miércoles, 20 de junio de 2018

Simplemente, Mariano



Tras su retirada de la política, vuelve Rajoy al puesto que ocupaba, como Registrador de la propiedad, en Santa Pola, copando las páginas de los diarios con una noticia que debiera ser habitual, cada vez que un alto cargo decide abandonar, aunque son las puertas giratorias la salida que casi todos ellos suelen tomar, cuando se consuma su marcha.
Muchas veces hemos criticado duramente a Rajoy, mientras dominaba la Presidencia del Gobierno y ustedes bien lo saben y nunca hemos estado de acuerdo ni con la línea política que defendía, ni con su  particular manera de afrontar los problemas que le han ido surgiendo durante los años que ha estado en el cargo, pero es de justicia alabar aquello que se hace bien, sea quien fuere el protagonista de las historias y hoy toca decir que este gallego, que tanta enjundia nos ha dado durante tantos años,  cuando le ha llegado la hora de abandonar, empujado por esas circunstancias que tan bien conocemos, ha sabido hacerlo con suma elegancia y sin ningún tipo de artificios.
 A diferencia de Aznar y otros ex Presidentes de otros partidos, que siempre han permanecido en un plano de candente actualidad,  cada vez que las circunstancias lo requerían, sin resignarse a pasar a un anonimato, en muchos casos, muy deseado por los ciudadanos, en general, Mariano Rajoy ha abandonado la escena política, en primer lugar, rompiendo con la regla tradicional del PP que casi le obligaba a elegir un sucesor y deshaciéndose también del escaño que ocupaba en el Parlamento, cosa  se agradece, si se tiene en cuenta el amor a los cargos que suelen demostrar, la casi la totalidad de los políticos.
Probablemente más que harto de tener que interpretar al personaje de Rajoy, su apacible retiro en Santa Pola habrá de significar para él, una especie de bálsamo sanador de todas las heridas, bajo el cálido sol del Mediterráneo y un lugar en el que apartar de sí mismo las miradas de los curiosos que durante tantos años se fijaban particularmente en él, convirtiéndose simplemente en Mariano y sin que a nadie pueda importarle ya si acierta o se equivoca en sus decisiones, pues las consecuencias de sus actos, a partir de ahora, le afectarán solo, personalmente.
Mientras sus delfines se despedazan entre ellos en una guerra fratricida por alcanzar la sucesión, Mariano habrá de ponerse al día en el trabajo que hace años abandonó y por lo que hemos podido ver, no parece que le importe gran cosa quién ocupe finalmente el cargo que abandonó, pues ni siquiera ha tenido a bien posicionarse, por unos o por otros, especialmente.
Pensando mal, da la impresión de que perder   Mocion de Censura ha significado para Rajoy, quitarse un gran peso de encima, ya que se le nota, como rejuvenecido en el gesto y en la palabra, pues todos sabemos que no fue nunca demasiado diligente  en dar explicaciones, ni experto en el arte de la comunicación, como se puede comprobar si uno acude a la hemeroteca y estudia, una a una, las muchas perlas que ha venido ofreciéndonos, durante su larga vida política.
Le veíamos esta misma mañana, asaltado literalmente por la prensa, a las puertas de su puesto de trabajo, sonriente y en mangas de camisa y emanando una especie de felicidad que ha debido sobrevenirle, en cuanto se ha quitado el uniforme de Presidente.
Debe estar pasándoselo bomba, contemplando lo que ha dejado detrás y siendo cada vez más consciente de los muchos marrones que se ha quitado de encima y que ha endosado, con su flema habitual, a quién quiera que sea el que salga elegido por la militancia como su sucesor, finalmente.
Consciente de que su tiempo había terminado, aunque aguantó estoicamente hasta el último minuto, con tal de no admitir los gravísimos cargos que la oposición que lo ha derrocado le achacaba, Mariano retoma hoy su camino como registrador de la propiedad, con un suspiro hondo que llena sus pulmones de aire nuevo, pero sin más problemas en la mesa que los que puedan acarrearle los papeles que tenga que manejar, en la que fuera su profesión de siempre.
Seguro que ya, ni siquiera los independentistas catalanes le parecen, de verdad, tan terribles.

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