Hace ya muchos años que la gala anual de los Goya se ha
convertido en una de las plataformas más reivindicativas, a favor de la cultura
y todos los que amamos el arte y en especial éste , que es el que cuenta con
más adictos, esperamos con verdadera curiosidad la celebración de un acto, en
el que se dicen más verdades incluso, que en los medios de comunicación y cuyos
protagonistas suelen ahondar sin tapujos en todos los temas que subyacen en
esta sociedad nuestra.
La de este año, se ha convertido, ya antes de empezar, en una
gala atípica, pues el hecho de que nos encontremos bajo el mando de un gobierno
en funciones y que precisamente en estos momentos se estén celebrando
conversaciones, con la intención primera de conseguir un pacto de progreso, ha
hecho que todas las miradas estuvieran
encima de Sánchez, Rivera, Iglesias y Garzón, que se sentaron juntos en una de las
filas intermedias, no se sabe si preludiando un acuerdo, al que hizo alusión el
presentador, calificándolo en clave de humor, como El Pacto de los Goya.
Ni el Rey ni Mariano Rajoy se encontraban entre los
asistentes y por parte del PP, hubo que conformarse con la presencia del
Ministro encargado del tema y la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina
Cifuentes, quizá porque de haber acudido el Presidente en Funciones, le hubiera
resultado imposible disfrutar de la Gala, sin recibir directamente, un rosario
interminable de críticas.
La heroicidad de continuar haciendo cine, con un veintiuno
por ciento de IVA gravando todas las actividades
culturales y lograr además, que sea
bueno, parece casi imposible en un tiempo en el que la oscuridad más absoluta
se ha apoderado de los ciudadanos, robándoles toda esperanza y convirtiéndolos
en meros autómatas sin derecho al ocio, teniendo en cuenta las condiciones
económicas en que se encuentran.
El cine trae, en estas épocas de crisis, un punto de ilusión,
que sin durar más que el tiempo en el uno permanece en la sala, siguiendo
extasiado el desarrollo de una historia, contribuye sin embargo, a poner un
poco de luz en la tediosa rutina que nos vemos obligados a soportar, por lo que
habría que agradecer y mucho, a todos los implicados en esta industria y
principalmente a los actores, el éxito de su terapia.
Los nuestros son, además, activistas en ejercicio y no
desaprovechan ninguna ocasión para cargar contra lo que consideran injusto,
pues forman parte también de este sufrido pueblo, al que en los últimos tiempos
se le han arrebatado tantas y tantas cosas.
Su admirable labor al no rendirse, al continuar luchando por
ofrecer una imagen del arte del cine, mucho más que digna, incluso sin contar
con los medios necesarios para rodar películas preciosistas, de esas que se
hacen en los países más desarrollados, añade un mérito a su labor que debiera
ser tenido en cuenta para aportar algún tipo de apoyo a este colectivo
infatigable, que nunca se ha rendido a la desidia de los años oscuros.
Más que felicitar a los premiados, lo que verdaderamente se
impone es una condecoración colectiva y que todos hagamos un esfuerzo, al menos
de vez en cuando, por seguir acudiendo a los cines y a ser posible, a ver lo que se hace en
nuestra tierra.
El abanico de maravillosas películas que actualmente están en
cartelera y la valentía de nuestros actores al enfrentarse, de cara, a las
situaciones más adversas, merecen este tipo de respuesta y sobre todo, nuestra eterna gratitud, por permitirnos en las horas bajas, la posibilidad de seguir
soñando.

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