La
decisión, que ha sido tomada por dos jueces contra uno, constituye una acción
insólita, si se tiene en cuenta el tiempo de la condena y obliga además, a la
víctima, a permanecer confinada en la Comunidad de Madrid, ida único sitio en
el que tienen prohibida la entrada, los protagonistas de una de las historias
más terribles, de cuántas hemos conocido, relacionadas con la violencia de
género.
Se
da además la circunstancia de que uno de los jueces que han apostado por
liberar a los delincuentes es una mujer, que incomprensiblemente ha cambiado su
criterio desde que se emitiera la sentencia, para posicionarse al lado del
Magistrado que ya entonces, emitió un voto particular, cuyo texto ha sido
recogido mil veces por los medios de comunicación, al estar expresado en unos
términos directamente ofensivos, contra la actitud adoptada, en el momento en
que ocurrieron los hechos, por la víctima.
Este
cambio de actitud, que resulta sencillamente sospechoso, ahora que existe una
sentencia contra estos violadores, aunque se halle pendiente del recurso que
tendrá que decidir el Supremo, pone en circulación la teoría de que tal vez, la
jueza haya podido ser amenazada por el entorno de esta Manada, rica en amigos
de su misma ralea, siempre prestos celebrar el intolerable contenido de los mensajes y
vídeos que enviaban, a través de sus móviles, en los que narraban como hazañas, las atrocidades que cometían,
como si las mujeres, todas nosotras, fuésemos objetos destinados en exclusiva,
a su uso y disfrute particular, demostrando una actitud ciertamente psicopática
y carpetovetónica, del todo incompatible con los tiempos en los que vivimos.
Su
llegada a Sevilla, que aún ha sido, como hemos podido comprobar, celebrada, por
una especie de cohorte de admiradores, que han desfilado por sus casas, con
intención de demostrar su inexplicable apoyo a las monstruosas acciones que
cometieron, pone en grave riesgo la
integridad física y emocional de todas las mujeres que viven allí y que no
están dispuestas a admitir, esta imposición de convivencia.
Por
ello, ya se ha iniciado una campaña de rechazo que se ha materializado en varias
acciones de carácter diverso y que van, fundamentalmente encaminadas a que no
se olvide lo que sucedió en Pamplona, hace ahora dos años, tratando de evitar
por todos los medios que cualquier otra chica pueda caer en las redes de estos indeseables, pues de todos es
conocido que los violadores suelen ser tradicionalmente, reincidentes.
La
Fiscalía, que no ha dudado ni un instante en manifestar su estupefacción y
disconformidad con las medidas tomadas por estos jueces, ya ha presentado un
recurso, reclamando su inmediato encarcelamiento, pues su puesta en libertad,
no sólo supone un riesgo real de que algo similar a lo ocurrido en Navarra o
Puertollano pueda repetirse, sino que lesiona gravemente el derecho al libre
movimiento de la víctima de los Sanfermines, que debe encontrarse en estos momentos,
aterrorizada, al pensar en la situación que la deja esta justicia concebida por
y para los hombres, que mantiene la desprotección total en que se encuentran
las mujeres en este país, incapaz de evolucionar en consonancia con los tiempos.
Las
movilizaciones, que ya han comenzado y que desde el pasado 8 de Marzo han marcado
un punto de inflexión para la mentalidad de millones de mujeres, no cesarán y
no lo harán, porque la reclamación de que estos violadores cumplan
escrupulosamente las penas que les han sido impuestas, sin el privilegio de estar
en libertad que les han regalado estos jueces absolutamente faltos de empatía con
el dolor de la víctima, es no sólo justa, sino necesaria.
La
voz de las mujeres, silenciada durante siglos por los designios de una sociedad
patriarcal, se ha levantado como un irrefrenable torrente, convirtiendo nuestras
pretensiones, en un auténtica Revolución, a la que no estamos dispuestas a
renunciar, pues no creemos que quepa en nuestra sociedad, nadie que no esté
dispuesto a considerar la igualdad entre los sexos, como un derecho que a todos
y todas, naturalmente, nos asiste.
Los
delitos de género, ya sean cometidos en el ámbito familiar o en forma de abusos
o violaciones en las calles, han de ser obligatoriamente castigados, con toda
la dureza de la Ley, por lo que se precisa urgentemente una reforma del Código Penal, en este sentido, una reeducación de los
encargados de administrar justicia y alguna medida, para que las leyes no
queden sujetas a la interpretación personal de algunos Magistrados, sino que se
aplique tal como corresponde a los casos que se juzgan, estrictamente.
Basta
ya, de que las víctimas de violencia de género tengan que depender del pensamiento íntimo de
los jueces en los que recaigan sus casos y sobre todo, basta de que el hecho de
maltratar, violar o abusar, salga a los delincuentes, casi gratis, mientras los
traumas sufridos por las víctimas, dejan secuelas, para toda la vida.
La
manada debe volver inmediatamente a prisión y ojalá que el Supremo añada
algunos año más a unas condenas, ciertamente escasas y ridículas.
Por
ello y por la propia dignidad de la víctima y de todas las mujeres, lucharemos
el tiempo que haga falta y ya procuraremos con todas nuestras fuerzas, que el período
que estos individuos se encuentren en libertad, no tengan sosiego.
Esto,
no es más que ofrecerles el mismo trato que ellos dispensaron a su víctima,
aquella noche, en aquel portal, cuando actuando como animales, decidieron
libremente que las acciones que estaban cometiendo no tendrían ninguna
consecuencia.

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