Mientras
los candidatos a la Presidencia del PP inician
la tormentosa Campaña que les queda por delante, asumiendo cada cual el papel
que les ha tocado representar , en este primer acercamiento a la democracia
interna que están ejercitando sin
ninguna experiencia, Pedro Sánchez, ya con porte de Presidente, inicia una gira
por Europa que tiene como fin, entre otras muchas cuestiones, tratar de
encontrar una solución al gravísimo problema migratorio que afecta,
principalmente, a los países del sur, pero que ciertamente, nos concierne a
todos, pues es de humanidad procurar un acogimiento digno a estas personas que
vienen huyendo de la violencia y la miseria y de solidaridad, que los países repartan
equitativamente su estancia, pues su número aumenta y no sería justo que sólo
unos cuántos cargáramos con los gastos adicionales que su llegada representa.
Tras
reunirse con Macron en Francia, anteayer y habiendo, aparentemente, acercado
posturas con los representantes del Ejecutivo galo, parecía imprescindible
tomar contacto con Ángela Merkel, que como todos sabemos, se ha convertido en
la lideresa más importante de Europa, para procurar una mediación, fundamentalmente,
con el recién estrenado Primer Ministro italiano, que sigue firme en su idea de
cerrar sus fronteras y que hace un par de días negó de nuevo su ayuda a otro
barco, que tuvo que ser abastecido de víveres por Malta, al encontrarse en una
situación de riesgo, prácticamente inasumible.
Debió
pensar el italiano que al haber acogido España al Aquarius hace sólo unas
semanas, esta acción podría convertirse en costumbre, librándole de la parte de
responsabilidad que le corresponde, como nación perteneciente a la Comunidad,
aunque olvidando, quizá de manera consciente, que a nuestras costas llegan a
diario innumerables pateras, por otras vías, cuyos ocupantes están saturando,
hasta convertirlos en ingobernables, los Centros de acogimiento.
Habrá
que pensar que pertenecer a la Comunidad significa, para todos sus miembros hacerlo,
en los buenos y en los malos momentos y que si Italia pretende continuar formando parte de este Club,
no le quedará más remedio que aceptar las normas vigentes y que en ningún caso
incluyen, que se sepa, el cierre de fronteras, por lo que queda en manos de los
demás miembros de la Unión, permitir o no que esta medida ciertamente xenófoba
y que atenta directamente, contra los derechos humanos, pueda convertirse en hábito,
en este país, al que no parecen importar, en absoluto , los principios para los
que la Comunidad fue creada, ni la disconformidad con su postura que han
demostrado, por activa y por pasiva, el resto de miembros.
Dada
la ideología de este individuo, que se hecho con el poder en Italia y cuyas
actitudes están resultando ser peligrosas, por su similitud con las del
fascismo, no vendría mal que la Unión le pusiera los puntos sobre las ies y que le fueran impuestas graves sanciones o
hasta que se se estudiara su expulsión de la Comunidad , si es que está dispuesto
a mantener, como inalterable, el cierre de sus fronteras.
Antes
de que eso pueda llegar a ocurrir, Markel, Sánchez y Macron están intentando
dialogar para arbitrar una solución al problema, pero mucho nos tememos, que la
cerrazón de pensamiento del italiano puede poner muchas trabas y también exigir
ciertos privilegios, a cambio de ceder, si es que ha considerado siquiera esta
opción, dada su manifiesta acritud, hacia estos seres desamparados que llaman a
las puertas de nuestro Continente, como si éste fuera el paraíso.
No
debe recordar, o quizá no le interesa hacerlo, que sus propios compatriotas han
sido tradicionalmente emigrantes que han formado extensas colonias, en muchos
países del mundo y que allí donde llegaron, se les ofreció la oportunidad de
luchar para obtener una vida mejor, pues nadie sale de su tierra si la
situación le es favorable, como todos los seres racionales, sabemos.
Qué
flaca es la memoria, cuando los escenarios se revierten perjudicándonos
directamente a nosotros y conduciéndonos a caminos que otros ya anduvieron
antes, con dignidad y con entereza y qué necesario sería cultivar el arte del
recuerdo, para entender, aunque sólo sea por razón de humanidad, que nadie
puede ni debe ser abandonado a su suerte, pues la grandeza de las naciones y de
los que las habitan está precisamente, en saber compartir lo poco o lo mucho
que se tiene, con todos aquellos que lo necesitan, independientemente de su origen,
raza, género u opinión, como marca el principio de igualdad, por el que todos
tácitamente, nos regimos.

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