jueves, 11 de febrero de 2016

Lejos de la centralidad


En medio de una semana marcada por la celebración de varios juicios de suma relevancia para aclarar sendos casos de corrupción, continúan las reuniones entre los líderes de los diferentes Partidos políticos, a través de las cuáles se trata de hallar los apoyos necesarios para que pueda formarse en España un nuevo gobierno, sin que los ciudadanos tengamos nada claro si será de continuidad, o de progreso.
Las posturas cada vez más cercanas de Ciudadanos y PP, que vienen a demostrar que la pretendida centralidad de que presumía Albert  Rivera, en sus mítines de campaña, era una cortina de humo que disimulaba su ideología de derechas, parecen augurar que si Pedro Sánchez quiere verdaderamente conseguir su sueño de ser Presidente, tendrá finalmente que pactar con Podemos e IU y esperar de la bondad de los grupos nacionalistas, al menos, una abstención, que desde luego no le saldrá gratis y que le acarreará, en el futuro, algún que otro dolor de cabeza.
Ya hemos dicho muchas veces que el centro político no existe y las posiciones adoptadas estos días por todos los participantes en estos encuentros para propiciar la investidura, dejan patente que por muchos años que pasen y por mucho que trate de modernizarse el  Sistema existente, a la hora de la verdad, todo termina reduciéndose al tradicional enfrentamiento entre la derecha y la izquierda.
Nunca antes se había dado en España una situación parecida a la que vivimos estos días, por lo que no resulta nada fácil prever lo que sucederá, ni quién logrará finalmente convertirse en el próximo Presidente de Gobierno, pero la verdad es que aún sin haber estado presentes en la última legislatura, ni Ciudadanos ni Podemos, las medidas aprobadas por la derecha han supuesto un alto costo económico y social para las familias y que de seguir gobernando, solos o en compañía de otros, lo más probable es que nada cambie en modo alguno en el panorama político español y se continúe viendo en los recortes, la única manera de lograr esa ficticia estabilidad de la que tanto ha presumido Rajoy, pero que en nada se nota en el plano familiar, como todos estamos comprobando.
No será Albert Rivera quién esté dispuesto a dar un giro de ciento ochenta grados a lo que ya puso en práctica Rajoy, mientras ha durado su gobierno, pues el programa que presenta responde al pie de la letra al pensamiento liberal y el economista que asesora a su partido, Garicano, no se caracteriza precisamente, por defender los logros sociales, sino más bien, por seguir al dedillo, los mandatos de la Unión europea.
La sociedad española, que ha querido un gobierno de cambio, con más de once millones de votos, frente a los casi siete de Rajoy, seguramente no entendería, y más con la corrupción que atenaza al PP, que la izquierda no fuera capaz de ponerse de acuerdo, cuando tiene la oportunidad de conseguirlo, ni tampoco que por la incompetencia para negociar de los políticos, hubiera que convocar nuevas elecciones, en las que con toda probabilidad sería la abstención, la que se convirtiera en protagonista.
Lo que los españoles quieren, en definitiva, es mejorar y que desaparezcan a la mayor brevedad posible de los cargos políticos, toda esa cohorte de corruptos que han venido sistemáticamente sustrayendo el dinero que pertenece a todos y sobre todo lo demás, tener la oportunidad de trabajar, a jornada completa y a cambio de un salario digno.
No parece que el pacto de la derecha esté capacitado para conseguir estas sencillísimas exigencias, pues en los cuatro años anteriores, el nivel adquisitivo de los ciudadanos, ha mermado considerablemente, así que habrá de ser la izquierda la que tome el relevo del poder, por muchas concesiones que hayan de hacer los diferentes Partidos, para que la investidura de Sánchez sea un hecho.
Mirando alrededor, no hay otro modo de lograr una regeneración aceptable, pues aunque el Partido de Rivera parece estar limpio de corrupción, el mero hecho de pactar con la Formación de la que provienen la mayoría de los imputados en delitos fiscales, le convertiría, en cierto modo, en cómplice de los graves pecados cometidos.
La postura incoherente de Ciudadanos, que dice defender a capa y espada la limpieza, a la vez que se acerca, cada vez más y peligrosamente, al Partido de Mariano Rajoy, hace temer que si se fraguara esta alianza, bien se podría perdonar todo lo ocurrido en nuestro país hasta ahora, cosa que resulta ser inaceptable, por la cuantía de lo robado y por la flagrante implicación de reconocidos miembros del PP, en toda una ristra interminable de esta clase de delitos.
No se sabe si Albert Rivera se ha detenido a valorar el precio de tal alianza y las consecuencias que podría traer, a los ojos de sus votantes, que en lugar de sumarse al ansiado cambio que ha publicitado en sus intervenciones, se decantara por asociarse con un PP, absolutamente deteriorado en su imagen, al que le va a costar Dios y ayuda, conseguir una regeneración auténtica, de hoy para mañana.

Aunque una vez que se va viendo cómo se va alejando Ciudadanos de ese Centro hipotético en el que dijo estar cuando apareció, no puede extrañar que su interés primordial sea conseguir alguna parcela de poder a través de los pactos, ya que las urnas le han negado la posibilidad de tenerla, por méritos propios.

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