domingo, 15 de julio de 2018

El Club de los amnistiados




Hace relativamente poco tiempo, cuando Pedro Sánchez era líder de la oposición y presumía de encabezar las aspiraciones de una izquierda que apostaba por la  transparencia frente a la corrupción, exigiendo a Montoro, entonces Ministro de Hacienda con Mariano Rajoy que publicara la lista de los nombres de los que se habían acogido a la muy criticada amnistía fiscal que había aprobado el PP, probablemente no contaba con que los acontecimientos que después se precipitaron, le llevarían en volandas a ocupar la Presidencia del Estado y que sería él quien se vería acuciado por quienes le ayudaron a triunfar en su Moción de censura, para poner cara a todos y cada uno de los que entraron  a formar parte de este Selecto Club, desde el que muchos apellidos muy conocidos, por  razones diversas, en este país, consiguieron blanquear la totalidad o una parte de las inmensas fortunas que habían estado evadiendo hacia Paraísos fiscales, evitando tributar a la Hacienda española aquello que se nos exige a todos los que residimos aquí, anual e ineludiblemente, como contribución solidaria a las arcas de la nación, con fines que supuestamente, se encaminan a beneficiar las necesidades de la mayoría de los ciudadanos.
No suponía seguramente el socialista, que en aquel momento sólo conocía una parte de este interesante listado que afectaba fundamentalmente a gente de renombre del PP, algunos grandes empresarios estrechamente relacionados con la derecha y algún que otro artista descarriado que culpaba de tales desmanes a los consejos de sus asesores económicos, con que con el paso del tiempo llegaría a conocer en su totalidad, debido a la importancia del puesto que ahora ocupa, el registro al completo de todos los implicados en aquél oscuro negocio y menos aún, que probablemente, en él figuraban, al lado de todos aquellos a los que había acusado directamente de traición, alguno o muchos de los que fueron o aún son parte de la Formación a la que él mismo pertenece.
Seguramente por este motivo, la nueva Ministra de Hacienda, María Jesús Montero, optaba anteayer por minimizar la importancia de las declaraciones de Corinna sobre el Rey emérito, en las que aseguraba que había formado parte de los amnistiados y se apresuraba a defender como inalienable el derecho a la intimidad que según ella marca la ley, para silenciar, sine díe, todos esos nombres que sin embargo, tanto interesa conocer a toda la Sociedad y que con toda probabilidad tendremos que esperar a saber, como viene ocurriendo desde hace unos años, a través de la prensa.
Esta incoherencia, que resulta ser la primera que pone en duda la credibilidad del discurso del nuevo Gobierno, no complace sin embargo, en modo alguno a todas aquellas Formaciones que superando miles de escollos le auparon hasta el puesto más importante de la Nación y empequeñece, a la vez, la importancia de todos los gestos que ha venido protagonizando Sánchez desde su llegada a la Moncloa, pareciendo que la limpieza y la honestidad pierden cierta relevancia cuando afectan directamente a personajes cercanos a su ideología, a los que quizá merece la pena tapar, en pro de la defensa de la imagen que se pretende dar del PSOE, en estos precisos momentos.
Pero todas estas disquisiciones, que suelen ser propias de casi todas las Formaciones políticas y que por cierto, se convirtieron en rutinarias mientras gobernaba el defenestrado Rajoy, terminan indefectiblemente por  pasar factura a los que las practican, cuando la verdad se abre paso a empujones, sobre los intentos de manipulación que se ejercen, poniendo en duda la inteligencia de los ciudadanos y una buena prueba de ello la tiene Sánchez en el final que ha tenido su antecesor y que pudiera ser el mismo que a él le aguarde, si se posiciona al lado de los que consideran que los intereses de los Partidos se encuentran por encima de los de los ciudadanos, cometiendo el error garrafal de olvidar que somos los que formamos parte de esta sociedad, los que aupamos o nos deshacemos, a través de nuestros votos, de nuestros Presidentes.
Mal empezamos, si aquellas promesas que hicimos en el pasado y cuyos contenidos defendimos con la vehemencia que suele dar el hecho de considerar que llevamos razón, quedan relegadas a un segundo plano cuando por cualquier motivo, se vuelven en nuestra contra, colocándonos en la tesitura de tener que elegir sobre si debemos llegar hasta el final, aplicándolas hasta las últimas consecuencias, o si debemos optar por que el tiempo suavice los efectos de agresividad que suelen caracterizar a los primeros momentos, a la espera de que los problemas vayan desapareciendo poco a poco, engullidos por la inmediatez de otros más graves que puedan ir ocurriendo.
Pero esta equivocación garrafal dónde las haya, que ya cometieron casi todos los Presidentes que antecedieron en el cargo Sánchez, con mayor o menor fortuna, puede tener efectos mucho más evidentes cuando se olvida que sólo se cuenta con 84 diputados en el Congreso y que son absolutamente imprescindibles los apoyos de los demás, si se quiere afrontar con éxito el tiempo que resta de legislatura  y sobre todo, conservar intacta o acrecentar la confianza de los que somos y seremos, por derecho, electores y que habíamos puesto todas nuestras esperanzas en que este Gobierno y sus socios tendrían tolerancia cero con los casos de corrupción, afectasen a quiénes  afectasen y cayesen quiénes cayesen.
Nos defrauda y de qué manera, Pedro Sánchez, negándose a publicar todos los nombres de los amnistiados que esperábamos conocer bajo su mandato, más que nada por aquello del agravio comparativo y desdibuja, esa buena impresión que hasta ahora, por sus acciones, nos estaba ofreciendo, quizá porque la desaparición temporal  de la escena política  del azote Iglesias, ha hecho que el equipo de sus asesores se relajen en sus posiciones, cosa que ni queremos, ni podemos admitir, los que pusimos toda nuestra ilusión  en que las cosas cambiarían radicalmente, ahora que habíamos conseguido apartar a la derecha del Gobierno.
Resulta pues, imprescindible encontrar la manera de ofrecer esta importantísima información sobre los nombres de estos amnistiados, que no podemos olvidar que antes fueron evasores y que no haya que esperar a que ocurra lo que más temprano que tarde puede pasar y es que esta lista negra y oculta se filtre a la prensa y acabemos por conocerla a través de los medios de comunicación y no, como sería de desear, por la boca de un Presidente que se definía a sí mismo, como un hombre honrado y decente.

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