lunes, 25 de junio de 2018

La gira europea




Mientras  los candidatos a la Presidencia del PP inician la tormentosa Campaña que les queda por delante, asumiendo cada cual el papel que les ha tocado representar , en este primer acercamiento a la democracia interna  que están ejercitando sin ninguna experiencia, Pedro Sánchez, ya con porte de Presidente, inicia una gira por Europa que tiene como fin, entre otras muchas cuestiones, tratar de encontrar una solución al gravísimo problema migratorio que afecta, principalmente, a los países del sur, pero que ciertamente, nos concierne a todos, pues es de humanidad procurar un acogimiento digno a estas personas que vienen huyendo de la violencia y la miseria y de solidaridad, que los países repartan equitativamente su estancia, pues su número aumenta y no sería justo que sólo unos cuántos cargáramos con los gastos adicionales que su llegada representa.
Tras reunirse con Macron en Francia, anteayer y habiendo, aparentemente, acercado posturas con los representantes del Ejecutivo galo, parecía imprescindible tomar contacto con Ángela Merkel, que como todos sabemos, se ha convertido en la lideresa más importante de Europa, para procurar una mediación, fundamentalmente, con el recién estrenado Primer Ministro italiano, que sigue firme en su idea de cerrar sus fronteras y que hace un par de días negó de nuevo su ayuda a otro barco, que tuvo que ser abastecido de víveres por Malta, al encontrarse en una situación de riesgo, prácticamente inasumible.
Debió pensar el italiano que al haber acogido España al Aquarius hace sólo unas semanas, esta acción podría convertirse en costumbre, librándole de la parte de responsabilidad que le corresponde, como nación perteneciente a la Comunidad, aunque olvidando, quizá de manera consciente, que a nuestras costas llegan a diario innumerables pateras, por otras vías, cuyos ocupantes están saturando, hasta convertirlos en ingobernables, los Centros de acogimiento.
Habrá que pensar que pertenecer a la Comunidad significa, para todos sus miembros hacerlo, en los buenos y en los malos momentos y que si Italia  pretende continuar formando parte de este Club, no le quedará más remedio que aceptar las normas vigentes y que en ningún caso incluyen, que se sepa, el cierre de fronteras, por lo que queda en manos de los demás miembros de la Unión, permitir o no que esta medida ciertamente xenófoba y que atenta directamente, contra los derechos humanos, pueda convertirse en hábito, en este país, al que no parecen importar, en absoluto , los principios para los que la Comunidad fue creada, ni la disconformidad con su postura que han demostrado, por activa y por pasiva, el resto de miembros.
Dada la ideología de este individuo, que se hecho con el poder en Italia y cuyas actitudes están resultando ser peligrosas, por su similitud con las del fascismo, no vendría mal que la Unión le pusiera los puntos sobre las ies y  que le fueran impuestas graves sanciones o hasta que se se estudiara su expulsión de la Comunidad , si es que está dispuesto a mantener, como inalterable, el cierre de sus fronteras.
Antes de que eso pueda llegar a ocurrir, Markel, Sánchez y Macron están intentando dialogar para arbitrar una solución al problema, pero mucho nos tememos, que la cerrazón de pensamiento del italiano puede poner muchas trabas y también exigir ciertos privilegios, a cambio de ceder, si es que ha considerado siquiera esta opción, dada su manifiesta acritud, hacia estos seres desamparados que llaman a las puertas de nuestro Continente, como si éste fuera el paraíso.
No debe recordar, o quizá no le interesa hacerlo, que sus propios compatriotas han sido tradicionalmente emigrantes que han formado extensas colonias, en muchos países del mundo y que allí donde llegaron, se les ofreció la oportunidad de luchar para obtener una vida mejor, pues nadie sale de su tierra si la situación le es favorable, como todos los seres racionales, sabemos.
Qué flaca es la memoria, cuando los escenarios se revierten perjudicándonos directamente a nosotros y conduciéndonos a caminos que otros ya anduvieron antes, con dignidad y con entereza y qué necesario sería cultivar el arte del recuerdo, para entender, aunque sólo sea por razón de humanidad, que nadie puede ni debe ser abandonado a su suerte, pues la grandeza de las naciones y de los que las habitan está precisamente, en saber compartir lo poco o lo mucho que se tiene, con todos aquellos que lo necesitan, independientemente de su origen, raza, género u opinión, como marca el principio de igualdad, por el que todos tácitamente, nos regimos.

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