Tras
el fracaso de la votación celebrada hace sólo unos días, sobre el enrevesado
asunto de la RTVE y que se perdió por un voto, al Gobierno no le ha quedado otra
opción que tratar de nombrar un Administrador único transitorio, que cubra el
periodo que reste hasta que se haga efectivo el Concurso que habilite a un
equipo consensuado, que se haga cargo de este Ente monstruoso, que hace aguas
por todas partes, para perjuicio de los españoles.
Nos
han sorprendido los de Pedro Sánchez proponiendo para este fin a la veterana periodista
Rosa María Mateo, cuya dilatadísima carrera profesional muchos de nosotros
hemos seguido palmo a palmo durante bastantes años y a la que, por cierto,
hacía tiempo que no veíamos en los medios, quizá por razones de edad y por aquello
de que los rostros de los presentadores de informativos suelen ir renovándose
con cierta frecuencia.
Ha
sido sin embargo Rosa María Mateo una periodista impecable, en fondo y en
formas, en todas y cada una de las labores que ha realizado, a la vez que íbamos creciendo
los ciudadanos, aunque los más jóvenes no la recuerden y haya que explicarles
ahora quién es esta mujer, que podría alcanzar, por su innegable valía, la
aprobación unánime de todos los Partidos que forman el arco Parlamentario.
Siempre
será sin embargo, especialmente recordada por haber leído el manifiesto que
siguió a la multitudinaria manifestación que sucedió al golpe de Estado del 23F
y sobre todo, por la maravillosa sensibilidad con que lo hizo, en aquellos
momentos de dificultad extrema.
Fue
por ello, justamente considerada como una de las musas de la transición y
aunque aquella lectura fue sólo un acto testimonial que declaraba el apoyo
incondicional de los españoles al asentamiento real de la Democracia recién nacida,
esa imagen, su fragilidad ante el
micrófono y la fuerza infinita en la que sustentaba cada una de sus palabras,
se convertiría en una de las imágenes más emotivas que nos han acompañado durante
resto de nuestras vidas y que dio la vuelta al mundo, como sin duda muchos de
nosotros sabemos.
Fue,
durante muchos años, presentadora habitual de informativos, ejerciendo de
manera imparcial su cometido ante las cámaras y después, fue poco a poco
desapareciendo de nuestros hogares, mientras en el panorama periodístico
irrumpían con la fuerza de un torrente, jóvenes de nuevo cuño que idearon otra
manera bien distinta de ejercer la comunicación, a través de otros medios.
Si
hubiera que definirla con un solo término, éste sería sin duda, la discreción y
por ello y por sus méritos profesionales, no puede, sino parecernos una magnífica
opción, su posible nombramiento.
Aún
nos sorprende la mañana con otro apellido de peso, propuesto para dirigir el
Instituto Cervantes y que no es otro que el del poeta Luís García Montero, al
que admiramos y seguimos también desde hace años y no sólo por su labor como
escritor, sino sobre todo por su compromiso personal con todas las causas
sociales, por lo que pensamos que podría poner un punto de renovación en este
Organismo, del que mucha gente ignora la labor que ha llevado a cabo, quizá
porque siempre ha sido relacionado con el culmen de la intelectualidad y
quienes pueblan ese pequeño universo.
Luchador
curtido en las causas que han afectado principalmente a los sectores de la
sociedad más desfavorecidos, su irrupción en el Cervantes, podría considerarse seguramente,
como un revulsivo absolutamente necesario, si se quiere dar a esta Entidad, la
oportunidad de ser conocida y querida, por todos los ciudadanos.
Su
concepto de la cultura, que ha manifestado tantas veces, a través de sus artículos
y su cercanía personal, fehacientemente demostrada en su comparecencia en
tantas y tantas manifestaciones populares, dotan a Luis García Montero, de una
especie de poder de convocatoria, que podría atraer el interés general hacia el
mundo de las artes, profundamente abandonado y vilipendiado, durante los años
de Gobierno de los populares.
Así
que esta mañana de Julio, se podría decir que nos encontramos especialmente
satisfechos, pues el peso de estos dos nombres a los que nos estamos
refiriendo, no lastra en absoluto a sus respectivos propietarios, pues ninguno
de los dos parece haber tenido jamás ningún fantasma en su pasado, que pudiera
presentarse de pronto, extinguiendo el brillo del que puede ser su momento.
Cada
uno, entiende además y mucho del área
que se le encomienda y aunque sobre todo la labor de Mateo no parece que vaya a
ser fácil, estamos convencidos de que pondrá todo su empeño en sacar al Ente
público, del hoyo profundo en el que se encuentra sumido en estos momentos.
Al
menos, se podría decir de ellos, que son dos personas queridas y decentes.

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