martes, 9 de febrero de 2016

El rey de Marivent


Se reanuda el juicio por el caso en el que Urdangarín y su esposa están imputados, en una jornada en la que uno de los más importantes arrepentidos, el que fuera atleta olímpico y amigo personal del Rey, Pepote Ballester, ha relatado minuciosamente como se le concedían todos sus proyectos de negocios al marido de la Infanta Cristina, por orden expresa del que entonces fuera Presidente de la Comunidad balear, Jaume Matas, que tiene ahora, varios casos pendientes con la Justicia.
Ha contado también el testigo, que muchos de estos negocios llevados a cabo, presuntamente, por Urdangarín, con total impunidad, durante varios años, se trataban directamente en el palacio de Marivent, en el que la Familia Real tenía costumbre de pasar sus vacaciones de verano y que el entonces yerno del Rey gobernaba, como si se tratara de su propio domicilio.
El incalificable comportamiento de estos ilustres imputados, sentados hoy en el banquillo, debido a la perseverancia y el sentido de la justicia del Juez Castro, no deja apenas duda sobre su más que probable participación en los hechos y se va hilvanando, a medida que pasan los días, toda una rocambolesca historia de corrupción, sustentada en su mayor parte en sacar rendimiento del parentesco que unía al principal acusado con la Familia real y que le permitía, en todos los casos, obtener con enorme inmediatez, respuestas favorables a sus propuestas, por parte de la mayoría de políticos con los que se atrevió a tratar.
Parece sin embargo imposible, que nadie de los que le rodeaban se percatara del enorme aumento de ingresos que le sobrevenían, sin una explicación lógica que lo justificara, por razones de un trabajo que se pretendía, en principio, totalmente altruista y que sin embargo, permitía a él y a los suyos, llevar un tren de vida de esos que parecen estar, a las claras, por encima de todas las posibilidades imaginables, con palacete reformado incluido y viajes alrededor del mundo, además de otras muchas prebendas.
El caso, que con toda probabilidad se alargará en el tiempo, puesto que lo que estamos conociendo ahora, no parece, más que la punta de un enorme iceberg que se esconde bajo la superficie del agua, deja sin embargo, muchas incógnitas que seguramente nunca se llegarán a resolver, pues conviene recordar que han existido muchos y graves desencuentros, entre el Ministerio Fiscal y los Magistrados, prácticamente desde el inicio mismo de la instrucción y fundamentalmente, sobre el grado de implicación en los hechos, de la Infanta Cristina.
Sin embargo, la notoriedad de los acusados y la gravedad de los hechos que se juzgan, ofrecen a los jueces una oportunidad de oro para convertir la sentencia en absolutamente ejemplarizante, recuperando la mala imagen que los ciudadanos tienen en estos momentos, del funcionamiento real de la justicia y demostrando con claridad meridiana que todos somos iguales ante la Ley, sin gozar, por razones de rango, de ningún privilegio.  
El interés mediático que ha levantado un caso, en el que por primera vez en el País, se sienta en el banquillo de los acusados a la hija de un Rey y su marido, hace que se siga al milímetro todo cuanto acontece en la sala, sin que haya la más mínima posibilidad de sustraer ningún tipo de información, al retransmitirse prácticamente en directo, el desarrollo del juicio.
En estos tiempos convulsos, en los que resulta difícil establecer si las normas morales tienen aún vigencia, que existan profesionales como Castro y que se haya podido procesar a estos personajes de noble alcurnia, a pesar de las muchas presiones que se han ejercido, prácticamente hasta este mismo instante, supone establecer un punto de esperanza al que agarrarse, en medio de tanta ignominia.
Afortunadamente para nosotros, aún queda gente de la que poder sentirnos orgullosos, a los que se podría poner como ejemplo de integridad, valentía y coherencia, a los ojos del mundo. 


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