Tras
su ronda de contactos con los ex Presidentes del PP, el recién elegido Pablo
Casado se ha reunido hoy en su despacho
del Congreso con Soraya Sáenz de Santamaría, tratando desesperadamente de
ofrecer una imagen de normalidad, que se aleja demasiado de lo que realmente se
piensa en los mentideros políticos.
Sonrientes
ambos ante las cámaras de los medios de comunicación y realmente moderados en
las declaraciones que han ofrecido, por separado, tras la finalización de su
encuentro, la conversación que se ha mantenido en ese
despacho y sobre todo, un contenido que nunca trascenderá, se ha convertido,
por su importancia, en la gran noticia del día, pues la victoria de Casado no
zanja en absoluto las enormes diferencias de criterio que mantienen estos dos
interlocutores, ni calma la desazón que se respira entre los que se
posicionaron por uno u otro bando, hasta que se conocieron los resultados de
las votaciones de los compromisarios en el congreso.
Tanto
es así, que la que fuera Vicepresidenta con Rajoy
ha deslizado delante de los periodistas que había reclamado a Casado una
participación en el aparato del Partido, directamente proporcional al porcentaje de votos obtenidos por su
candidatura, cuestión a la que después
ha respondido el nuevo Presidente popular, alegando que no es este el momento
de hablar de porcentajes, sino más bien de intentar integrar en su nuevo proyecto,
sin aclarar de qué manera, a todas las facciones existentes en la Formación conservadora,
en clara alusión únicamente a la capitaneada por Santamaría, pues no podemos
olvidar que los otros candidatos que se presentaron a las primarias, apostaron
abiertamente por Casado, en la segunda vuelta.
La
prueba está en que un rato después de que Soraya abandonara el lugar de
encuentro, el nuevo Presidente recibía a María Dolores de Cospedal, sin cuyo
apoyo y el de sus muchos seguidores, su victoria no habría sido posible y de la
que se dice que está teniendo, quizá como pago a su colaboración, un papel
fundamental en la elección de quién será el nuevo Secretario General del PP y
en los nombres que estarán presentes en
sus órganos de Gobierno.
Así
que parece difícil, dada la conocida enemistad
entre Cospedal y Santamaría, que esta última pueda obtener para ella y
para los suyos, cargos de relevancia real en las filas conservadoras y por mucho
afán de unidad que pretendan demostrar de cara a la galería los que han sido
los ganadores de esta encarnizada contienda, los derrotados, ni encajan, ni
encajarán en los nuevos planes diseñados por este equipo, que definitivamente
escorado aún más a la derecha, culpa tácitamente a Rajoy y a sus colaboradores
más cercanos, de la debacle que ha
llevado al PP, a tener que abandonar el Gobierno.
Copedal,
no es el único enemigo con el que deberá enfrentarse Santamaría, en esta nueva etapa
de su vida, en la que ha perdido casi toda su influencia y sus privilegios,
pues no olvidemos que por haber permanecido como fiel escudero, al lado de
Rajoy, tampoco resulta ser precisamente grata para la gente que forma el ala
ultraconservadora, capitaneada por Aznar o para otra, que como García Margallo,
tuvieron en el pasado con ella, imperdonables desencuentros.
De
manera que Soraya y todos aquellos que la apoyaron se han quedado definitivamente solos en esta
aventura que está a punto de comenzar y que promete ser, por cierto, bastante
intensa y por muy buenas intenciones que pretenda demostrar Casado, cuando se
dirige al público en general, el acuerdo con los perdedores, estando quiénes
están por medio, parece ser misión imposible y suerte tendrán, si el Partido no
los convierte pronto en innombrables, como suelen hacer con todos aquellos que
les suponen algún tipo de problema.
Cautiva
de sus propias acciones y también de sus palabras, Soraya Sáenz de Santamaría se
ha convertido en un estorbo que turba la placidez del ascenso de Casado, con su
soberbia y sus exigencias. Es la prueba viviente de que el gobierno de Mariano
Rajoy existió y estuvo muy presente en
todos y cada uno de los errores que se cometieron.
Es
verdad que por su modo de expresarse se le ha adjudicado la fama de representar
al sector más progresista del Partido conservador, pero esta especie de virtud,
se ha convertido en un factor que juega en su contra, ahora que se ha decidido
por absoluta mayoría, regresar al conservadurismo más duro de los tiempos
pasados, transformándola directamente en un elemento indeseable, que emponzoña
los planes que Casado y los que le siguen han pergeñado, para recuperar los
votos perdidos por la derecha.
Si
la dignidad estuviera presente, alguna vez, en el modo de actuar de los
políticos, a Santamaría no le quedaría otra salida que abandonar el PP,
reconociendo con ello su derrota, pero sin llegar a perder el honor, plegándose
a ser colocada en algún puesto de segunda fila, en el que no se le permitiera
tomar ninguna decisión de calado, nunca más, en lo que reste a su vida política.
Su
periodo glorioso, pasó y conociendo a la perfección las interioridades de su Partido
y también de sus propios compañeros, ya debiera saber, por propia experiencia,
que la palabra perdón no consta en el diccionario que manejan los
conservadores.
Seguramente, ella habría hecho lo mismo con Casado
y los suyos , si la historia hubiera sido distinta.

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