lunes, 29 de febrero de 2016

Sin acuerdo


En sólo unas horas, Pedro Sánchez se dirigirá al Congreso de los diputados para defender sus propuestas en la Sesión de Investidura, en el que podría haber sido un momento histórico para él, pero que ha desperdiciado seguramente por las enormes presiones venidas desde su propio entorno, decidiéndose por un pacto con Ciudadanos que no le reportará nada más, que un estrepitoso fracaso.
Las esperanzas de los españoles, puestas en un pacto de izquierdas que derogara la mayoría de las leyes aprobadas bajo el mandato de Rajoy y que han lesionado gravemente los derechos sociales y laborales de todos, se marchan por el desagüe, a causa la feroz oposición que los señores del IBEX 35 vienen demostrando ante cualquier cosa que lesione sus privilegios y también por la sumisión a su mandato que los líderes de los Partidos tradicionales y muy especialmente los del PSOE, exhiben sin ningún pudor, aún sabiendo que traicionan la voluntad de la mayoría de los ciudadanos, que esperaba de su Partido, la valentía de saber afrontar la llegada de un tiempo nuevo, en el que los cambios fueran posibles.
Frente a eso, escudarse detrás del temor a la supuesta radicalidad de Podemos y en teorías conspirativas que no han podido ser demostradas, hasta hoy, por ninguna de las múltiples vías que se han abierto desde todos los frentes orquestados por el bipartidismo, se ha convertido en una tónica general, con la que se pretende manipular a un electorado que muy a su pesar, se ha visto obligado a sufrir durante  las dos últimas legislaturas, una serie interminable de recortes impuestos que le han llevado al borde mismo de una desesperación, de la que están deseosos de salir, para recuperar al menos, la dignidad perdida, a causa de la violencia política de que han hecho alarde, los dos últimos Presidentes.
Si a esto le sumamos la entrada en escena de Albert Rivera, como líder modelo de pulcritud, encabezando un Partido perfectamente identificado con las tendencias neocapitalistas, que a día de hoy manejan el mundo y con unas dosis de ambición comparable con la que pudiera mostrar cualquier candidato a la Presidencia americana, la oscura ecuación que han dejado los resultados de las pasadas elecciones, bien podría ser resuelta, si se le prestara la ayuda adecuada, sin escatimar en medios económicos, para relanzar su publicidad y para, a ser posible, conseguir que todos los ojos de los españoles se centren únicamente en su figura, convirtiéndole en el dirigente de un  nuevo Partido mayoritario que desbanque de un plumazo, a los dos que han ostentado durante años esa distinción y que han sucumbido al desgaste de las luchas internas y la corrupción, sin posible remisión para ellos.
El pacto de PSOE con Ciudadanos, no nos engañemos, podría responder perfectamente, a esa primera etapa de la historia y el sacrificio de Pedro Sánchez, que no ha sido capaz de anteponer sus propias creencias, a las exigencias de los poderes que le rodean, no supondría más que  un daño colateral sin importancia, si finalmente se logra el objetivo soñado, que no sería otro que colocar a Rivera, al frente del próximo gobierno.
Si para ello hay que emplear dos sesiones fallidas de investidura, se emplean y si hay que ir a nuevas elecciones, triplicando el esfuerzo y los medios necesarios parta doblegar la voluntad de los electores, no les quepa la menor duda de que se hará, pues sería una inversión tremendamente rentable, de la que se obtendrían a largo plazo, múltiples beneficios.
Claro que la infravaloración que se hace de la mentalidad de unos españoles, a los que los terribles efectos de la crisis han conseguido despertar del largo letargo en el que les había sumido el estado del bienestar, podría dar al traste con la estrategia, aunque para eso ya cuentan sus organizadores con la tan socorrida táctica del terror, que con tanta destreza han manejado mientras desmantelaban nuestro antiguo modo de vida y por medio de la cual, han conseguido arrastrarnos hasta el punto en el que ahora nos encontramos y del que nos va a costar mucho salir, en contra de tales enemigos.
Sin embargo, sucumbir a los cantos de sirenas de los que ahora nos prometen mejoras, siendo como son, los mismos que han propiciado el grave retroceso que hemos sufrido en todos los aspectos fundamentales de nuestra existencia, dar marcha atrás en nuestra intención de voto, apartándonos de la izquierda en la que creemos, para abrazar al nuevo ídolo que nos proponen los causantes de todos nuestros males, como solución a los mismos, sería como admitir que se ha muerto nuestra voluntad y que hemos sido, finalmente, abducidos por una alienación colectiva que socava los mismos cimientos de nuestro auténtico pensamiento.
Todo es cuestión de reflexionar sobre si lo verdaderamente importante es vivir… o si nos conformamos meramente, con ir sobreviviendo.






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