Se
ha presentado Casado, como un elemento renovador que sin embargo, cimenta su
triunfo sobre el apoyo del ala más recalcitrante de su Formación y como
salvador inequívoco de un PP que ha naufragado, según él, aunque no se atreva a decirlo, por las políticas desidiosas
del equipo formado por el anterior Presidente y también, porque se habían estado
abandonando un buen número de las premisas que caracterizaban, por su extrema
radicalidad, a este núcleo duro que formó ese aznarismo, conocido, entre otras
cosas, por su contundente oposición a leyes sociales que supusieron un avance
para colectivos como el de las mujeres, con la regularización de la Ley del
aborto o el de los homosexuales y transexuales, con la aprobación de los
matrimonios, entre personas del mismo sexo y que provocaron una oleada de
manifestaciones de los movimientos ultraconservadores en su contra, como todos
recordaremos.
Pretende,
con la elección de este candidato, el PP, aparecer ante los electores como un
Partido nuevo, simplemente porque su líder tiene sólo 37 años y ha estado
trabajándose afanosamente y muchas veces sin argumentos, el tema de la sucesión,
dando la cara en momentos verdaderamente difíciles, pero ser joven no lleva implícito
en sí mismo, ser progresista, como ya ha demostrado con creces, en su primera
intervención el recién elegido, al optar por un discurso dedicado a la exaltación sin
reservas de una clase de españolidad que roza peligrosamente el nacionalismo
exacerbado y beato, dirigido fundamentalmente a recuperar a todos aquellos que
estancados en el pensamiento ultra derechista, abandonaron el redil popular,
dando origen al nacimiento de otras Formaciones, como VOX, cuyas acciones todos
conocemos.
Deben
pensar estos ganadores que echar la vista atrás y recuperar posiciones que
antaño funcionaron, distinguiendo perfectamente las verdaderas intenciones del
que entonces era el único Partido de derechas, les puede devolver un esplendor,
cuyo brillo se ha ido desgastando, más que por las raíces de su ideología, por
los imperdonables errores cometidos por una buena parte de estos nuevos
vencedores que ahora podrán volver a
primera línea de juego, que sin embargo, no volverá jamás, pues habría que
recordar que los salvadores de patrias hace ya tiempo que dejaron de ser bien
vistos por una ciudanía que ha aprendido a marchas forzadas, del dolor
provocado por los años de crisis y que ha elegido, libremente y sin coacción, a
nuevos representantes de otras tendencias, en el Parlamento, precisamente
porque lo que menos desea es un retorno a un pasado que prefiere olvidar y con
el que no quisiera tener que volver a reencontrarse, por nada del mundo.
Ese
pasado de “charanga y pandereta, cerrado y sacristía”, que ya describiera
Machado, de banderas ondeantes en balcones e intolerancia con la diversidad, que
divide a la Sociedad en bandos beligerantes irreconciliables y aumenta las
tensiones sociales, llevándolas a extremismos imprevisibles, es lo que
representa Casado, si se estudian uno a uno,
los rostros de los que le han aupado al poder, esperanzados en poder manejarle
desde las sombras, como a una marioneta y a ser posible, sin injerencias del
sector representado por Santamaría, que con toda probabilidad será exterminado
sin piedad, conociendo como conocemos, el gusto por la venganza que define a la
ultraderecha española.
A
decir verdad, el hecho de que finalmente
se hayan caído las caretas y cada grupo político español ocupa el sitio real
que le corresponde, no sólo va a favor grandemente a las izquierdas, si por una
vez la vida son capaces de mantener la
unidad, frente a la fragmentación que se ha producido entre PP y Ciudadanos,
sino que además, posibilita, si las políticas sociales se hacen bien, que sea
posible que el progresismo permanezca en el Gobierno de esta Nación, que pese a
los deseos de estos amantes del oscurantismo obsoleto, ha conseguido abrirse
camino mirando hacia un futuro que se pretende como mucho más libre y mejor,
dando carpetazo a esas etapas de autoritarismo feroz, que tanto parecen agradar
a quiénes son incapaces de avanzar, quizá atrapados por la cerrazón de su
propio pensamiento.
Personajes
como Aznar, Aguirre, Soria, Mayor Oreja, Cospedal y otros muchos que han
apoyado la campaña de Casado, han sido afortunadamente, borrados de la memoria
de la mayoría de los ciudadanos y la naturaleza misma de las premisas que
defendieron y en las que permanecen anclados, como si no hubiera pasado el
tiempo, son consideradas como un
atentado contra la inteligencia y la dignidad de todos aquellos que defendemos
que en la Historia hay que pasar páginas, todos los días.
Los oropeles del pasado quedaron oxidados a causa
de los efectos nocivos de la corrosión que produjo en ellos el conocimiento de
la auténtica realidad y no existe en el mundo producto mágico que pueda
devolverles el esplendor, pues resultaron ser absolutamente falsos, bajo la
primera capa de brillo que los hacía resplandecer, como si fueran oro puro,
bajo el sol abrasador de otra época.

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