miércoles, 18 de julio de 2018

Guerra abierta




A sólo unos días de que se celebre el Congreso del Partido Popular  y sin que lo que ocurre a la vez en  el País parezca preocupar demasiado a sus figuras más conocidas, los dos candidatos a ocupar la vacante que se ha visto obligado a dejar Mariano Rajoy, de  manera tan intempestiva, se  han lanzado de cabeza a una guerra abierta, en la que ya ni siquiera se molestan en disimular la clase de ambición que les  mueve, a juzgar por el cruce continuo de acusaciones y jugadas sucias en la sombra que vienen orquestando, para desprestigio de su rival directo.
Lo que estamos contemplando estos días, sobrepasa los límites de la ética entre quienes supuestamente son compañeros y está  haciendo que la lucha entre Pedro Sánchez y Díaz, que ya vivimos y contamos, parezca un guion de Walt Disney, al lado de esta continua batalla en la que no dejan de aparecer vídeos en la red, que por supuesto, nadie se atribuye, pero que horada cada vez más en el pasado de los candidatos, plasmando acciones de las que nadie podría sentirse, o sí, especialmente orgulloso.
Luego están, los posicionamientos abiertos de los figurones, viejos y nuevos, a favor de una u otro, que en realidad van únicamente encaminados a poder conservar los privilegios personales que hasta ahora disfrutaban, con total placidez y gallardía, pero que pueden terminarse, si la vencedora o el vencedor  conoce que se ha estado haciendo campaña en su contra, en forma de purga, en cuanto se alcance el poder, pues aquello de la férrea unidad y sobre todo del perdón, todos sabemos que no se hicieron para los populares.
Lo que sí ha quedado de manifiesto es que ya no puede haber marcha atrás y que lo que se juega en este peculiar Congreso, no es sólo quién se convierta en Jefe del Partido, sino el triunfo a  las claras de una de las dos corrientes de pensamiento que habían estado confluyendo en el PP, a regañadientes, durante años y que apuestan por políticas mayor o menormente escoradas a la extrema derecha.
Ambos, presumen de tener convencidos a tantos compromisarios que los números superan con creces la cifra real de los que son, pero ese afán de manipular datos, al que nos tienen  acostumbrados estas gentes, no nos pilla por sorpresa, ni tampoco la soberbia personal con que cada uno de ellos aborda la recta final de esta encarnizada batalla.
Lo extraordinario es que representando Soraya, según fuentes oficiales, al ala supuestamente más progresista del PP, en los vídeos que se han lanzado en su contra, aparezcan personajes carpetovetónicos, a los que no  hay quién  mueva de los cargos que vienen ocupando desde hace cuarenta años en el Partido, mientras en los que se critica a Casado, al que apoya el ala más recalcitrante de los conservadores, se hable más bien, de otras  lindezas, como si con la artillería que lleva en su bando fuera posible una renovación, sólo por razones de edad y no por la naturaleza real de su auténtico pensamiento.
En honor a la verdad, ninguno de estos dos candidatos puede ofrecer a nadie nada nuevo, pues es tan grande el lastre del pasado que esta Formación trae consigo y han cambiado tan poco las caras de los que la lideran, que es difícil o casi imposible imaginar que de alguna manera pueda llegar a producirse la revolución radical que el PP necesitaría, para borrar de la memoria de los ciudadanos, una lista interminable de infaustos recuerdos.
Así que ya pueden enzarzarse en las disquisiciones que deseen, cruzar cuántos insultos y acusaciones les vengan en ganas, desacreditar el discurso del otro o incluso utilizar la baza del género, en una lucha sin cuartel que terminará en definitiva, como quieran los mismos de siempre, que a los que nunca les votamos y me da la impresión de que también a muchos de los que durante muchos años lo hicieron,  no van a convencernos de nada y menos aún, si todo va encaminado a manipular al personal, con aquello de limpiar una imagen, que sinceramente, no tiene arreglo.
La impresión que da desde fuera es que el PP estaría más cerca de un cisma parecido al que ocurrió a UCD, aunque por razones bien diferentes y que la supuesta integración de los perdedores nunca se producirá y menos, existiendo la posibilidad de integrarse en otro Partido de derechas, como el de Albert Rivera, que espera ansioso los resultados del Congreso.
A éste último, le encantaría que Casado fuera el vencedor, pues esto le daría pie para adjudicarse, en exclusiva, el espacio del Centro Derecha, pudiendo así descalificar al flamante ganador con el discurso de que sus políticas se parecen más a las de Le Penn, que al moderno liberalismo que dice representar él mismo y que tendría como modelo a Macron, en Francia, como todos imaginamos y creemos.
Menos mal, que sólo faltan unos días para conocer el desenlace de esta historia de terribles desencuentros, porque tener que soportar mucho más tiempo lo que está sucediendo ante nuestros ojos, con lo hartos que estamos de sufrir a los populares, desde hace varios años, podría convertirse en una tortura y ahora que por fin hemos conseguido librarnos de su mala influencia, tendría gracia que nos viéramos obligados a estar escribiendo día tras día sobre sus andanzas post gubernamentales, como si tuvieran un poder paralelo del que resultara imposible deshacerse.

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