la fuerza de las armas y que quedó sepultada , con ellos, en las tapias de los cementerios, los campos o las cunetas.
A pesar de que existe en nuestro país una Ley de Memoria Histórica, que en principio fue recibida con alegría por las familias y que ha logrado resolver con éxito muchos de estos casos que han robado la paz a mucha gente que durante años tuvo que soportar el peso de su dolor en silencio, la retirada de fondos protagonizada por el PP, durante su largo periodo de mandato, terminó por paralizarlo todo devolviéndolo a la misma situación en que se encontraba durante la dictadura y en los primeros tiempos de la transición, dejando en total desamparo a los que no han tenido aún la suerte de reencontrarse con sus muertos  y poder ofrecerles una sepultura real, en la que visitarlos para honrarles como merece cualquier persona, independientemente de su condición o ideología.
Entre tanto, se ha venido manteniendo y conservando, como una especie de santuario de peregrinación, El mal llamado Valle de los caídos, que como todos sabemos, fue construido, al finalizar la contienda, por presos políticos que trabajaron allí en durísimas condiciones de represión y que en incontables ocasiones, quedaron sepultados bajo los bloques de piedra, en el más absoluto anonimato, mientras el dictador se vanagloriaba de estar levantando una construcción faraónica ,que honraría para siempre la memoria de sus camaradas  muertos.
Tras su desaparición, sus restos fueron enterrados allí, junto a los de José Antonio Primo de Rivera, con el que por cierto siempre tuvo graves desavenencias, mientras estuvo vivo, lo que lo transformó, para los que fueron sus seguidores, en un lugar de culto al que acudir cada 20 de Noviembre, para conmemorar, aún vestidos con las camisas azules y rememorando el saludo romano del brazo en alto, el aniversario de su fallecimiento.
Allí han podido reunirse durante todos estos años los simpatizantes y militantes radicales de los movimientos fascistas y allí han encontrado siempre el apoyo de una parte de la Iglesia católica, que regentando el lugar , suponemos que por expreso deseo del dictador, se ha prestado gustosamente y sin reservas a celebrar misas y actos por la salvación de su alma, hechos insólitamente aberrantes, si se tiene en cuenta que es el único conjunto monumental en el mundo, dedicado a enaltecer la memoria del fascismo.
Ninguno de los Gobiernos que habíamos tenido hasta ahora, se atrevió nunca a reconducir esta suerte de despropósito inexplicable que ha perdurado en el tiempo, a causa de la tácita tolerancia de unos políticos incapaces de hacer frente a un problema que todos consideraban como peliagudo y no ha sido, hasta la llegada de Podemos al Parlamento, que se han escuchado, por primera vez, alto y claro, voces que desde los escaños reclamaban una solución urgente para  este disparate casi oficial, exigiendo que los restos del dictador tenían, obligatoriamente, que ser exhumados y la concepción actual del lugar, inmediatamente abolida, por supuesto, tras haber recuperado e identificado a todas aquellas víctimas que a día de hoy, permanecen enterradas en el subsuelo del lugar, en cumplimiento estricto de una Ley, abiertamente abortada por la derecha.
Así que cuando Sánchez ha llegado el poder, con el inestimable apoyo, entre otros, de los de Iglesias, este tema ha cobrado de pronto una rabiosa actualidad, dándose ahora las circunstancias idóneas para ser abordado en profundidad  e inmediatamente la maquinaria, parada durante tantos años se ha puesto en movimiento, con el consecuente enfado de los Partidos de derechas, que no entienden como una prioridad, algo que jamás debían era haberse permitido, por una mera cuestión de justicia.
Dicen que la familia del dictador, a la que el Gobierno ha brindado la oportunidad de llevar a cabo la exhumación y posterior traslado de los restos, al lugar que consideren oportuno, se ha negado en redondo a tal sugerencia, alegando, no se pierdan la explicación, que temen que si el cadáver es reasentado en otra ubicación, la tumba pueda ser profanada, olvidando que los cientos de miles de víctimas que han permanecido diseminadas por toda la geografía del país y de cuyas muertes fue responsable directo, en este caso, su abuelo, han permanecido expuestas a cualquier tipo de vejación, en total desamparo y a la espera de se diera la circunstancia de que alguien casualmente, las encontrara, para poder ser, simplemente, enterradas con dignidad, en alguno de los múltiples cementerios que existen en todas las ciudades y pueblos de nuestro territorio.
Esas víctimas, que también tenían, cómo no, familiares que les lloraron y que en infinidad de esos, murieron sin haber podido saber con seguridad en el lugar que se encontraban sus muertos, deben, debemos ser, pues ya saben que tengo una historia personal que me une íntimamente a esta parte de nuestra Historia, simplemente, inferiores en nobleza y en sentimientos a estos nietos privilegiados a los que nadie nunca se atrevió a cuestionar, por venir de dónde provenían o simplemente, por una mera cuestión de miedo.
Resulta sencillamente ofensivo, que mientras algunos hemos tenido que mendigar que se nos devuelvan los restos de nuestros muertos, otros amenacen con acciones legales al Gobierno de la nación, por el simple hecho de querer cumplir una Ley, que no puede ni debe permitir en modo alguno que se continúe honrando la memoria de quien fue el personaje más nefasto, de toda la Historia española.
Por tanto, no cabe otra solución que exhumar, a la mayor brevedad posible, el cadáver de Franco y lo que piense la familia ha de ser considerado por el Gobierno, como meramente anecdótico, pues afortunadamente para los ciudadanos, el protagonista de esta película de terror, desapareció de nuestras vidas, aunque siempre marcará nuestros recuerdos.
He de confesar que jamás he visitado El Valle de los caídos, pues siempre  tuvo para mí y para los míos, unas connotaciones insalvables de negatividad que removían los cimientos de nuestras querencias, de manera brutal y violenta.
Siempre creímos y así lo hablábamos en familia, que debió llamarse El Valle Tenebroso. Puede que si finalmente la situación se reconduce y el lugar se convierte en un memorial de todas y cada una de las víctimas que  cayeron en nuestra Guerra civil, quizá  decida a hacerlo, aunque tendré que hacer un auténtico lavado de alma, para poder olvidar  lo que ha sido y puede que no sea capaz de superarlo. Prefiero no remover los malos pensamientos.

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