martes, 10 de julio de 2018

Limando asperezas




Al fin, llegó la esperadísima foto de Pedro Sánchez  recibiendo a Quim Torra en Moncloa y ya el gesto que evidenciaron ambos Presidentes, en cuanto se estrecharon las manos, puso en claro que los niveles de tensión entre ellos se diferenciaban  notablemente de los que  habíamos estado viendo entre Puigdemont y Rajoy, las pocas veces que se habían reunido.
Este primer contacto, que ambos tenían claro que no iba encaminado a conseguir un acuerdo relámpago para solucionar la crisis catalana, se desarrolló sin embargo, según los propios interlocutores, en un clima de cordialidad que aportó ciertas dosis de esperanza en que ambas partes están dispuestas a buscar una vía de entendimiento y por un momento, hasta pareció que todo hubiera vuelto a la normalidad, a juzgar por la animada conversación que Torra y Sánchez parecían mantener, mientras paseaban por los jardines, buscando el frescor de los árboles que lo pueblan.
Por primera vez en mucho tiempo, tuvimos la impresión de ver a dos políticos frente  a frente, en lugar de a dos enemigos, lo que nos llevó a pensar que los que siempre defendimos la negociación, como único camino posible para afrontar el conflicto de Catalunya no estábamos tan equivocados y que por mucho que las derechas ciudadanas y populares se empeñen en decir que la izquierda está rompiendo España, a nosotros nos parece que en estos momentos, la posibilidad de alcanzar pactos está mucho más cerca que cuando gobernaba Rajoy, quizá porque se ha cambiado la judicialización  por el diálogo y la furia por el mutuo respeto.
A todos los que esperaban ver a un Torra radicalizado, escenificando una escena del estilo de la que protagonizó con el Rey, recientemente, se les debió helar la sangre cuando pudieron contemplar que acudió a la reunión absolutamente distendido y que sólo el lazo amarillo en su solapa, como reivindicación de la libertad de los presos, le diferenció de cualquier otro Presidente autonómico cuando acude a Moncloa, para hablar de sus asuntos, con el Presidente.
 La reunión, cuyo contenido completo no ha trascendido, evidentemente, pareció sin embargo, satisfacer a ambas partes y seguramente hasta consiguió cerrar un poco la enorme brecha que separaba a los gobiernos español y catalán, aunque ayer no fuera el día de hacer ninguna concesión y sólo se limitaran a expresar que entre ellos, hay voluntad para el entendimiento.
Esto, que siendo casi una nimiedad, es sin embargo un gran paso para romper el enquistamiento en el que se encontraba este problema, a causa de la mala gestión llevada a cabo por PP y Ciudadanos, en los últimos años, pone un punto de luz en medio de la oscuridad y posibilita también un acercamiento entre las gentes que habitan en Catalunya y en España, que habían perdido el rumbo de la tolerancia mutua, a causa de los graves  enfrentamientos.
Ahora toca, nos toca a todos, sosegarnos y recapacitar si merece la pena grajearse la enemistad de amigos, familiares y vecinos o sería mejor reflexionar desde la calma y cada cual, en su intimidad, sobre las ventajas que conlleva convivir en una sociedad basada en el respeto a la libre expresión de cualquier tipo de pensamiento y decidir, si deseamos verdaderamente que este crudo enfrentamiento se solucione y sobre todo, cuánto estamos dispuestos a poner de nuestra parte, para que sea posible.
El comienzo, nos ha parecido, de momento, sorpresivamente positivo y espléndido, fundamentalmente, porque echa abajo todas las premoniciones expresadas por los agoreros, pero también, porque nos causa   ciertas dosis de orgullo que los hechos nos estén dando la razón, en aquello que defendimos desde el principio, porque creíamos de corazón, en ello.
Agárrense los machos Populares y sobre todo Ciudadanos, encabezados por el ambicioso Rivera, porque si Sánchez consigue solucionar finalmente esta situación, tendremos Presidente socialista, con apoyo de Podemos, para mucho tiempo.

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