domingo, 22 de julio de 2018

Añoranzas de un pasado glorioso



 Concluye el Congreso del PP, con una victoria aplastante del joven Pablo Casado, sobre la que fue Vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, probando que los compromisarios,  más que  desear  realmente una regeneración, añoran el pasado glorioso en el que bajo la batuta del Presidente Aznar, consiguieron aumentar considerablemente su propia riqueza y sobre todo, unos privilegios, a los que no se encuentran dispuestos a renunciar, incluso aunque haya quedado fehacientemente probado que  todo lo que ocurrió entonces ocultaba intrínsecamente una trama reiterada de corrupción, que ha salpicado a una buena parte de cargos importantes del Partido Conservador y que le ha costado a Rajoy y los suyos la vergonzosa salida dl Gobierno, a causa de la Moción de censura ganada limpiamente por la mayoría de los grupos representados en el Parlamento.
Se ha presentado Casado, como un elemento renovador que sin embargo, cimenta su triunfo sobre el apoyo del ala más recalcitrante de su Formación y como salvador inequívoco de un PP que ha naufragado, según él, aunque no se  atreva a decirlo, por las políticas desidiosas del equipo formado por el anterior Presidente y también, porque se habían estado abandonando un  buen número de las  premisas que caracterizaban, por su extrema radicalidad, a este núcleo duro que formó ese aznarismo, conocido, entre otras cosas, por su contundente oposición a leyes sociales que supusieron un avance para colectivos como el de las mujeres, con la regularización de la Ley del aborto o el de los homosexuales y transexuales, con la aprobación de los matrimonios, entre personas del mismo sexo y que provocaron una oleada de manifestaciones de los movimientos ultraconservadores en su contra, como todos recordaremos.
Pretende, con la elección de este candidato, el PP, aparecer ante los electores como un Partido nuevo, simplemente porque su líder tiene sólo 37 años y ha estado trabajándose afanosamente y muchas veces sin argumentos, el tema de la sucesión, dando la cara en momentos verdaderamente  difíciles, pero ser joven no lleva implícito en sí mismo, ser progresista, como ya ha demostrado con creces, en su primera intervención el recién elegido, al optar  por un discurso dedicado a la exaltación sin reservas de una clase de españolidad que roza peligrosamente el nacionalismo exacerbado y beato, dirigido fundamentalmente a recuperar a todos aquellos que estancados en el pensamiento ultra derechista, abandonaron el redil popular, dando origen al nacimiento de otras Formaciones, como VOX, cuyas acciones todos conocemos.
Deben pensar estos ganadores que echar la vista atrás y recuperar posiciones que antaño funcionaron, distinguiendo perfectamente las verdaderas intenciones del que entonces era el único Partido de derechas, les puede devolver un esplendor, cuyo brillo se ha ido desgastando, más que por las raíces de su ideología, por los imperdonables errores cometidos por una buena parte de estos nuevos vencedores  que ahora podrán volver a primera línea de juego, que sin embargo, no volverá jamás, pues habría que recordar que los salvadores de patrias hace ya tiempo que dejaron de ser bien vistos por una ciudanía que ha aprendido a marchas forzadas, del dolor provocado por los años de crisis y que ha elegido, libremente y sin coacción, a nuevos representantes de otras tendencias, en el Parlamento, precisamente porque lo que menos desea es un retorno a un pasado que prefiere olvidar y con el que no quisiera tener que volver a reencontrarse, por nada del mundo.
Ese pasado de “charanga y pandereta, cerrado y sacristía”, que ya describiera Machado, de banderas ondeantes en balcones e intolerancia con la diversidad, que divide a la Sociedad en bandos beligerantes irreconciliables y aumenta las tensiones sociales, llevándolas a extremismos imprevisibles, es lo que representa Casado, si se estudian uno  a uno, los rostros de los que le han aupado al poder, esperanzados en poder manejarle desde las sombras, como a una marioneta y a ser posible, sin injerencias del sector representado por Santamaría, que con toda probabilidad será exterminado sin piedad, conociendo como conocemos, el gusto por la venganza que define a la ultraderecha española.
A decir  verdad, el hecho de que finalmente se hayan caído las caretas y cada grupo político español ocupa el sitio real que le corresponde, no sólo va a favor grandemente a las izquierdas, si por una vez  la vida son capaces de mantener la unidad, frente a la fragmentación que se ha producido entre PP y Ciudadanos, sino que además, posibilita, si las políticas sociales se hacen bien, que sea posible que el progresismo permanezca en el Gobierno de esta Nación, que pese a los deseos de estos amantes del oscurantismo obsoleto, ha conseguido abrirse camino mirando hacia un futuro que se pretende como mucho más libre y mejor, dando carpetazo a esas etapas de autoritarismo feroz, que tanto parecen agradar a quiénes son incapaces de avanzar, quizá atrapados por la cerrazón de su propio pensamiento.
Personajes como Aznar, Aguirre, Soria, Mayor Oreja, Cospedal y otros muchos que han apoyado la campaña de Casado, han sido afortunadamente, borrados de la memoria de la mayoría de los ciudadanos y la naturaleza misma de las premisas que defendieron y en las que permanecen anclados, como si no hubiera pasado el tiempo, son consideradas como  un atentado contra la inteligencia y la dignidad de todos aquellos que defendemos que en la Historia hay que pasar páginas, todos los días.
 Los oropeles del pasado quedaron oxidados a causa de los efectos nocivos de la corrosión que produjo en ellos el conocimiento de la auténtica realidad y no existe en el mundo producto mágico que pueda devolverles el esplendor, pues resultaron ser absolutamente falsos, bajo la primera capa de brillo que los hacía resplandecer, como si fueran oro puro, bajo el sol abrasador de otra época.


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