miércoles, 25 de julio de 2018

Un acuerdo imposible




Tras su ronda de contactos con los ex Presidentes del PP, el recién elegido Pablo Casado se ha reunido hoy  en su despacho del Congreso con Soraya Sáenz de Santamaría, tratando desesperadamente de ofrecer una imagen de normalidad, que se aleja demasiado de lo que realmente se piensa en los mentideros políticos.
Sonrientes ambos ante las cámaras de los medios de comunicación y realmente moderados en las declaraciones que han ofrecido, por separado, tras la finalización de su encuentro,  la  conversación que se ha mantenido en ese despacho y sobre todo, un contenido que nunca trascenderá, se ha convertido, por su importancia, en la gran noticia del día, pues la victoria de Casado no zanja en absoluto las enormes diferencias de criterio que mantienen estos dos interlocutores, ni calma la desazón que se respira entre los que se posicionaron por uno u otro bando, hasta que se conocieron los resultados de las votaciones de los compromisarios en el congreso.
Tanto es así, que la que fuera Vicepresidenta con   Rajoy ha deslizado delante de los periodistas que había reclamado a Casado una participación en el aparato del Partido, directamente proporcional  al porcentaje de votos obtenidos por su candidatura, cuestión  a la que después ha respondido el nuevo Presidente popular, alegando que no es este el momento de hablar de porcentajes, sino más bien de intentar integrar en su nuevo proyecto, sin aclarar de qué manera, a todas las facciones existentes en la Formación conservadora, en clara alusión únicamente a la capitaneada por Santamaría, pues no podemos olvidar que los otros candidatos que se presentaron a las primarias, apostaron abiertamente por Casado, en la segunda vuelta.
La prueba está en que un rato después de que Soraya abandonara el lugar de encuentro, el nuevo Presidente recibía a María Dolores de Cospedal, sin cuyo apoyo y el de sus muchos seguidores, su victoria no habría sido posible y de la que se dice que está teniendo, quizá como pago a su colaboración, un papel fundamental en la elección de quién será el nuevo Secretario General del PP y en los nombres que estarán  presentes en sus órganos de Gobierno.
Así que parece difícil, dada la conocida enemistad  entre Cospedal y Santamaría, que esta última pueda obtener para ella y para los suyos, cargos de relevancia real en las filas conservadoras y por mucho afán de unidad que pretendan demostrar de cara a la galería los que han sido los ganadores de esta encarnizada contienda, los derrotados, ni encajan, ni encajarán en los nuevos planes diseñados por este equipo, que definitivamente escorado aún más a la derecha, culpa tácitamente a Rajoy y a sus colaboradores más  cercanos, de la debacle que ha llevado al PP, a tener que abandonar el Gobierno.
Copedal, no es el único enemigo con el que deberá enfrentarse Santamaría, en esta nueva etapa de su vida, en la que ha perdido casi toda su influencia y sus privilegios, pues no olvidemos que por haber permanecido como fiel escudero, al lado de Rajoy, tampoco resulta ser precisamente  grata para la gente que forma el ala ultraconservadora, capitaneada por Aznar o para otra, que como García Margallo, tuvieron en el pasado con ella, imperdonables desencuentros.
De manera que Soraya y todos aquellos que la apoyaron se  han quedado definitivamente solos en esta aventura que está a punto de comenzar y que promete ser, por cierto, bastante intensa y por muy buenas intenciones que pretenda demostrar Casado, cuando se dirige al público en general, el acuerdo con los perdedores, estando quiénes están por medio, parece ser misión imposible y suerte tendrán, si el Partido no los convierte pronto en innombrables, como suelen hacer con todos aquellos que les suponen algún tipo de problema.
Cautiva de sus propias acciones y también de sus palabras, Soraya Sáenz de Santamaría se ha convertido en un estorbo que turba la placidez del ascenso de Casado, con su soberbia y sus exigencias. Es la prueba viviente de que el gobierno de Mariano Rajoy existió y estuvo muy  presente en todos y cada uno de los errores que se cometieron.
Es verdad que por su modo de expresarse se le ha adjudicado la fama de representar al sector más progresista del Partido conservador, pero esta especie de virtud, se ha convertido en un factor que juega en su contra, ahora que se ha decidido por absoluta mayoría, regresar al conservadurismo más duro de los tiempos pasados, transformándola directamente en un elemento indeseable, que emponzoña los planes que Casado y los que le siguen han pergeñado, para recuperar los votos perdidos por la derecha.
Si la dignidad estuviera presente, alguna vez, en el modo de actuar de los políticos, a Santamaría no le quedaría otra salida que abandonar el PP, reconociendo con ello su derrota, pero sin llegar a perder el honor, plegándose a ser colocada en algún puesto de segunda fila, en el que no se le permitiera tomar ninguna decisión de calado, nunca más, en lo que reste a su vida política.
Su periodo glorioso, pasó y conociendo a la perfección las interioridades de su Partido y también de sus propios compañeros, ya debiera saber, por propia experiencia, que la palabra perdón no consta en el diccionario que manejan los conservadores.
 Seguramente, ella habría hecho lo mismo con Casado y los suyos , si la historia hubiera sido distinta.

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