jueves, 19 de julio de 2018

Nombres de peso




Tras el fracaso de la votación celebrada hace sólo unos días, sobre el enrevesado asunto de la RTVE y que se perdió por un voto, al Gobierno no le ha quedado otra opción que tratar de nombrar un Administrador único transitorio, que cubra el periodo que reste hasta que se haga efectivo el Concurso que habilite a un equipo consensuado, que se haga cargo de este Ente monstruoso, que hace aguas por todas partes, para perjuicio de los españoles.
Nos han sorprendido los de Pedro Sánchez proponiendo para este fin a la veterana periodista Rosa María Mateo, cuya dilatadísima carrera profesional muchos de nosotros hemos seguido palmo a palmo durante bastantes años y a la que, por cierto, hacía tiempo que no veíamos en los medios, quizá por razones de edad y por aquello de que los rostros de los presentadores de informativos suelen ir renovándose con cierta frecuencia.
Ha sido sin embargo Rosa María Mateo una periodista impecable, en fondo y en formas, en todas y cada una de las labores  que ha realizado, a la vez que íbamos creciendo los ciudadanos, aunque los más jóvenes no la recuerden y haya que explicarles ahora quién es esta mujer, que podría alcanzar, por su innegable valía, la aprobación unánime de todos los Partidos que forman el arco Parlamentario.
Siempre será sin embargo, especialmente recordada por haber leído el manifiesto que siguió a la multitudinaria manifestación que sucedió al golpe de Estado del 23F y sobre todo, por la maravillosa sensibilidad con que lo hizo, en aquellos momentos de dificultad extrema.
Fue por ello, justamente considerada como una de las musas de la transición y aunque aquella lectura fue sólo un acto testimonial que declaraba el apoyo incondicional de los españoles al asentamiento real de la Democracia recién nacida, esa imagen, su  fragilidad ante el micrófono y la fuerza infinita en la que sustentaba cada una de sus palabras, se convertiría en una de las imágenes más emotivas que nos han acompañado durante resto de nuestras vidas y que dio la vuelta al mundo, como sin duda muchos de nosotros sabemos.
Fue, durante muchos años, presentadora habitual de informativos, ejerciendo de manera imparcial su cometido ante las cámaras y después, fue poco a poco desapareciendo de nuestros hogares, mientras en el panorama periodístico irrumpían con la fuerza de un torrente, jóvenes de nuevo cuño que idearon otra manera bien distinta de ejercer la comunicación, a través de otros medios.
Si hubiera que definirla con un solo término, éste sería sin duda, la discreción y por ello y por sus méritos profesionales, no puede, sino parecernos una magnífica opción, su posible nombramiento.
Aún nos sorprende la mañana con otro apellido de peso, propuesto para dirigir el Instituto Cervantes y que no es otro que el del poeta Luís García Montero, al que admiramos y seguimos también desde hace años y no sólo por su labor como escritor, sino sobre todo por su compromiso personal con todas las causas sociales, por lo que pensamos que podría poner un punto de renovación en este Organismo, del que mucha gente ignora la labor que ha llevado a cabo, quizá porque siempre ha sido relacionado con el culmen de la intelectualidad y quienes pueblan ese pequeño universo.
Luchador curtido en las causas que han afectado principalmente a los sectores de la sociedad más desfavorecidos, su irrupción en el Cervantes, podría considerarse seguramente, como un revulsivo absolutamente necesario, si se quiere dar a esta Entidad, la oportunidad de ser conocida y querida, por todos los ciudadanos.
Su concepto de la cultura, que ha manifestado tantas veces, a través de sus artículos y su cercanía personal, fehacientemente demostrada en su comparecencia en tantas y tantas manifestaciones populares, dotan a Luis García Montero, de una especie de poder de convocatoria, que podría atraer el interés general hacia el mundo de las artes, profundamente abandonado y vilipendiado, durante los años de Gobierno de los populares.
Así que esta mañana de Julio, se podría decir que nos encontramos especialmente satisfechos, pues el peso de estos dos nombres a los que nos estamos refiriendo, no lastra en absoluto a sus respectivos propietarios, pues ninguno de los dos parece haber tenido jamás ningún fantasma en su pasado, que pudiera presentarse de pronto, extinguiendo el brillo del que puede ser su momento.
Cada uno, entiende además y mucho  del área que se le encomienda y aunque sobre todo la labor de Mateo no parece que vaya a ser fácil, estamos convencidos de que pondrá todo su empeño en sacar al Ente público, del hoyo profundo en el que se encuentra sumido  en estos momentos.
Al menos, se podría decir de ellos, que son dos personas queridas y decentes.


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