Tras su retirada de la política, vuelve Rajoy al puesto que
ocupaba, como Registrador de la propiedad, en Santa Pola, copando las páginas
de los diarios con una noticia que debiera ser habitual, cada vez que un alto cargo
decide abandonar, aunque son las puertas giratorias la salida que casi todos
ellos suelen tomar, cuando se consuma su marcha.
Muchas veces hemos criticado duramente a Rajoy, mientras dominaba
la Presidencia del Gobierno y ustedes bien lo saben y nunca hemos estado de
acuerdo ni con la línea política que defendía, ni con su particular manera de afrontar los problemas
que le han ido surgiendo durante los años que ha estado en el cargo, pero es de
justicia alabar aquello que se hace bien, sea quien fuere el protagonista de
las historias y hoy toca decir que este gallego, que tanta enjundia nos ha dado
durante tantos años, cuando le ha llegado
la hora de abandonar, empujado por esas circunstancias que tan bien conocemos,
ha sabido hacerlo con suma elegancia y sin ningún tipo de artificios.
A diferencia de Aznar
y otros ex Presidentes de otros partidos, que siempre han permanecido en un
plano de candente actualidad, cada vez
que las circunstancias lo requerían, sin resignarse a pasar a un anonimato, en
muchos casos, muy deseado por los ciudadanos, en general, Mariano Rajoy ha
abandonado la escena política, en primer lugar, rompiendo con la regla
tradicional del PP que casi le obligaba a elegir un sucesor y deshaciéndose
también del escaño que ocupaba en el Parlamento, cosa se agradece, si se tiene en cuenta el amor a
los cargos que suelen demostrar, la casi la totalidad de los políticos.
Probablemente más que harto de tener que interpretar al
personaje de Rajoy, su apacible retiro en Santa Pola habrá de significar para
él, una especie de bálsamo sanador de todas las heridas, bajo el cálido sol del
Mediterráneo y un lugar en el que apartar de sí mismo las miradas de los
curiosos que durante tantos años se fijaban particularmente en él, convirtiéndose
simplemente en Mariano y sin que a nadie pueda importarle ya si acierta o se
equivoca en sus decisiones, pues las consecuencias de sus actos, a partir de
ahora, le afectarán solo, personalmente.
Mientras sus delfines se despedazan entre ellos en una guerra
fratricida por alcanzar la sucesión, Mariano habrá de ponerse al día en el
trabajo que hace años abandonó y por lo que hemos podido ver, no parece que le
importe gran cosa quién ocupe finalmente el cargo que abandonó, pues ni
siquiera ha tenido a bien posicionarse, por unos o por otros, especialmente.
Pensando mal, da la impresión de que perder Mocion
de Censura ha significado para Rajoy, quitarse un gran peso de encima, ya que
se le nota, como rejuvenecido en el gesto y en la palabra, pues todos sabemos
que no fue nunca demasiado diligente en
dar explicaciones, ni experto en el arte de la comunicación, como se puede
comprobar si uno acude a la hemeroteca y estudia, una a una, las muchas perlas
que ha venido ofreciéndonos, durante su larga vida política.
Le veíamos esta misma mañana, asaltado literalmente por la
prensa, a las puertas de su puesto de trabajo, sonriente y en mangas de camisa
y emanando una especie de felicidad que ha debido sobrevenirle, en cuanto se ha
quitado el uniforme de Presidente.
Debe estar pasándoselo bomba, contemplando lo que ha dejado
detrás y siendo cada vez más consciente de los muchos marrones que se ha
quitado de encima y que ha endosado, con su flema habitual, a quién quiera que
sea el que salga elegido por la militancia como su sucesor, finalmente.
Consciente de que su tiempo había terminado, aunque aguantó estoicamente
hasta el último minuto, con tal de no admitir los gravísimos cargos que la
oposición que lo ha derrocado le achacaba, Mariano retoma hoy su camino como
registrador de la propiedad, con un suspiro hondo que llena sus pulmones de
aire nuevo, pero sin más problemas en la mesa que los que puedan acarrearle los
papeles que tenga que manejar, en la que fuera su profesión de siempre.
Seguro que ya, ni siquiera los independentistas catalanes le
parecen, de verdad, tan terribles.

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