La negativa de los Gobiernos de Italia y Malta, a recibir
como refugiados a las personas rescatadas del mar por el barco Aquarius y el
gesto de Pedro Sánchez, comprometiéndose a darles asilo en España, como primera
medida de la que será la postura de su Gobierno en relación con este asunto, en
cuanto Borrell aterrice en Europa, no sólo le honra como ser humano, en
contrapartida a la calificación que merecen sus homólogos de los países antes
citados, sino que le beneficia
políticamente, además, pues somos muchos los que no entendemos las posiciones
que se están adoptando en La Comunidad, en general, con respecto a este drama cotidiano que algunos logran vivir con total
naturalidad, mientras miles de seres humanos o mueren en los mares que nos
rodean o se ven obligados a vagar por las calles de nuestras ciudades, como
fantasmas surgidos de la más absoluta desolación que provocan la miseria, el
hambre y las guerras.
El hacinamiento de muchas de estas personas en Centros o
Campos de refugiados durante años, rodeados por la opulencia y el consumismo
que caracteriza a este llamado primer mundo nuestro, es directamente, un
atentado contra el derecho de igualdad que debiera primar, en todos los casos,
sobre los intereses de los Gobiernos y constituye un genocidio consentido por
la ambigüedad y la desidia demostrada por estos políticos sin alma, que han
perdido, hasta la capacidad del recuerdo.
La política migratoria llevada a cabo por la Unión Europea
presenta unas lagunas inaceptables, teniendo en cuenta la
urgente necesidad que tienen estos afectados de ser atendidos y es más, una
cuestión sencillamente humanitaria, procurar encontrarles un lugar en el que
puedan alcanzar la seguridad que en sus países se les niega, que un problema
político que pueda eternizarse, sine die, mientras unos y otros intentan llegar
a un acuerdo.
Devolver los favores recibidos en el pasado habría de ser
para las naciones, una incuestionable obligación y aunque muchos prefieran
evitar la dolorosa memoria de tiempos infinitamente peores, muchos europeos se
vieron, en su momento, obligados también a emigrar, en busca de una vida mejor,
siendo acogidos, en su totalidad y sin condiciones, por países en los que se
asentaron, vivieron, procrearon y murieron, llegando a amarlos, como si de los
suyos se trataran, quedando anclados para siempre a ellos.
Y sin embargo y a pesar de que nuestra España ha vivido y aún
vive, situaciones que obligaron y obligan a nuestros ciudadanos a tener que
marchar a otras tierras, para poder labrarse un porvenir, ya ha habido voces
catastrofistas que se han levantado, denunciando que este improvisado
acogimiento podría provocar un efecto llamada, sin comprender que lo que se
pretende es despertar la conciencia de que este problema se ha convertido en
competencia de La Comunidad en General y no sólo de aquellos países que por
proximidad, se convierten en el primer destino elegido por la desesperación de la gente, por llegar a puerto.
Pero todos sabemos cuál ha sido tradicionalmente la postura de
las derechas, en el tema que nos ocupa y su afición demostrada a levantar
alambradas, cada vez más peligrosas, en
determinados puntos de conflicto, por lo que a nadie debe extrañar que hayan
encontrado en este gesto del recién estrenado Gobierno, un flanco por el que
atacar y en el que incidir, utilizando
nuevamente la estrategia del miedo, en contra de una Sociedad, afortunadamente
acostumbrada a distinguir la verdad que se esconde en estos mensajes y a
formar su propia opinión sobre ellos.
La iniciativa de Sánchez, que en principio ha pillado por
sorpresa a sus oponentes, como viene siendo costumbre desde hace unas semanas,
tiene sin embargo, el significado de hacer hincapié en determinadas diferencias
y abren, también en este asunto, un camino de esperanza que otras Formaciones
políticas más progresistas han decidido apoyar, como se ha demostrado en
aquellos lugares que gobernados por la izquierda, que ya se han ofrecido
voluntariamente para recibir a los que llegan en el Aquarius, tras su primer
contacto con Valencia.
Lograr revertir esta especie de tácita xenofobia que se
advierte en determinados mandatarios europeos y colocar sobre el tapete que las
corrientes migratorias constantes que hacia nuestro Continente se están produciendo
es un problema que debe afrontarse desde una perspectiva de humanidad, es, tal
y como se encuentran las cosas, no sólo una obligación para todos, sino que
debe exigirse a la mayor brevedad posible, que nadie pueda cerrar sus
fronteras, pues los que viajan, lo hacen en condiciones infrahumanas, alarmantemente
arriesgadas, que muchas veces terminan en muerte.
Bienvenidos sean, así lo piensa la mayoría de nuestra población,
estos refugiados repudiados por otros, que seguramente aquí encontrarán, al
menos, el calor humano que necesitan, para continuar viviendo y a quienes se negaron
a recibirlos, únicamente desearles que la vida jamás les coloque en una
situación similar a la que padecen aquellos que hoy rechazan, pero que si se
diera la ocasión, no tropiecen con gente que actúe con la misma crueldad
insolidaria, con la que ellos han actuado ayer mismo, abandonando a estos
hombres, mujeres y niños, a su maldita suerte.

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