Poco después de las once y media de la mañana, el Parlamento
español respaldaba la Moción de Censura presentada por Pedro Sánchez contra
Mariano Rajoy y cambiaba, con 180 votos a favor, 169 en contra y una
abstención, el curso de la historia política de este país, demostrando que la
grandeza de la Democracia, en ocasiones, hace posibles realidades que en
principio, podrían haber sido consideradas, sólo como utopías.
Nos habíamos levantado los ciudadanos con la impresión de que
cualquier cosa era aún factible y hasta con cierto temor de que el Presidente Rajoy
se decantara por presentar la dimisión en el último momento, temor que se ha
visto acrecentado, al saber que tampoco hoy ocupaba su escaño en el Hemiciclo y
que ha durado hasta el mismo instante en que ha declarado que aceptaba el
resultado de la Moción y hemos podido comprobar cómo se despedía de su cargo,
con ciertos tientes de sensiblería, desde la Tribuna del Congreso.
Un Pedro Sánchez exultante, que como todos sabemos se ha
visto obligado a librar mil batallas, dentro y fuera de su propio Partido, que
nunca ha sido verdaderamente respetado por Rajoy, como líder político y que
hasta hacas semanas, parecía sencillamente aletargado y un poco perdido en el camino que se abría para su Formación, a
tenor de los resultados de las encuestas, ofrecía una lección de pundonor,
dignidad y coherencia política, derrotando por goleada a un Presidente hundido
por la incapacidad demostrada en el abordaje de todos los problemas y al que la
Cámara ha sometido a un durísimo ajuste
de cuentas, merecido por haber consentido la institucionalización de la corrupción,
como líder de su Partido.
Sólo el voto de Ciudadanos, ha procurado conservar en su
puesto a Rajoy, manteniendo un discurso catastrofista que sólo a sus intereses
electorales favorece y la evidencia de su error, ha quedado meridianamente demostrada
en el momento en que la oposición aplaudía,
puesta en pie, la proclamación de Sánchez
como nuevo Presidente, al grito, ya generalizado entre la sociedad de nuestro
país, de “Si se Puede” y visiblemente emocionados por haber hecho posible que
el Partido Popular de los recortes y la corrupción, por fin, cayera.
Y ha sido ese instante mágico, en el que no eran visibles las
ideologías y nacionalistas, constitucionalistas y todos los demás, se
confundían en una unidad, hasta hace poco del todo impensable y que algunos han
denostado como si se tratara de una plaga letal de incalculables efectos,
cuando los ciudadanos, absolutamente absortos ante las pantallas de televisión,
han comprendido que en política todas las vías son susceptibles de ser
exploradas y que el arte de la negociación y la práctica continuada del
diálogo, merecen una oportunidad que los populares han negado sistemáticamente,
durante demasiado tiempo.
Muchos de nosotros, deseábamos ardientemente este cambio, por
razones que son evidentes y sobre todo, porque las actitudes demostradas por
los conservadores en asuntos como el problema de Catalunya o en los incontables casos de corrupción que han
protagonizado personajes de relevancia de su Partido, habían sido, sencillamente intolerables y
reiteradamente sostenidas sobre unas bases cimentadas en la mentira, la intolerancia
y constante judicialización de los conflictos, adecuando camaleónicamente sus
opiniones, según les beneficiaran o perjudicaran los resultados de las
sentencias.
Tenían en la calle, a los jubilados, por la pérdida del poder
adquisitivo sufrido, a las mujeres, por
la desigualdad salarial, la violencia de género y la falta de conciliación
familiar, a los jueces y fiscales, reclamando la
imparcialidad necesaria para el cumplimiento de sus funciones, a los militares
despedidos tras unos cuántos años de servicio, a los trabajadores agobiados por
el desempleo y la precariedad laboral, a los profesionales de la sanidad,
gravemente afectados por los recortes y a los de la Educación, por el mismo motivo,
a la gente exigiendo la libertad de expresión robada por la Ley Mordaza y cómo
no, a todos los colectivos más desfavorecidos de la Sociedad, como por ejemplo
a los afectados por la Ley de dependencia.
Y la única respuesta de Rajoy era siempre, sonreír, callar y
dejar que el tiempo pasara, confiando en que las heridas sanaran mágicamente, centrando únicamente su discurso en la
hipotética recuperación de una economía, que nunca fue percibida por las
familias como algo real que estuviera, en modo alguno, mejorando sus
condiciones de vida.
Al mismo tiempo, se iban destapando, cada vez con mayor
frecuencia, gravísimos casos de corrupción a cuyos principales implicados ya
todos conocemos y que inmediatamente pasaban a engrosar una lista interminable
de innombrables a los que el PP abandonaba a su suerte, alegando un inaceptable desconocimiento de sus
actividades delictivas, pero que al final,
han traído, en gran parte, un merecido castigo a todos aquellos que
siendo responsables directos de lo que estaba ocurriendo, intentaban
desesperadamente escurrir el bulto, con M. Rajoy, a la cabeza.
Sabemos que a Pedro Sánchez le queda un largo y durísimo
camino por recorrer , si verdaderamente está en condiciones de afrontar con
coraje y valentía la resolución de estos conflictos y también que el número de
diputados de que dispone resulta ser del todo insuficiente para tomar las
medidas pertinentes que estos asuntos requieren, pero la Democracia, cuyo
funcionamiento ha quedado patente hoy ante toda la Sociedad, consiste precisamente
en la voluntad de alcanzar acuerdos con los adversarios políticos, a través de
la negociación, de ese tira y afloja, en
el que se debe, en igual medida, dar y ceder y que suele dar resultados para quienes
la practican, a veces, excelentes.
Se han terminado los
tiempos de las mayorías absolutas de Partidos que todo lo resolvían sin oposición
y a golpe de Decreto, los momentos de bonanza en los que los populares
convirtieron a España en un Cortijo de su propiedad , en el que todos éramos
braceros asalariados a su servicio y se abre , al menos eso es lo que
esperamos, una etapa de esperanza que basada en una igualdad real entre todos
los ciudadanos de toda índole, pensamiento, género o condición, permita que se pueda mirar al futuro, lejos del miedo.
Esperamos de Pedro Sánchez, que sea el presidente de todos y
que nunca reniegue de solicitar la ayuda que precise para poder construir un
modelo diferente. Nos asiste, el derecho
a convivir en paz, a curar las profundas heridas abiertas, por la intolerancia
y la radicalidad, en los últimos tiempos y también, la urgente necesidad de recuperar un ambiente de sana alegría, que se
nos ha robado paulatinamente, a fuerza de exigirnos sacrificios insoportables,
que sólo han causado dolor y sufrimiento.
Por ello, no podemos, sino desearle lo mejor, seguros de que
sería imposible hacerlo peor que el Presidente saliente. Necesitamos, un
escenario de paz sobre el que construir y sobre todo, que alguien nos devuelva
la confianza perdida y la ilusión. Y además, estamos seguros de que se puede.

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