A las siete de la tarde de ayer, Maxim Huerta, que había sido
nombrado hace apenas una semana, Ministro de Cultura por Pedro Sánchez,
presentaba su dimisión, sólo unas horas después de que se publicara en la prensa que había
tenido un problema con Hacienda, ofreciendo una lección de pundonor a todos aquellos
que durante años, aún habiendo sido
imputados por gravísimos casos de corrupción, se habían aferrado a los cargos
que ocupaban, hasta que la contundencia de los delitos de que se les acusaba y
la presión popular, les había obligado a abandonar de mala manera y por
supuesto, sin haber admitido jamás, la verdad de los hechos.
Visiblemente emocionado y solo, ante unos medios, que por su
profesión, está acostumbrado a manejar, Huerta anunciaba su marcha alegando que
no deseaba en absoluto perjudicar el proyecto de Sánchez y declarándose un enamorado
de la Cultura que sin embargo, podía comprender que es absolutamente necesario retirarse a tiempo,
a la vez que confesaba que desde hace ya muchos años sus cuentas con Hacienda
están saldadas y que se había sentido como una víctima de la persecución de una
jauría, en clara alusión a la ira demostrada durante todo el día por líderes de PP y Ciudadanos,
que reclamaban a Sánchez un cese fulminante que no llegó a producirse,
afortunadamente.
Apenas una hora después, José Girao, el que fuera Director del
Museo de Arte Reina Sofía, era nombrado como sucesor del Ministro saliente,
dejando la sensación de que las cosas habían empezado a cambiar, pues el
problema quedaba resuelto, en menos de veinticuatro horas.
No obstante, esto no pareció ser suficiente para los representantes del PP y a
primera hora de la noche, Rafael Hernando, al que todos conocemos por la
virulencia de sus intervenciones, cuando se trata de criticar las posturas de
sus adversarios políticos, amenazaba con llevar a cabo una profunda
investigación sobre el resto de los miembros del nuevo Gobierno, insinuando, cuando existen tantos
motivos para callar, que Podría no ser Huerta el único que tuviera que marcharse
apresuradamente y achacando a la urgencia de Sánchez por llegar al poder, la
elección de estos Ministros, a los que directamente se refirió, con un más que
evidente desprecio.
Por supuesto, obvió hacer mención a la sentencia de la rama
de la Gurtel valenciana, conocida en la víspera y que considera probada la financiación
ilegal del Partido al que pertenece en aquella Autonomía, fehacientemente.
Es verdad que ayer mismo, desde estas páginas, nos apresurábamos
a pedir la dimisión de Huerta, como algo imprescindible, para que el gobierno
pudiera conservar su pretendida imagen de limpieza, pero la velocidad con que
se sucedieron los hechos y la dignidad con la que el ya ex Ministro se retiraba,
sin hacer siquiera el intento de defender su inocencia, nos inclinaron a pensar
que los tiempos que hemos empezado a vivir nada tendrán que ver con los que
hemos soportado en nuestro pasado reciente, lo que nos lleva a conservar la
esperanza de que todo puede cambiar, si arbitran los medios precisos, para
poder hacerlo.
No tiene Hernando, autoridad moral para dar lecciones de
ética a nadie, si se tienen en cuenta las situaciones que hemos vivido a través
de los medios, con todos y cada uno de los acusados o imputados por delitos monetarios,
a lo largo de muchos años y en todos los rincones de este país, por lo que el
ataque frontal emprendido ayer contra Sánchez, por este defensor de causas indefendibles,
que después han sido directamente catalogadas por la justicia resultó ser
inadmisible y menos aún, para exigir dimisiones a nadie, en vista de que esa
palabra no ha tenido jamás cabida en el diccionario manejado por el PP y por él
mismo, durante todos los años que han permanecido en el poder.
La rabia por haberlo perdido, de la manera que lo han hecho,
es tan evidente, que la sensación de no poder soportar lo que les está
ocurriendo, se manifiesta en cada palabra, de cada frase, que han estado saliendo
de sus labios, en los últimos días, sin pararse a pensar que con la historia
que traen detrás, se rompen en mil pedazos, todos sus argumentos.
Harían muy bien Hernando y sus correligionarios en centrar
exclusivamente su atención en estos momentos, en la terrible guerra de sucesión
que tienen abierta en su propio Partido y en tratar de enderezar, si es que
fuera posible, la mala imagen y el horrible sabor de boca que ha dejado en los ciudadanos
su paso por el poder, dando por sentado que su credibilidad ha quedado, para
mucho tiempo, reducida a cenizas y que sus intervenciones ante los medios no
pueden, sino mover a hilaridad, sobre todo si uno se para a comparar la
naturaleza de unos y otros comportamientos.
Nada hay peor que no saber aceptar una derrota, sobre todo
cuando uno se niega a tomar nota de sus errores, cometiendo la imperdonable
torpeza de exigir a otros, lo que nunca fue capaz de hacer, al encontrarse en
situaciones parecidas, en similares
momentos,

No hay comentarios:
Publicar un comentario