viernes, 1 de junio de 2018

Ajuste de cuentas



Poco después de las once y media de la mañana, el Parlamento español respaldaba la Moción de Censura presentada por Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy y cambiaba, con 180 votos a favor, 169 en contra y una abstención, el curso de la historia política de este país, demostrando que la grandeza de la Democracia, en ocasiones, hace posibles realidades que en principio, podrían haber sido consideradas, sólo como utopías.
Nos habíamos levantado los ciudadanos con la impresión de que cualquier cosa era aún factible y hasta con cierto temor de que el Presidente Rajoy se decantara por presentar la dimisión en el último momento, temor que se ha visto acrecentado, al saber que tampoco hoy ocupaba su escaño en el Hemiciclo y que ha durado hasta el mismo instante en que ha declarado que aceptaba el resultado de la Moción y hemos podido comprobar cómo se despedía de su cargo, con ciertos tientes de sensiblería, desde la Tribuna del Congreso.
Un Pedro Sánchez exultante, que como todos sabemos se ha visto obligado a librar mil batallas, dentro y fuera de su propio Partido, que nunca ha sido verdaderamente respetado por Rajoy, como líder político   y que hasta hacas semanas, parecía sencillamente aletargado y un poco perdido en  el camino que se abría para su Formación, a tenor de los resultados de las encuestas, ofrecía una lección de pundonor, dignidad y coherencia política, derrotando por goleada a un Presidente hundido por la incapacidad demostrada en el abordaje de todos los problemas y al que la Cámara ha sometido a un durísimo  ajuste de cuentas, merecido por haber consentido la institucionalización de la corrupción, como líder de su Partido.
Sólo el voto de Ciudadanos, ha procurado conservar en su puesto a Rajoy, manteniendo un discurso catastrofista que sólo a sus intereses electorales favorece y la evidencia de su error, ha quedado meridianamente demostrada en el momento en que  la oposición aplaudía, puesta en pie,  la proclamación de Sánchez como nuevo Presidente, al grito, ya generalizado entre la sociedad de nuestro país, de “Si se Puede” y visiblemente emocionados por haber hecho posible que el Partido Popular de los recortes y la corrupción, por fin, cayera.
Y ha sido ese instante mágico, en el que no eran visibles las ideologías y nacionalistas, constitucionalistas y todos los demás, se confundían en una unidad, hasta hace poco del todo impensable y que algunos han denostado como si se tratara de una plaga letal de incalculables efectos, cuando los ciudadanos, absolutamente absortos ante las pantallas de televisión, han comprendido que en política todas las vías son susceptibles de ser exploradas y que el arte de la negociación y la práctica continuada del diálogo, merecen una oportunidad que los populares han negado sistemáticamente, durante demasiado tiempo.
Muchos de nosotros, deseábamos ardientemente este cambio, por razones que son evidentes y sobre todo, porque las actitudes demostradas por los conservadores en asuntos como el problema de Catalunya o en  los incontables casos de corrupción que han protagonizado personajes de relevancia de su Partido,  habían sido, sencillamente intolerables y reiteradamente sostenidas sobre unas bases cimentadas en la mentira, la intolerancia y constante judicialización de los conflictos, adecuando camaleónicamente sus opiniones, según les beneficiaran o perjudicaran los resultados de las sentencias.
Tenían en la calle, a los jubilados, por la pérdida del poder adquisitivo sufrido,  a las mujeres, por la desigualdad salarial, la violencia de género y la falta de conciliación familiar,   a los jueces y fiscales, reclamando la imparcialidad necesaria para el cumplimiento de sus funciones, a los militares despedidos tras unos cuántos años de servicio, a los trabajadores agobiados por el desempleo y la precariedad laboral, a los profesionales de la sanidad, gravemente afectados por los recortes y a los de la Educación, por el mismo motivo, a la gente exigiendo la libertad de expresión robada por la Ley Mordaza y cómo no, a todos los colectivos más desfavorecidos de la Sociedad, como por ejemplo a los afectados por la Ley de dependencia.
Y la única respuesta de Rajoy era siempre, sonreír, callar y dejar que el tiempo pasara, confiando en que las heridas sanaran mágicamente,  centrando únicamente su discurso en la hipotética recuperación de una economía, que nunca fue percibida por las familias como algo real que estuviera, en modo alguno, mejorando sus condiciones de vida.
Al mismo tiempo, se iban destapando, cada vez con mayor frecuencia, gravísimos casos de corrupción a cuyos principales implicados ya todos conocemos y que inmediatamente pasaban a engrosar una lista interminable de innombrables a los que el PP abandonaba a su suerte, alegando  un inaceptable desconocimiento de sus actividades delictivas, pero que al final,  han traído, en gran parte, un merecido castigo a todos aquellos que siendo responsables directos de lo que estaba ocurriendo, intentaban desesperadamente escurrir el bulto, con M. Rajoy, a la cabeza.
Sabemos que a Pedro Sánchez le queda un largo y durísimo camino por recorrer , si verdaderamente está en condiciones de afrontar con coraje y valentía la resolución de estos conflictos y también que el número de diputados de que dispone resulta ser del todo insuficiente para tomar las medidas pertinentes que estos asuntos requieren, pero la Democracia, cuyo funcionamiento ha quedado patente hoy ante toda la Sociedad, consiste precisamente en la voluntad de alcanzar acuerdos con los adversarios políticos, a través de la negociación, de ese tira y  afloja, en el que se debe, en igual medida, dar y ceder y que suele dar resultados para quienes la practican, a veces, excelentes.
 Se han terminado los tiempos de las mayorías absolutas de Partidos que todo lo resolvían sin oposición y a golpe de Decreto, los momentos de bonanza en los que los populares convirtieron a España en un Cortijo de su propiedad , en el que todos éramos braceros asalariados a su servicio y se abre , al menos eso es lo que esperamos, una etapa de esperanza que basada en una igualdad real entre todos los ciudadanos de toda índole, pensamiento, género o condición, permita que  se pueda mirar al futuro, lejos del miedo.
Esperamos de Pedro Sánchez, que sea el presidente de todos y que nunca reniegue de solicitar la ayuda que precise para poder construir un modelo  diferente. Nos asiste, el derecho a convivir en paz, a curar las profundas heridas abiertas, por la intolerancia y la radicalidad, en los últimos tiempos y también, la  urgente necesidad de  recuperar un ambiente de sana alegría, que se nos ha robado paulatinamente, a fuerza de exigirnos sacrificios insoportables, que sólo han causado dolor y sufrimiento.
Por ello, no podemos, sino desearle lo mejor, seguros de que sería imposible hacerlo peor que el Presidente saliente. Necesitamos, un escenario de paz sobre el que construir y sobre todo, que alguien nos devuelva la confianza perdida y la ilusión. Y además, estamos seguros de que se puede.

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