martes, 12 de junio de 2018

Políticos sin alma



La negativa de los Gobiernos de Italia y Malta, a recibir como refugiados a las personas rescatadas del mar por el barco Aquarius y el gesto de Pedro Sánchez, comprometiéndose a darles asilo en España, como primera medida de la que será la postura de su Gobierno en relación con este asunto, en cuanto Borrell aterrice en Europa, no sólo le honra como ser humano, en contrapartida a la calificación que merecen sus homólogos de los países antes citados, sino que le  beneficia políticamente, además, pues somos muchos los que no entendemos las posiciones que se están adoptando en La Comunidad, en general, con respecto a este drama  cotidiano que algunos logran vivir con total naturalidad, mientras miles de seres humanos o mueren en los mares que nos rodean o se ven obligados a vagar por las calles de nuestras ciudades, como fantasmas surgidos de la más absoluta desolación que provocan la miseria, el hambre y las guerras.
El hacinamiento de muchas de estas personas en Centros o Campos de refugiados durante años, rodeados por la opulencia y el consumismo que caracteriza a este llamado primer mundo nuestro, es directamente, un atentado contra el derecho de igualdad que debiera primar, en todos los casos, sobre los intereses de los Gobiernos y constituye un genocidio consentido por la ambigüedad y la desidia demostrada por estos políticos sin alma, que han perdido, hasta la capacidad del recuerdo.
La política migratoria llevada a cabo por la Unión Europea presenta unas   lagunas inaceptables, teniendo en cuenta la urgente necesidad que tienen estos afectados de ser atendidos y es más, una cuestión sencillamente humanitaria, procurar encontrarles un lugar en el que puedan alcanzar la seguridad que en sus países se les niega, que un problema político que pueda eternizarse, sine die, mientras unos y otros intentan llegar a un acuerdo.
Devolver los favores recibidos en el pasado habría de ser para las naciones, una incuestionable obligación y aunque muchos prefieran evitar la dolorosa memoria de tiempos infinitamente peores, muchos europeos se vieron, en su momento, obligados también a emigrar, en busca de una vida mejor, siendo acogidos, en su totalidad y sin condiciones, por países en los que se asentaron, vivieron, procrearon y murieron, llegando a amarlos, como si de los suyos se trataran, quedando anclados para siempre a ellos.
Y sin embargo y a pesar de que nuestra España ha vivido y aún vive, situaciones que obligaron y obligan a nuestros ciudadanos a tener que marchar a otras tierras, para poder labrarse un porvenir, ya ha habido voces catastrofistas que se han levantado, denunciando que este improvisado acogimiento podría provocar un efecto llamada, sin comprender que lo que se pretende es despertar la conciencia de que este problema se ha convertido en competencia de La Comunidad en General y no sólo de aquellos países que por proximidad, se convierten en el primer destino elegido por la desesperación  de la gente, por llegar a puerto.
Pero todos sabemos cuál ha sido tradicionalmente la postura de las derechas, en el tema que nos ocupa y su afición demostrada a levantar alambradas, cada  vez más peligrosas, en determinados puntos de conflicto, por lo que a nadie debe extrañar que hayan encontrado en este gesto del recién estrenado Gobierno, un flanco por el que atacar y en el  que incidir, utilizando nuevamente la estrategia del miedo, en contra de una Sociedad, afortunadamente acostumbrada a distinguir   la verdad que se esconde en estos mensajes y a formar su propia opinión sobre ellos.
La iniciativa de Sánchez, que en principio ha pillado por sorpresa a sus oponentes, como viene siendo costumbre desde hace unas semanas, tiene sin embargo, el significado de hacer hincapié en determinadas diferencias y abren, también en este asunto, un camino de esperanza que otras Formaciones políticas más progresistas han decidido apoyar, como se ha demostrado en aquellos lugares que gobernados por la izquierda, que ya se han ofrecido voluntariamente para recibir a los que llegan en el Aquarius, tras su primer contacto con Valencia.
Lograr revertir esta especie de tácita xenofobia que se advierte en determinados mandatarios europeos y colocar sobre el tapete que las corrientes migratorias constantes que hacia nuestro Continente se están produciendo es un problema que debe afrontarse desde una perspectiva de humanidad, es, tal y como se encuentran las cosas, no sólo una obligación para todos, sino que debe exigirse a la mayor brevedad posible, que nadie pueda cerrar sus fronteras, pues los que viajan, lo hacen  en condiciones infrahumanas, alarmantemente arriesgadas, que muchas veces terminan en muerte.
Bienvenidos sean, así lo piensa la mayoría de nuestra población, estos refugiados repudiados por otros, que seguramente aquí encontrarán, al menos, el calor humano que necesitan, para continuar viviendo y a quienes se negaron a recibirlos, únicamente desearles que la vida jamás les coloque en una situación similar a la que padecen aquellos que hoy rechazan, pero que si se diera la ocasión, no tropiecen con gente que actúe con la misma crueldad insolidaria, con la que ellos han actuado ayer mismo, abandonando a estos hombres, mujeres y niños, a su maldita suerte.

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