jueves, 7 de junio de 2018

El Gobierno de la esperanza



A las diez de esta misma mañana, los miembros de este particular Gobierno formado por Pedro Sánchez tomaban posesión de sus cargos ante el Rey y se iniciaba el habitual cambio de carteras que tanto juego ofrece a los medios de comunicación, por la comunicación oral y gestual que ofrecen los Ministros entrantes y salientes y que resulta ser un trámite necesario para que se vuelva a poner en marcha la maquinaria del Estado, que se paró la semana pasada, cuando sorpresivamente, los socialistas ganaron la Moción de Censura que habían puesto contra el Presidente Rajoy  y el Partido que aún representa.
En la tarde de ayer, Pedro Sánchez sorprendía a los ciudadanos con la composición de un Ejecutivo formado, por primera vez en nuestra Historia, por una amplia mayoría de mujeres y sobre todo, por la magnífica preparación que en su área acreditan todos y cada uno de los nominados, y que han gustado, en general a la mayoría, con algunas excepciones ya expresadas, por los independentistas catalanes y Podemos.
Ha cumplido el nuevo Presidente, con creces, su promesa de apostar por la paridad y la impresión que nos deja, como ya avanzáramos con anterioridad, es la de que su intención  primordial ha sido la de construir un Gabinete de conciliación, que no parece haber sido diseñado para durar sólo unos cuantos meses, sino con las miras puestas en poder ganar, sin discusión, las próximas elecciones, en cuanto se celebren.
Este Gobierno, formado mayoritariamente por mujeres, en el que han llamado la atención los nombres y personalidades de algunos de sus componentes, como el de Pedro Duque, el Juez grande Marlasca o Maxim Huertas, parece sin embargo, minuciosamente estudiado para atraer la atención de los electores, haciendo un guiño a varios colectivos que en estos momentos se encuentran en lucha y con cuyos problemas, se ha comprometido, personalmente, con anterioridad el Presidente entrante, asegurando que haría cuanto estuviera en su mano para encontrarles solución , cosa que no parece fácil de conseguir contando solamente con el apoyo de 84 diputados, pero que podría conseguirse, si se sabe arbitrar  una vía de negociación permanente, con otras fuerzas del Parlamento.
De momento, los independentistas catalanes no parecen nada satisfechos con el nombramiento de Josep Borrell, como Ministro de Asuntos Exteriores,  sabiendo como saben que el viejo socialista ha manifestado en varias ocasiones su oposición total al movimiento separatista y temiendo seguramente, que el peso político que se le adjudica en Europa, jugará en contra de la popularidad de que ahora gozan los exiliados relacionados con el Process, empezando por Puigdemont, cuyas tesis podrían empezar a resentirse, si se ve obligado a enfrentarse a las  que defiende este Ministro entrante, al que todos adjudican un conocimiento serio y profundo, de la auténtica realidad europea.
Pedro Sánchez, paga con su nombramiento, una deuda personal que tenía con quien le prestara, incondicionalmente su apoyo, en los que fueran sus peores momentos y cubre a la vez, el cupo intergeneracional que prometió en cuanto gano la Moción a Rajoy, prefiriéndole a otros Barones  que permanecen anclados en un pasado que ha quedado absolutamente obsoleto, pretendiendo de este modo que todos ellos entiendan que aquella etapa ya no volverá y que se abre un tiempo nuevo  en el que el socialismo español apuesta por posiciones mucho menos conservadoras que las que ha venido defendiendo la vieja guardia, encabezada por una Susana Díaz que ha perdido definitivamente la batalla, junto al resto de sus fieles compañeros.
Exactamente lo mismo ocurre con Carmen Calvo, cuya lealtad y entrega ha sido premiada con una Vicepresidencia y la recuperación de un Ministerio de Igualdad, que había desaparecido injustamente durante el mandato del anterior Gobierno y que siempre fue una luchadora impenitente por los derechos de las mujeres, cuyo futuro no puede contemplarse del mismo modo, desde los acontecimientos ocurridos el pasado ocho de Marzo, en todas las ciudades, de este país nuestro.
Otro nombre que ha suscitado una enorme polémica, ha sido, como no podía ser de otra manera, el del Juez Grande Marlaska, que fue aupado al Poder judicial por el PP, que archivó, en dos ocasiones, el caso del Yak 42, no sabemos si por presiones, o por propio convencimiento y que alcanzó su mayor auge de popularidad cuando ordenó el encarcelamiento de Otegui, que se ha apresurado a recordar su enfrentamiento con él, en cuanto la ocasión se lo ha permitido.
Pablo Iglesias ya ha manifestado que a Podemos le desagrada este nombramiento, al considerar como un hándicap el conservadurismo que se atribuye a este juez y quizá como a muchos de nosotros, le hubiera complacido mucho más, que el elegido hubiera sido un personaje humillado y denostado constantemente por los populares durante su mandato, como es Baltasar Garzón, al que la sentencia de la Gurtel, por cierto, acaba de dar la razón, aunque permanezca inhabilitado aún, para ejercer su cargo, injustamente.
Este no llover a gusto de todos, es sin embargo, perfectamente asumible para la gente de a pie, en general, porque este Gobierno en franca minoría, que ha llegado legalmente al poder, aunque sin haber ganado unas elecciones, debe caminar por la cuerda floja que se mueve bajo sus pies, con extrema delicadeza, pues representa, para una gran parte de esta sociedad tan diversa, un Ejecutivo de esperanza, cuyos cimientos necesitan ser asentados a base de mucha mano izquierda, pues podrían ser dinamitados a la menor ocasión, por los deseos demostrados de venganza que alberga esta derecha dividida y despechada, incapaz de haber digerido aún, el modo en que se les ha arrebatado un poder, que creían tener asegurado, para varias décadas venideras.
Hay pues, que ofrecerle a Sánchez la oportunidad de ponerse en macha, sopesando si finalmente consigue más aciertos que errores, en esta andadura que le aguarda y en la que tendrá que recurrir a los pactos obligatoriamente y no parece el momento indicado para empezar a quebrar una unidad que tanto esfuerzo ha costado conseguir, sin haber dado tiempo al tiempo.
Los currículos de los nuevos Ministros hablan por sí solos de los méritos personales de cada uno y la indiscutible preparación que poseen, obtenida en casi todos los casos, por cierto, a  través de la Educación pública y que causa, una cierta sensación de orgullo, en todos aquellos viejos luchadores que hemos contribuido, con nuestra batalla constante, a tales éxitos.
Mientras se abre la guerra sucesoria en un PP mortalmente herido en lo más profundo de su esencia, los recién llegados manifiestan públicamente y sin reservas, la ilusión ilimitada que ponen en este nuevo proyecto.
Poe ellos y sobre todo por nosotros, ojalá y tengan mucha suerte.


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