lunes, 16 de julio de 2018

La última cruzada



Si el maestro Berlanga viviera, estaría disfrutando de lo lindo y sin duda, tomando notas, con la intención de hacer una película, con toda la polémica que se ha levantado, en este país tan particular que aún   tenemos, a causa de la exhumación de los restos de Franco y la remodelación del Valle de los caídos, porque realmente, el argumento da para mucho y si no tuviera la connotaciones trágicas que tiene, resultaría, en algunos momentos, francamente jocoso.
Ayer, sin ir más lejos, los fascistas que todavía campan a sus anchas por el territorio nacional, emprendieron una especie de cruzada, a la que acudieron masivamente, en el lugar en el que reposan los restos del Dictador y armados con toda clase de símbolos representativos de su época gloriosa, léanse banderas preconstitucionales, camisas azules, boinas rojas y guantes negros, que levantaban furiosamente mientras entonaban el Cara al sol y otras lindezas que fueron escritas para enaltecimiento de la victoria de su añorado Franco, exigieron, con uno de los nietos del Dictador a la cabeza, un respeto para el monumento que para  ellos significa un referente nacional, respeto que han negado sistemáticamente durante casi ochenta años a las víctimas que todavía yacen en las cunetas del territorio patrio y que por cierto, fueron pasadas por las armas, por el hecho de haber defendido la legalidad de la República, frente al golpe de Estado orquestado por su querido General, que desembocó en una cruenta guerra civil que provocó más de un millón de muertos.
Como si el tiempo se hubiera detenido en el año 39 y acabara de emitirse aquel famoso último parte de guerra dictado desde Burgos, las huestes franquistas, desfilaron en el día de ayer a sus anchas por este lugar vergonzoso de cuya existencia abominamos el resto de los españoles, ofreciendo imágenes que recordaban peligrosamente a las que muchos de nosotros aún recordamos, propinando una sonora bofetada a las aspiraciones del nuevo Gobierno y respaldados, como no podía ser de otra manera, por los curas que gestionan la viabilidad de este Valle maldito y que se prestaron gustosamente a ofrecer una misa, a la que asistieron todos los presentes y que precedió a todos los actos y actitudes que siguieron después, sin que nadie hiciera absolutamente nada para frenar tan obsoleto desatino.
El resto del mundo, debió quedar del todo perplejo ante la contemplación de lo que allí estaba sucediendo, pero este país nuestro, entre que está acostumbrado a presenciar de vez en cuando acontecimientos de igual magnitud y que se celebraba la final del Mundial de fútbol, probablemente ni siquiera prestó atención a lo que podría considerarse como algo que sería impensable que pudiera suceder, en cualquier otro lugar civilizado de la tierra.
Y  sin embargo, durante todo el día, se organizaron atascos en los accesos del lugar señalado para tan particular concentración, que en realidad no pretendía ser otra cosa que una demostración de fuerza del fascismo, que resulta ser ilegal en todo el mundo, pero con el que aquí se ha tenido y hay que decirlo, demasiada tolerancia, durante demasiado tiempo, aunque nunca es tarde para atajar de raíz un problema que abochorna considerablemente a la inmensa mayoría de los españoles, que ven en este reducto inexpugnable de una ideología de contenido inaceptable, una especie de atracción de feria con la que distraerse, por lo variopinto que resulta el personal que acude a este tipo de reuniones.
Faltó en la transición el coraje necesario para llevar ante la justicia a todos los responsables vivos de aquellos hechos acaecidos durante y después de la guerra y todo se trató de suavizar con una Ley tácita de punto final, que sin embargo, ni curó las gravísimas heridas que habían sido infringidas contra los perdedores de la contienda, ni consiguió enmendar las conductas soberbias de los vencedores, cuyos seguidores, a la vista está, continúan pensando que todo lo ocurrido durante los años de guerra y dictadura estuvo más que bien y que por ello, se encuentran en pleno derecho de que los Gobiernos de la Nación, acaten sumisamente sus órdenes, respetando sus exigencias y sus incomprensibles privilegios.
Anclados en un pasado que, por supuesto, les fue muy favorable y que trajo para los suyos toda suerte de parabienes, los sufrimientos de los demás, la libertad de pensamiento y expresión y los deseos de todos los demás ciudadanos, absolutamente contrarios a su pensamiento, nada importan a este puñado de esperpénticos personajes, que en el fondo añoran una segunda cruzada de liberación, no habiendo quedado, al parecer, satisfechos, con lo que ya ocurriera en la primera.
Deseamos y hasta nos atrevemos a exigir al Gobierno que proceda, a la mayor urgencia posible, a la ilegalización de estos movimientos inadmisibles y por favor, que no ceda en sus aspiraciones de exhumar el cadáver del Dictador ni tampoco en la reestructuración inmediata de este Valle maldito, pues continuar tolerando tales desmanes constituiría una  flagrante traición, no sólo a lo que pide la Sociedad de este tiempo que vivimos, sino a las mismos principios  de nuestra propia Democracia.

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