Al
fin, llegó la esperadísima foto de Pedro Sánchez recibiendo a Quim Torra en Moncloa y ya el
gesto que evidenciaron ambos Presidentes, en cuanto se estrecharon las manos,
puso en claro que los niveles de tensión entre ellos se diferenciaban notablemente de los que habíamos estado viendo entre Puigdemont y
Rajoy, las pocas veces que se habían reunido.
Este
primer contacto, que ambos tenían claro que no iba encaminado a conseguir un
acuerdo relámpago para solucionar la crisis catalana, se desarrolló sin
embargo, según los propios interlocutores, en un clima de cordialidad que
aportó ciertas dosis de esperanza en que ambas partes están dispuestas a buscar
una vía de entendimiento y por un momento, hasta pareció que todo hubiera
vuelto a la normalidad, a juzgar por la animada conversación que Torra y Sánchez
parecían mantener, mientras paseaban por los jardines, buscando el frescor de
los árboles que lo pueblan.
Por
primera vez en mucho tiempo, tuvimos la impresión de ver a dos políticos
frente a frente, en lugar de a dos
enemigos, lo que nos llevó a pensar que los que siempre defendimos la
negociación, como único camino posible para afrontar el conflicto de Catalunya
no estábamos tan equivocados y que por mucho que las derechas ciudadanas y populares
se empeñen en decir que la izquierda está rompiendo España, a nosotros nos
parece que en estos momentos, la posibilidad de alcanzar pactos está mucho más
cerca que cuando gobernaba Rajoy, quizá porque se ha cambiado la
judicialización por el diálogo y la furia
por el mutuo respeto.
A
todos los que esperaban ver a un Torra radicalizado, escenificando una escena
del estilo de la que protagonizó con el Rey, recientemente, se les debió helar
la sangre cuando pudieron contemplar que acudió a la reunión absolutamente
distendido y que sólo el lazo amarillo en su solapa, como reivindicación de la
libertad de los presos, le diferenció de cualquier otro Presidente autonómico
cuando acude a Moncloa, para hablar de sus asuntos, con el Presidente.
La reunión, cuyo contenido completo no ha
trascendido, evidentemente, pareció sin embargo, satisfacer a ambas partes y
seguramente hasta consiguió cerrar un poco la enorme brecha que separaba a los
gobiernos español y catalán, aunque ayer no fuera el día de hacer ninguna
concesión y sólo se limitaran a expresar que entre ellos, hay voluntad para el
entendimiento.
Esto,
que siendo casi una nimiedad, es sin embargo un gran paso para romper el
enquistamiento en el que se encontraba este problema, a causa de la mala
gestión llevada a cabo por PP y Ciudadanos, en los últimos años, pone un punto
de luz en medio de la oscuridad y posibilita también un acercamiento entre las
gentes que habitan en Catalunya y en España, que habían perdido el rumbo de la
tolerancia mutua, a causa de los graves enfrentamientos.
Ahora
toca, nos toca a todos, sosegarnos y recapacitar si merece la pena grajearse la
enemistad de amigos, familiares y vecinos o sería mejor reflexionar desde la
calma y cada cual, en su intimidad, sobre las ventajas que conlleva convivir en
una sociedad basada en el respeto a la libre expresión de cualquier tipo de
pensamiento y decidir, si deseamos verdaderamente que este crudo enfrentamiento
se solucione y sobre todo, cuánto estamos dispuestos a poner de nuestra parte,
para que sea posible.
El
comienzo, nos ha parecido, de momento, sorpresivamente positivo y espléndido, fundamentalmente,
porque echa abajo todas las premoniciones expresadas por los agoreros, pero
también, porque nos causa ciertas dosis de orgullo que los hechos nos
estén dando la razón, en aquello que defendimos desde el principio, porque
creíamos de corazón, en ello.
Agárrense
los machos Populares y sobre todo Ciudadanos, encabezados por el ambicioso
Rivera, porque si Sánchez consigue solucionar finalmente esta situación,
tendremos Presidente socialista, con apoyo de Podemos, para mucho tiempo.

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