jueves, 28 de junio de 2018

Negociar es ceder




Parece que la visita de Pablo Iglesias a Catalunya  y sus posteriores presuntos contactos con Sánchez, han empezado a dar sus frutos y la maquinaria del Estado se ha puesto en marcha, intentando y consiguiendo que el Juez LLarena no ponga obstáculos al acercamiento de los presos separatistas a su tierra, dando la impresión de que la negociación se ha iniciado, aún antes de que el Presidente español y Torra, se hayan reunido.
La derecha no ha tardado en criticar con dureza esta medida, alegando sin pudor que Sánchez  está pagando el apoyo que los separatistas le prestaron durante la pasada Moción de censura, olvidando que mientras ellos gobernaban, el problema se había enquistado haciendo crecer hasta límites insospechados la crispación,  sin que fueran capaces de arbitrar una solución que suavizara en modo alguno, el clima de inestabilidad que se estaba gestando entre los ciudadanos de la sociedad catalana y la española, insosteniblemente.
La poca práctica en el arte de la negociación que ha caracterizado tradicionalmente a la derecha, acostumbrada como estaba a gobernar con mayoría absoluta o como en la pasada legislatura, con los apoyos de un Partido de ideología muy similar a la suya, aunque maquillado con aires supuestamente nuevos, hace que cualquier proceso de diálogo que pueda abrirse, en éste o en cualquier otro tema, les parezca necesariamente una traición a esos principios fundamentales y líneas rojas que durante años han estado fomentando y trazando de manera tajante e inamovible, como si sus opiniones fueran dogmas que no pueden ser cuestionados por nadie, porque para ellos se han convertido en incontrovertibles certezas.
Pero se da la circunstancia de que en cualquier Democracia que se precie, el diálogo entre fuerzas antagónicas suele ser una necesidad de primer orden y algo natural en el devenir cotidiano de la vida política, pues en problemas de gravedad, similares al que constituye ahora mismo el asunto catalán, sería obligatorio agotar todas las vías que ofrece la diplomacia, antes de tener que recurrir a otras medidas más contundentes o circunscribirlo todo a la vía judicial, como ha solido hacer el PP, mientras que ha conservado el bastón de mando, ocupando el poder.
Para los bisoños en esta materia, como es el caso de los populares y los de Rivera, la primera regla de cualquier tipo de negociación es tener la voluntad de ceder y  en todos los encuentros entre interlocutores que se han producido desde siempre en el mundo y que se han culminado con éxito, las concesiones por ambas partes, hasta hallar un equilibrio final, han sido, son y serán, la única manera de lograr determinados acuerdos y una buena forma de comenzar a caminar con buen pie por esta senda, podría ser ofrecer algún gesto de buena voluntad, que constituiría, en este caso en particular, una señal de que se ha roto definitivamente con las líneas que se habían seguido en el pasado y que, en cierto modo, se parte de otras premisas bien diferentes a las  aconsejadas por el Gobierno anterior y sus socios, sugiriendo a la otra parte también, deshacerse de esos malos recuerdos, que podrían influir negativamente, en el desarrollo de los encuentros que ahora comienzan, con una sintonía bien diferente.
Ha debido influir también y mucho, el hecho de que recientemente se haya ofrecido a Iñaki Urdangarín y su socio, condenados por el caso Noos, la posibilidad de elegir el Centro Penitenciario en el que querían cumplir sus penas, creando con respecto a estos políticos catalanes, a nivel judicial, una especie de agravio comparativo, que perjudicaría gravemente a los segundos ya que permanecen ingresados en lugares alejados de su entorno familiar, influyendo esta circunstancia negativamente en la posibilidad de ser visitados más a menudo por sus allegados, como sería, al no tratarse de  criminales peligrosos y estar en prisión preventiva, de recibo.
Así que al margen  de los pensamientos de la derecha y especialmente de Ciudadanos, que mira con estupefacción cómo podría escapársele la oportunidad de llegar al poder, si la izquierda lograra finalmente hallar una solución para el conflicto de Catalunya, parece al menos, que el punto muerto al que se había llegado en este asunto mientras Gobernaba Rajoy, ha sido puntualmente y sin tardanza, abandonado, dándose por inaugurada una nueva etapa que devuelve la ilusión a la gente, queriendo dejar  claro, que la negociación es posible.
Ofrecer a catalanes y españoles la posibilidad de una reconciliación, que suavice los efectos devastadores de la profunda brecha que entre ellos ha quedado abierta, en los últimos tiempos, constituye ya de por sí, una hazaña titánica que si no se tuerce por el empecinamiento y la indolencia de alguna de las partes, podría sentar las bases de un futuro proyecto que se saldará, finalmente, sin vencedores ni vencidos.
Los independentistas, en principio, han recibido la noticia, al parecer,  con un entusiasmo contenido, pues de todos es sabido que lo que verdaderamente les hubiera gustado es que su gente hubiera sido puesta en libertad, pero esa opción queda reservada al criterio de los jueces y en eso, nada puede ni debe hacer el Ejecutivo español, si es cierto que desea respetar sin fisuras, la independencia de la justicia.
Ahora, toca a Torra y a su Gobierno plantearse alguna primera concesión, en el inicio de las negociaciones y todos los que siempre creímos en que esta era la vía para encontrar puntos de coincidencia, sólo deseamos que no cometa el mismo error que cometieran  los anteriores interlocutores y que con perseverancia, paciencia y buena voluntad, puedan empezar a limarse asperezas, ya en la primera de las reuniones que mantenga con Sánchez, cara a cara y sin que medien intenciones ocultas, ni por una ni por otra parte.

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