lunes, 22 de febrero de 2016

Valencia era una fiesta


El que fuera número dos de Rita Barberá, Alfonso Grau, hay sido detenido esta mañana, acusado de un delito de cohecho continuado, que en principio nada tiene que ver con la operación Taula, en la que está imputada su esposa y que había propiciado en los últimos días, una serie de declaraciones de fuerte contenido que han debido sentar muy mal entre las filas conservadoras y muy especialmente, entre los principales dirigentes que encabeza Mariano Rajoy, en plenas negociaciones por conseguir una investidura, cada vez más lejana.
Todos recordamos a Grau como un personaje extremadamente desagradable en su trato con una prensa que ya intuía hace algunos meses la hecatombe que después se ha ido haciendo realidad y en la que ha caído toda la plantilla conservadora del Ayuntamiento valenciano, menos la que fuera Alcaldesa, que continúa parapetada detrás del aforamiento al que tiene derecho, por ocupar el cargo que ahora ocupa.
La exagerada corrupción en la que presuntamente vivían estos cargos de relevancia del PP y su más que probable extrapolación a otras Comunidades del país, con supuestos delitos de financiación ilegal de campañas electorales y presuntas mordidas personales obtenidas del chantaje a los empresarios a cambio de la concesión de obras públicas, va cercando de manera asfixiante a los principales dirigentes populares y si el ritmo de las detenciones continúa siendo el mismo que se está viendo estos días, puede que hasta  se queden sin gente que presentar, en el caso de que llegara a haber nuevos comicios.
La incomprensible irresponsabilidad de los dirigentes populares, que achacan esta estela de corruptelas encadenadas a decisiones estrictamente personales de los imputados, como si una ceguera generalizada hubiera afectado a toda la cúpula de Génova, conlleva que aunque diariamente se continúen produciendo nuevas detenciones, nadie se haya planteado aún dimitir y todos estén, como están, ocupando los mismos puestos.
Pero la táctica de la huída hacia delante, volver reiterativamente la vista hacia otro lado, como si los acusados nada hubieran tenido que ver nunca con las acciones diarias que se libraban en este Partido político, ha de tener necesariamente un punto final y no sería de extrañar que cualquier mañana nos despertáramos con alguna medida judicial que afectase directamente a la cúpula del PP y principalmente, a su Presidente.
Todo va a depender, creo, a partir de ahora., de la capacidad de aguante que tengan estos imputados de guante blanco, que en muchos casos se niegan a ser abandonados a su suerte por los mismos que hasta anteayer se deshacían en elogios hacia su gestión y que ahora ni siquiera se dignan a pronunciar sus nombres y que con toda probabilidad, ya se están planteando hacer público todos los entresijos que se manejaban en el subsuelo conservador, muchos de ellos, con grandes dosis de conocimiento.
Toca a los jueces devanar esta fina madeja de incalculable longitud, cuyo enmarañamiento hace realmente difícil el esclarecimiento total de todos los hechos, pero que parece, cada vez más, apuntar en una misma dirección a la que finalmente se acabará llegando, aunque para ello se hayan de emplear años e inconmensurables esfuerzos.
Probablemente, nunca sabremos si todo se correspondía con un plan minuciosamente trazado y que afectaba a un gran número de dirigentes del Partido, en todos y cada uno de los rincones de España en los que tenían representación y presumirlo, resulta aún aventurado y hasta podría ofender realmente a todos esos militantes de base, limpios en general, que nada tuvieron nunca que ver con las corruptelas que se cocinaban uno o dos escalones más arriba, entre sus propios compañeros, pero las investigaciones policiales, el incesante goteo de detenciones de altos cargos, la magnitud de las cifras saqueadas de las arcas públicas, mientras se exigía al resto de los españoles una impracticable austeridad, que ha llevado a muchos de ellos a una desesperanza endémica, hace ineludible informar con pelos y señales de lo que ocurre, aún a riesgo de perjudicar o dañar la imagen de los inocentes.
En cualquier País democrático, las principales cabezas del PP, hace tiempo que hubieran caído y el hecho de que permanezcan en los cargos, su permanente alegato de desconocimiento y la falta total de asunción de responsabilidades políticas que se atreven a exhibir ante unos ciudadanos a los que parecen considerar poco menos que imbéciles, constituyen una de las mayores vergüenzas de cuántas hemos conocido y no se entiende que alguien pueda aún continuar votando al PP o deseando que Mariano Rajoy, vuelva a ser Presidente.

Las tramas que vamos conociendo, convierten a casos de la relevancia del Watergate en un juego de niños y por si se nos ha olvidado, les recuerdo que no obstante, le costó el puesto al Presidente de la nación más poderosa del mundo.

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