Mientras Mariano Rajoy se reincorporaba a su antiguo puesto en Santa
Pola, aparentemente feliz por haber abandonado la política, la sede del PP en
la calle Génova se convertía ayer en una
especie de verbena popular, en la que la gente se entretenía contemplando el
espectáculo que montaban los candidatos a suceder al recién salido Presidente,
haciendo entrega de los avales necesarios que les aseguraba su la carrera por la Presidencia y acompañados
por una serie de primeras figuras de la Formación conservadora, que con su presencia,
les manifestaban su apoyo.
Estrenando democracia interna y francamente
sorprendidos por la repercusión que ha tenido la idea de organizar unas
primarias, a las que se han presentado siete aspirantes de corte y pensamiento
bien diferentes, la experiencia la están viviendo los populares, con una
excitación parecida a la que sienten los niños la víspera de Reyes, aunque se
les nota un poco descolocados por la poca práctica que tienen en asuntos tan
serios como éste.
Perfectamente atildados,
con sus mejores galas y mostrando sendas
poses de aparente seguridad en sí mismos, uno a uno, fueron desfilando delante
de una cohorte de profesionales de la prensa, ofreciendo amablemente
declaraciones a quiénes se las requirieron, tratando de ofrecer una imagen de normalidad,
que en muchos casos se sabía fingida, pero que por unos momentos, consiguió
desterrar la rivalidad entre competidores y la ferocidad que se espera, de
algunos de ellos.
Aclamados por un grupo reducido de personas, que se
posicionaban a gritos por algunos de los candidatos en concreto y observados
desde la lejanía por la curiosidad de la gente que pasaba a esa hora por allí,
las estrellas conservadoras se limitaron a vivir intensamente su momento de
gloria, tratando de disfrutar con ardor, este inesperado presente que les ha
regalado el impensable triunfo de la Moción de Censura y la generosidad de un Mariano Rajoy que ha
terminado, de un plumazo, con la tradición de haber elegido a su sucesor, a
dedo.
Entretanto, se celebraba en el Congreso una sesión de
Control al nuevo Gobierno, en la que quedó meridianamente claro que el Parlamento
vuelve a estar dividido entre izquierda y derecha y en la que Sánchez y sus
Ministros, ocupando ya la bancada azul, se limitaron a responder las preguntas
que se les hacían, con mayor o menor agresividad, aunque en general, la mañana
resultó ser tranquila, quizá porque el pensamiento de los populares se encontraba
claramente situado, en lo que estaba ocurriendo en Génova.
Ya ni siquiera
se hablaba del ingreso en la cárcel de
Urdangarín, dejando patente lo fugaces que pueden llegar a ser las noticias y
los únicos comentarios que hacían competencia al desfile de candidatos que caminaban
con paso firme, hacia el interior de la sede conservadora, sólo se referían al
posible resultado que pudiera obtener la Selección española en el partido que
disputaría por la tarde, contra Irán, que por cierto resultó ser, además de agónico,
francamente aburrido.
Todos los movimientos iniciales habían sido
rigurosamente seguidos por estos aspirantes que en algunos casos han pasado de
ser considerados primeras figuras, a simples militantes sin rango que habrán de
pelear, por primera vez en sus vídas, por obtener un puesto y habremos de
suponer que será la próxima semana cuando empiece la verdadera guerra entre
ellos, una vez olvidada la pátina de extraña felicidad que se respiraba en el
ambiente ayer, pues ahora sí, definitivamente, se ha acabado la fiesta.
No podemos olvidar que el elegido para presidir el PP,
lo será también para optar, en las próximas elecciones, a la Presidencia del
gobierno y las espadas, están en alto, prestas a librar una batalla que promete
ser especialmente dura y cruenta, pues la demostrada ambición de algunos de los
candidatos hace prever que esta campaña no será, precisamente, ni limpia ni tranquila.
Asistir al
espectáculo que estamos viviendo y al que nos queda por vivir, será, créanme, todo un privilegio.

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