Hace
relativamente poco tiempo, cuando Pedro Sánchez era líder de la oposición y
presumía de encabezar las aspiraciones de una izquierda que apostaba por la transparencia frente a la corrupción,
exigiendo a Montoro, entonces Ministro de Hacienda con Mariano Rajoy que publicara
la lista de los nombres de los que se habían acogido a la muy criticada amnistía
fiscal que había aprobado el PP, probablemente no contaba con que los
acontecimientos que después se precipitaron, le llevarían en volandas a ocupar
la Presidencia del Estado y que sería él quien se vería acuciado por quienes le
ayudaron a triunfar en su Moción de censura, para poner cara a todos y cada uno
de los que entraron a formar parte de
este Selecto Club, desde el que muchos apellidos muy conocidos, por razones diversas, en este país, consiguieron
blanquear la totalidad o una parte de las inmensas fortunas que habían estado
evadiendo hacia Paraísos fiscales, evitando tributar a la Hacienda española aquello
que se nos exige a todos los que residimos aquí, anual e ineludiblemente, como
contribución solidaria a las arcas de la nación, con fines que supuestamente,
se encaminan a beneficiar las necesidades de la mayoría de los ciudadanos.
No
suponía seguramente el socialista, que en aquel momento sólo conocía una parte
de este interesante listado que afectaba fundamentalmente a gente de renombre
del PP, algunos grandes empresarios estrechamente relacionados con la derecha y
algún que otro artista descarriado que culpaba de tales desmanes a los consejos
de sus asesores económicos, con que con el paso del tiempo llegaría a conocer
en su totalidad, debido a la importancia del puesto que ahora ocupa, el
registro al completo de todos los implicados en aquél oscuro negocio y menos
aún, que probablemente, en él figuraban, al lado de todos aquellos a los que
había acusado directamente de traición, alguno o muchos de los que fueron o aún
son parte de la Formación a la que él mismo pertenece.
Seguramente
por este motivo, la nueva Ministra de Hacienda, María Jesús Montero, optaba
anteayer por minimizar la importancia de las declaraciones de Corinna sobre el
Rey emérito, en las que aseguraba que había formado parte de los amnistiados y
se apresuraba a defender como inalienable el derecho a la intimidad que según
ella marca la ley, para silenciar, sine díe, todos esos nombres que sin
embargo, tanto interesa conocer a toda la Sociedad y que con toda probabilidad
tendremos que esperar a saber, como viene ocurriendo desde hace unos años, a
través de la prensa.
Esta
incoherencia, que resulta ser la primera que pone en duda la credibilidad del
discurso del nuevo Gobierno, no complace sin embargo, en modo alguno a todas
aquellas Formaciones que superando miles de escollos le auparon hasta el puesto
más importante de la Nación y empequeñece, a la vez, la importancia de todos
los gestos que ha venido protagonizando Sánchez desde su llegada a la Moncloa,
pareciendo que la limpieza y la honestidad pierden cierta relevancia cuando afectan
directamente a personajes cercanos a su ideología, a los que quizá merece la
pena tapar, en pro de la defensa de la imagen que se pretende dar del PSOE, en estos
precisos momentos.
Pero
todas estas disquisiciones, que suelen ser propias de casi todas las Formaciones
políticas y que por cierto, se convirtieron en rutinarias mientras gobernaba el
defenestrado Rajoy, terminan indefectiblemente por pasar factura a los que las practican, cuando la
verdad se abre paso a empujones, sobre los intentos de manipulación que se
ejercen, poniendo en duda la inteligencia de los ciudadanos y una buena prueba
de ello la tiene Sánchez en el final que ha tenido su antecesor y que pudiera
ser el mismo que a él le aguarde, si se posiciona al lado de los que consideran
que los intereses de los Partidos se encuentran por encima de los de los
ciudadanos, cometiendo el error garrafal de olvidar que somos los que formamos parte
de esta sociedad, los que aupamos o nos deshacemos, a través de nuestros votos,
de nuestros Presidentes.
Mal
empezamos, si aquellas promesas que hicimos en el pasado y cuyos contenidos
defendimos con la vehemencia que suele dar el hecho de considerar que llevamos
razón, quedan relegadas a un segundo plano cuando por cualquier motivo, se
vuelven en nuestra contra, colocándonos en la tesitura de tener que elegir
sobre si debemos llegar hasta el final, aplicándolas hasta las últimas
consecuencias, o si debemos optar por que el tiempo suavice los efectos de
agresividad que suelen caracterizar a los primeros momentos, a la espera de que
los problemas vayan desapareciendo poco a poco, engullidos por la inmediatez de
otros más graves que puedan ir ocurriendo.
Pero
esta equivocación garrafal dónde las haya, que ya cometieron casi todos los
Presidentes que antecedieron en el cargo Sánchez, con mayor o menor fortuna,
puede tener efectos mucho más evidentes cuando se olvida que sólo se cuenta con
84 diputados en el Congreso y que son absolutamente imprescindibles los apoyos
de los demás, si se quiere afrontar con éxito el tiempo que resta de legislatura
y sobre todo, conservar intacta o
acrecentar la confianza de los que somos y seremos, por derecho, electores y
que habíamos puesto todas nuestras esperanzas en que este Gobierno y sus socios
tendrían tolerancia cero con los casos de corrupción, afectasen a quiénes afectasen y cayesen quiénes cayesen.
Nos
defrauda y de qué manera, Pedro Sánchez, negándose a publicar todos los nombres
de los amnistiados que esperábamos conocer bajo su mandato, más que nada por
aquello del agravio comparativo y desdibuja, esa buena impresión que hasta
ahora, por sus acciones, nos estaba ofreciendo, quizá porque la desaparición
temporal de la escena política del azote Iglesias, ha hecho que el equipo de
sus asesores se relajen en sus posiciones, cosa que ni queremos, ni podemos
admitir, los que pusimos toda nuestra ilusión en que las cosas cambiarían radicalmente,
ahora que habíamos conseguido apartar a la derecha del Gobierno.
Resulta
pues, imprescindible encontrar la manera de ofrecer esta importantísima
información sobre los nombres de estos amnistiados, que no podemos olvidar que
antes fueron evasores y que no haya que esperar a que ocurra lo que más
temprano que tarde puede pasar y es que esta lista negra y oculta se filtre a
la prensa y acabemos por conocerla a través de los medios de comunicación y no,
como sería de desear, por la boca de un Presidente que se definía a sí mismo,
como un hombre honrado y decente.

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