Anda Albert Rivera brujuleando entre PSOE y PP, sin terminar
de decidir claramente a cuál de ellos ayudará a formar Gobierno, pero
disfrutando de este protagonismo inesperado que le ha deparado el resultado de
las elecciones, seguramente por aquello de que su imagen se parece a la del
yerno que a todas las madres les gustaría tener y porque su programa podría
considerarse como el cenit de una moderación, mucho más aceptable que la
supuesta radicalidad de Podemos.
No le han salido a Ciudadanos las cosas demasiado mal, si se
tiene en cuenta que sólo ha conseguido alcanzar cuarenta escaños en el
Parlamento y aunque no ha tenido, como le hubiera gustado, la posibilidad de
ayudar a Mariano Rajoy a formar un Gobierno a dos, claramente orientado a una
ideología de derechas, el destino le ha deparado la suerte de convertirse en el
socio más deseado también, por la Formación de Pedro Sánchez, cuestión que
Rivera está aprovechando al máximo para estar permanentemente en el candelero
informativo y hasta para pensarse con calma por quiénes se decantará
finalmente, seguro sin embargo, de que obtendrá una parcela de poder.
Al principio, no debió hacerle gracia que sus oponentes de Podemos
le doblaran en votos, relegándole a una cuarta posición que probablemente, se
quedaba corta para sus aspiraciones, pero a los ojos de los señores del
bipartidismo, le ha beneficiado y mucho, esa supuesta centralidad de que
presume y que le hace parecer un aliado dócil al que poder convencer con mayor
facilidad, de cara a futuros acuerdos.
Sin embargo, analizando sus movimientos de estos días y
mirando a la vez de reojo a aquellas Comunidades en que su apoyo ha permitido
el gobierno a PP o a PSOE, según conveniencia, la forma de actuar que están
teniendo los representantes de Ciudadanos, se escora bastante hacia unas
propuestas claramente identificadas con las medidas de Rajoy en su última
legislatura y nada tienen que ver con
las que anuncia Sánchez para la próxima,
en el caso de que llegue a ser Presidente.
Tampoco ayuda el odio declarado que tiene su Partido hacia cualquier tipo de
nacionalistas, ni esa defendida españolidad que en nada favorecerá a quién
finalmente consiga gobernar, para solucionar el problema catalán, como todos
sabemos, enquistado en su fondo y en su forma, a causa del empecinamiento de
Mas y Rajoy, en los últimos tiempos.
Este problema, convierte a Ciudadanos en un socio incapaz de
arbitrar una vía que facilite las conversaciones con catalanes y ahora también
con vascos, según lo que hemos oído estos días, por lo que su deseada ayuda,
podría desembocar, de conseguirse, en un arma de doble filo, difícil de
manejar, en un momento en que ya existen muchos y variados inconvenientes de
otro tipo, que también requieren de consenso.
No parece, además, que Rivera vaya a ser el manso corderito
al que conducir sin objeciones hacia el destino marcado por el socio más
fuerte, ni tampoco que vaya a conformarse con estampar su firma sin rechistar
en las propuestas sugeridas por sus futuros aliados en el gobierno, sobre todo
si se tiene en cuenta que al menos en apariencia, demuestra una clara ambición
por hacer crecer a su Partido y muchas veces ha manifestado su deseo de
convertirse en breve, él mismo, en Presidente.
Así que los pactar con Ciudadanos podría acarrear a quienes
decidan hacerlo, la incomodidad de tener que competir, de manera permanente,
con el carisma innegable de un Albert Rivera
incapaz de renunciar al protagonismo que la historia le ofrece y que no
parece dispuesto a ser relegado a un segundo plano en el que sus acciones
queden oscurecidas por el liderazgo de un futuro Presidente, que lo habrá sido
gracias a él y que por tanto, habrá de hacerle múltiples concesiones.
La verdad, las preferencias de Sánchez y Rajoy, poco o nada
importan en estos momentos. Si al final es Ciudadanos la que ayuda a lograr la
investidura, tengan por seguro que no lo harán a cambio de nada.
Así que harían bien unos y otros en estudiar minuciosamente
cuáles son sus propuestas, analizar las pretensiones de su líder, sopesar si
merece la pena competir con él y con su indiscutible personalidad durante toda
la legislatura y sobre todo, tratar de adivinar lo que calla.
En política, nadie tiende la mano si no espera obtener pingues
beneficios y Albert Rivera, mucho menos.

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