miércoles, 4 de julio de 2018

De vuelta a casa




Muchas críticas ha levantado el traslado de los presos catalanes desde las prisiones en las que estaban ubicados, a otras de su propia tierra y mucho ha dolido a PP y Ciudadanos que esta acción haya sido llevada a cabo con tal celeridad, por lo que la consideran como un pago a la ayuda prestada por los nacionalistas en la Moción de Censura, aunque Sánchez y también los separatistas, hayan negado tal acuerdo.
Los políticos, que permanecían en prisión preventiva desde hace varios meses, necesitaban sin embargo, para poder ser desplazados, el permiso del Juez Llarena, permiso que fue otorgado sin reticencias la semana pasada por el Magistrado, al considerar que al haber concluido la instrucción de sus casos, les asistía el derecho legal de elegir el lugar en el que preferían continuar su reclusión, exactamente igual, por ejemplo, como ha ocurrido recientemente con Urdangarín y su socio, por lo que parece justo que hayan escogido prisiones que se encuentran ubicadas, más cerca de sus entornos familiares, que por razones de lejanía, habían visto  dificultades hasta ahora, en la asiduidad de las visitas.
Durante el día de ayer, los presos viajaron hasta las respectivas cárceles que habían decidido con anterioridad y siendo cierto que sus compañeros nacionalistas ya les estaban preparando un clamoroso recibimiento, salpicando las carreteras de lazos amarillos, en solidaridad con el problema que están sufriendo, también lo es, que el derecho a la libre expresión les ampara en su manera de abordar este asunto, sin que ni el Gobierno, ni la Ley, puedan hacer nada para evitar estas manifestaciones de efusividad, que seguramente se irán multiplicando a diario, ahora que ya se encuentran en su propia tierra.
Que las facilidades ofrecidas para el traslado puedan ser consideradas como un gesto de buena voluntad de Sánchez, antes de su primer contacto con el President Torra, es innegable, pero también lo es que acciones como estas suelen ser muy necesarias para allanar el camino a unas futuras negociaciones, en un problema que permanecía enquistado por la intolerancia de ambas partes y que una vez llevadas a  cabo, pueden influir positivamente en el clima que reine entre los interlocutores elegidos para intentar arbitrar, por medio del diálogo, una solución satisfactoria para este conflicto que ha dividido a nuestra Sociedad, en los últimos años.
Carmen Calvo, respondía ayer mismo a los nacionalistas prometiendo un debate sincero y sin cortapisas, al menos por parte del Gobierno y sus palabras, que enojaron mayoritariamente a las derechas, por la buena disposición, dejaron a la vez, en evidencia a aquellos que se soliviantaban, como si a Catalunya ya se le hubiera  concedido la independencia, pues ha quedado muy claro que su gestión anterior del conflicto, fracasó estrepitosamente,
Dejen pues, intentar otras vías diferentes a las represivas y judiciales utilizadas por el anterior Gobierno y pierdan de vista, de una vez, las ambiciones partidistas de llegar al poder, que en el caso de los de Rivera, han quedado manifiestamente claras, antes, durante y después de todo este proceso.
El camino de la Diplomacia, que tanto hemos defendido desde estas páginas, siendo muy a menudo duramente criticados por ello, es sin embargo, como en casi todos los asuntos de dificultad extrema, el único que puede descubrir lo que realmente se esconde bajo las primeras exigencias de los interlocutores y hasta dónde puede cada uno de ellos ceder, para hallar un acuerdo que satisfaga, lo más ampliamente posible, las aspiraciones de ambas partes.
Dar una oportunidad al recién estrenado Gobierno es no sólo justo, sino necesario, pues al haber cambiado las circunstancias que se vivieron con anterioridad y ser personas bien distintas las que se sentarán en la mesa de negociaciones, puede darse y ojalá que así sea, un entendimiento final, que salde de una vez, no sólo el enfrentamiento que se ha ido creando entre catalanes y españoles, sino también, la brecha abierta entre los propios habitantes de Catalunya, que podrían imitar el ejemplo que les ofrecen sus políticos, si resulta ser bueno.
El acercamiento de presos,  que ha de ser visto como algo natural en todas  las ocasiones, parece, en esta, ser un primer paso que demuestra que las cosas están cambiando para bien y que los tiempos duros quedaron enterrados en las páginas de una historia que quizá no debió haber sucedido nunca y que fueron escritas, desde la indignación, la rabia, la incomprensión mutua y el miedo.
Partir de cero y tener voluntad de entendimiento, ha de ser primordial para los que se atreven a intentar construir un camino que facilite la convivencia entre todos, en `paz y en libertad, pero sobre todo, con grandes dosis de mutuo respeto.

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