domingo, 8 de julio de 2018

Cara a cara




Terminadas las votaciones de los militantes del PP y despejadas las incógnitas sobre quiénes serían los vencedores y sobre todo los vencidos, Soraya Sainz de Santamaría y Pablo Casado se han quedado el uno frente al otro, evidenciando sus más que visibles diferencias y viéndose obligados a iniciar una carrera sin retorno, para tratar de convencer a los compromisarios de que merece la pena apoyar las candidaturas que representan y con ellas, unos programas que distan mucho de parecerse, aunque ambos pertenezcan a un mismo Partido.
Esta segunda vuelta, que roba todo el protagonismo que supuestamente se había ofrecido a una militancia, cuya voz queda ahora totalmente anulada por la opinión de estos compromisarios, todos ellos pertenecientes al aparato del Partido, podría, sin embargo, cambiar sustancialmente las preferencias expresadas por la gente en los comicios del pasado viernes, ofreciendo a Casado, que quedó en un segundo puesto, por detrás de la ex Vicepresidenta, la oportunidad de convertirse en el máximo representante  de la Formación conservadora y por ende, en candidato a la Presidencia del País, cuando llegue el momento.
Aunque ha sido Santamaría quién ha levantado mayor simpatía entre la gente de a pie, quizá como compensación a la tenacidad demostrada en los momentos más difíciles, en los que siempre ha dado la cara, en sustitución de un desaparecido Mariano Rajoy, su mala gestión del asunto catalán y su manifiesta enemistad con el ala más recalcitrante del PP y muy especialmente, con María Dolores de Cospedal y Margallo, podrían propiciar que todos los apoyos con que contaban estos candidatos y los de aquellos que permanecen fieles a las posiciones preconizadas por  Aznar y Aguirre, se concentren a favor de Casado, que no parece dispuesto, si finalmente resultara vencedor, a plegarse a ninguna de las exigencias de los partidarios de su oponente.
Probablemente por eso y porque Santamaría ya se ha pronunciado a favor de una candidatura unitaria encabezada por ella misma, como ganadora de la primera vuelta, se empieza a hablar, cada vez con más fuerza de que pudiera `producirse en breve un cisma en el PP, pues se considera que Casado sería proclive a protagonizar una derechización del Partido, que vuelva a traer al redil a todos aquellos que lo abandonaron, francamente enojados por las políticas seguidas durante años `por Rajoy y Santamaría, con  las que en numerosas ocasiones, han manifestado su descontento.
Así que a los sectores más liberales, no les quedaría otro remedio que aceptar esta regresión a tiempos pasados o abandonar las filas de la Formación, en la que con toda seguridad serían relegados a lugares sin importancia en los que perderían todos sus privilegios o quizá, una tercera opción que sería la de incorporarse  a las listas de Albert Rivera, en las que seguramente serían recibidos de buen grado, pues traerían con ellos los votos de aquellos que les apoyaron, haciendo crecer las expectativas de la Formación naranja, considerablemente.
Mientras este embrollo se aclara, los candidatos principales andan de acá para allá, frenéticamente nerviosos e intentando hacer algo a lo que nunca estuvieron acostumbrados y que no es otra cosa que practicar el arte de la negociación y tratan, a la desesperada, de imponerse el uno sobre el otro, sabiendo que lo que se juega en esta partida no es sólo un cargo de representación, sino la continuidad, como tal, de todo el Partido y las líneas de actuación políticas a seguir, a partir de ahora, de cara a las Elecciones generales que se celebrarán, como mucho, dentro de sólo un par de años.
Así que la regeneración de que tanto se viene hablando estos días no parece que pueda llegar a ser efectiva de ninguna de las maneras, pues si vence Soraya, significaría una continuidad con las propuestas ya conocidas que Rajoy llevaba en cartera y si lo hace Casado, más que regeneración sería una vuelta al ideario ultraconservador que defendiera Aznar cuando fue Presidente y que incluso se ha ofrecido a apoyar, si llegado el caso, así se lo requirieran.
Cara a cara, Santamaría y Casado, andan, como en el cuadro de Goya, a garrotazos, con las piernas enterradas en el terreno pantanoso en el que se ha estado moviendo su Partido y siendo tragados por él, sin que por el momento, haya remedio.
La enorme sombra de los fantasmas de la corrupción y la terrible lucha interna que llevan años protagonizando las facciones conservadoras, acabarán por tragárselos, sea quien sea el vencedor,  para beneficio de Ciudadanos. Y si no, al tiempo.

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