lunes, 9 de julio de 2018

Orgullo sin prejuicios




Se celebra la fiesta anual del Orgullo en un Madrid magníficamente engalanado para la ocasión y  en un clima de absoluta distensión, los seres humanos diversos que constituimos la sal de este maravilloso mundo, nos mezclamos sin cortapisas ni prejuicios que condicionen nuestras  acciones, demostrando que la libertad es uno de los bienes más preciados que poseemos y que debemos luchar por conservarla, lejos de radicalismos obsoletos y beaterías de otro tiempo.
Fluye un ambiente de distensión en el que caben todas las opciones y no sólo sexuales que puedan albergar íntimamente las personas y se hace de la alegría, un himno alentador  que llena las calles y las plazas de reivindicaciones por conseguir y también de agradecimiento hacia todos los viejos luchadores y luchadoras que iniciaron una durísima batalla contra un sistema que los condenaba simplemente, por ser distintos y que fueron construyendo un camino hacia la igualdad, por el que hoy se puede, afortunadamente, transitar, aunque falten aún tramos que completen la gran obra que ha representado su dolor y su sacrificio.
Una vez allí dentro, una se da cuenta de lo difícil que resulta establecer diferencias entre los presentes y          que el odio que algunos guardan en el corazón, ha de provenir necesariamente de un problema psicológico creado por los propios individuos, pues la similitud entre nosotros es tal, que resultamos ser idénticos, cada uno con nuestra identidad y es precisamente la diversidad de opinión, pensamiento o sentimientos, lo que hace del mundo un lugar mucho más atractivo en el que  vivir y al que estamos  orgullosos de pertenecer, como un  género humano, cada vez más tolerante e inteligente.
Ver y oír a Manuela Carmena en el escenario, tras el espléndido desfile de carrozas, nos recordó inevitablemente a los más mayores, los discursos pronunciados durante la movida madrileña por Tierno Galván y aquella frase que quedó en el recuerdo, de “Aquí cabemos todos o no cabe ni Dios” se hizo presente entre los asistentes, viva cómo si hubiera sido pronunciada ayer y a la  vez, categórica, por la firmeza de principios de este colectivo admirable que continúa la batalla por ganar derechos aún no reconocidos.
Sin incidentes destacables y aportando, por cierto, una buena cantidad de dinero procedente de los miles de turistas que acuden cada año a la fiesta, para el Ayuntamiento de Madrid, se podría decir que todo transcurrió incluso mejor que como estaba previsto y que la gente en general, hermanada y sin reservas con los que les rodeaban, disfrutó profundamente de un ambiente de calidad ciudadana, que ofreció un ejemplo a seguir, a cualquier otro país del mundo.
El barrio de Chueca, que se ha convertido en un referente para todos los colectivos LGTBI del mundo entero, estuvo, entregado en cuerpo y alma a complacer la estancia de los miles de visitantes que se movieron por sus calles admirando la belleza que se ha creado en este lugar, consiguiendo la admiración plena de todos aquellos que lo visitaban por primera vez y la promesa de volver de los que ya son habituales todos los años y que en general, suelen sentir tristeza cuando tienen que abandonarlo, pues es para ellos y para nosotros también, un sitio idílico.
Magnífica la labor del Ayuntamiento, al que se le nota un aire bien diferente al que se respiraba bajo el mando de Aguirre y también el apoyo del Gobierno de Sánchez, representado por los Ministros Marlaska y Pontón, en la cabecera de la pancarta principal, que dieron cuenta de su compromiso con esta causa, como ha venido siendo habitual, desde los tiempos de Zapatero.
Hubo, un recuerdo emocionado a Pedro Cerolo, luchador incansable, tempranamente desaparecido, al que muchos añoramos y continuamos admirando, a pesar del paso del tiempo, pero su esencia, seguramente, estaba allí, pues lo que estaba ocurriendo representaba sin lugar a dudas, la culminación de todos sus sueños,  que no eran otros, que los sueños de todos aquellos amantes sin reservas de la libertad y que cuando nos reunimos, en alguna ocasión como ésta, solemos emanar una especie de halo de felicidad que nos distingue perfectamente de quienes prefieren permanecer anclados a esa terrible oscuridad que impide abrir la mente para disfrutar de la diversidad que convierte en hermosa la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario