A
sólo unos días de que se celebre el Congreso del Partido Popular y sin que lo que ocurre a la vez en el País parezca preocupar demasiado a sus
figuras más conocidas, los dos candidatos a ocupar la vacante que se ha visto
obligado a dejar Mariano Rajoy, de
manera tan intempestiva, se han
lanzado de cabeza a una guerra abierta, en la que ya ni siquiera se molestan en
disimular la clase de ambición que les mueve,
a juzgar por el cruce continuo de acusaciones y jugadas sucias en la sombra que
vienen orquestando, para desprestigio de su rival directo.
Lo
que estamos contemplando estos días, sobrepasa los límites de la ética entre quienes
supuestamente son compañeros y está
haciendo que la lucha entre Pedro Sánchez y Díaz, que ya vivimos y
contamos, parezca un guion de Walt Disney, al lado de esta continua batalla en
la que no dejan de aparecer vídeos en la red, que por supuesto, nadie se
atribuye, pero que horada cada vez más en el pasado de los candidatos,
plasmando acciones de las que nadie podría sentirse, o sí, especialmente
orgulloso.
Luego
están, los posicionamientos abiertos de los figurones, viejos y nuevos, a favor
de una u otro, que en realidad van únicamente encaminados a poder conservar los
privilegios personales que hasta ahora disfrutaban, con total placidez y gallardía,
pero que pueden terminarse, si la vencedora o el vencedor conoce que se ha estado haciendo campaña en su
contra, en forma de purga, en cuanto se alcance el poder, pues aquello de la
férrea unidad y sobre todo del perdón, todos sabemos que no se hicieron para
los populares.
Lo
que sí ha quedado de manifiesto es que ya no puede haber marcha atrás y que lo
que se juega en este peculiar Congreso, no es sólo quién se convierta en Jefe del
Partido, sino el triunfo a las claras de
una de las dos corrientes de pensamiento que habían estado confluyendo en el PP,
a regañadientes, durante años y que apuestan por políticas mayor o menormente
escoradas a la extrema derecha.
Ambos,
presumen de tener convencidos a tantos compromisarios que los números superan
con creces la cifra real de los que son, pero ese afán de manipular datos, al
que nos tienen acostumbrados estas gentes,
no nos pilla por sorpresa, ni tampoco la soberbia personal con que cada uno de
ellos aborda la recta final de esta encarnizada batalla.
Lo
extraordinario es que representando Soraya, según fuentes oficiales, al ala
supuestamente más progresista del PP, en los vídeos que se han lanzado en su
contra, aparezcan personajes carpetovetónicos, a los que no hay quién mueva de los cargos que vienen ocupando desde
hace cuarenta años en el Partido, mientras en los que se critica a Casado, al
que apoya el ala más recalcitrante de los conservadores, se hable más bien, de
otras lindezas, como si con la
artillería que lleva en su bando fuera posible una renovación, sólo por razones
de edad y no por la naturaleza real de su auténtico pensamiento.
En
honor a la verdad, ninguno de estos dos candidatos puede ofrecer a nadie nada
nuevo, pues es tan grande el lastre del pasado que esta Formación trae consigo
y han cambiado tan poco las caras de los que la lideran, que es difícil o casi
imposible imaginar que de alguna manera pueda llegar a producirse la revolución
radical que el PP necesitaría, para borrar de la memoria de los ciudadanos, una
lista interminable de infaustos recuerdos.
Así
que ya pueden enzarzarse en las disquisiciones que deseen, cruzar cuántos insultos
y acusaciones les vengan en ganas, desacreditar el discurso del otro o incluso
utilizar la baza del género, en una lucha sin cuartel que terminará en
definitiva, como quieran los mismos de siempre, que a los que nunca les votamos
y me da la impresión de que también a muchos de los que durante muchos años lo
hicieron, no van a convencernos de nada
y menos aún, si todo va encaminado a manipular al personal, con aquello de
limpiar una imagen, que sinceramente, no tiene arreglo.
La
impresión que da desde fuera es que el PP estaría más cerca de un cisma
parecido al que ocurrió a UCD, aunque por razones bien diferentes y que la
supuesta integración de los perdedores nunca se producirá y menos, existiendo
la posibilidad de integrarse en otro Partido de derechas, como el de Albert Rivera,
que espera ansioso los resultados del Congreso.
A
éste último, le encantaría que Casado fuera el vencedor, pues esto le daría pie
para adjudicarse, en exclusiva, el espacio del Centro Derecha, pudiendo así
descalificar al flamante ganador con el discurso de que sus políticas se
parecen más a las de Le Penn, que al moderno liberalismo que dice representar
él mismo y que tendría como modelo a Macron, en Francia, como todos imaginamos
y creemos.
Menos
mal, que sólo faltan unos días para conocer el desenlace de esta historia de
terribles desencuentros, porque tener que soportar mucho más tiempo lo que está
sucediendo ante nuestros ojos, con lo hartos que estamos de sufrir a los
populares, desde hace varios años, podría convertirse en una tortura y ahora
que por fin hemos conseguido librarnos de su mala influencia, tendría gracia
que nos viéramos obligados a estar escribiendo día tras día sobre sus andanzas post
gubernamentales, como si tuvieran un poder paralelo del que resultara imposible
deshacerse.

No hay comentarios:
Publicar un comentario