jueves, 18 de febrero de 2016

El socio más deseado


Anda Albert Rivera brujuleando entre PSOE y PP, sin terminar de decidir claramente a cuál de ellos ayudará a formar Gobierno, pero disfrutando de este protagonismo inesperado que le ha deparado el resultado de las elecciones, seguramente por aquello de que su imagen se parece a la del yerno que a todas las madres les gustaría tener y porque su programa podría considerarse como el cenit de una moderación, mucho más aceptable que la supuesta radicalidad de Podemos.
No le han salido a Ciudadanos las cosas demasiado mal, si se tiene en cuenta que sólo ha conseguido alcanzar cuarenta escaños en el Parlamento y aunque no ha tenido, como le hubiera gustado, la posibilidad de ayudar a Mariano Rajoy a formar un Gobierno a dos, claramente orientado a una ideología de derechas, el destino le ha deparado la suerte de convertirse en el socio más deseado también, por la Formación de Pedro Sánchez, cuestión que Rivera está aprovechando al máximo para estar permanentemente en el candelero informativo y hasta para pensarse con calma por quiénes se decantará finalmente, seguro sin embargo, de que obtendrá una parcela de poder.
Al principio, no debió hacerle gracia que sus oponentes de Podemos le doblaran en votos, relegándole a una cuarta posición que probablemente, se quedaba corta para sus aspiraciones, pero a los ojos de los señores del bipartidismo, le ha beneficiado y mucho, esa supuesta centralidad de que presume y que le hace parecer un aliado dócil al que poder convencer con mayor facilidad, de cara a futuros acuerdos.
Sin embargo, analizando sus movimientos de estos días y mirando a la vez de reojo a aquellas Comunidades en que su apoyo ha permitido el gobierno a PP o a PSOE, según conveniencia, la forma de actuar que están teniendo los representantes de Ciudadanos, se escora bastante hacia unas propuestas claramente identificadas con las medidas de Rajoy en su última legislatura y nada tienen  que ver con las  que anuncia Sánchez para la próxima, en el caso de que llegue a ser Presidente.
Tampoco ayuda el odio declarado que tiene su  Partido hacia cualquier tipo de nacionalistas, ni esa defendida españolidad que en nada favorecerá a quién finalmente consiga gobernar, para solucionar el problema catalán, como todos sabemos, enquistado en su fondo y en su forma, a causa del empecinamiento de Mas y Rajoy, en los últimos tiempos.
Este problema, convierte a Ciudadanos en un socio incapaz de arbitrar una vía que facilite las conversaciones con catalanes y ahora también con vascos, según lo que hemos oído estos días, por lo que su deseada ayuda, podría desembocar, de conseguirse, en un arma de doble filo, difícil de manejar, en un momento en que ya existen muchos y variados inconvenientes de otro tipo, que también requieren de consenso.
No parece, además, que Rivera vaya a ser el manso corderito al que conducir sin objeciones hacia el destino marcado por el socio más fuerte, ni tampoco que vaya a conformarse con estampar su firma sin rechistar en las propuestas sugeridas por sus futuros aliados en el gobierno, sobre todo si se tiene en cuenta que al menos en apariencia, demuestra una clara ambición por hacer crecer a su Partido y muchas veces ha manifestado su deseo de convertirse en breve, él mismo, en Presidente.
Así que los pactar con Ciudadanos podría acarrear a quienes decidan hacerlo, la incomodidad de tener que competir, de manera permanente, con el carisma innegable de un Albert Rivera  incapaz de renunciar al protagonismo que la historia le ofrece y que no parece dispuesto a ser relegado a un segundo plano en el que sus acciones queden oscurecidas por el liderazgo de un futuro Presidente, que lo habrá sido gracias a él y que por tanto, habrá de hacerle múltiples concesiones.
La verdad, las preferencias de Sánchez y Rajoy, poco o nada importan en estos momentos. Si al final es Ciudadanos la que ayuda a lograr la investidura, tengan por seguro que no lo harán a cambio de nada.
Así que harían bien unos y otros en estudiar minuciosamente cuáles son sus propuestas, analizar las pretensiones de su líder, sopesar si merece la pena competir con él y con su indiscutible personalidad durante toda la legislatura y sobre todo, tratar de adivinar lo que calla.
En política, nadie tiende la mano si no espera obtener pingues beneficios y Albert Rivera, mucho menos.


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