Se reanuda el juicio por el caso en el que Urdangarín y su
esposa están imputados, en una jornada en la que uno de los más importantes
arrepentidos, el que fuera atleta olímpico y amigo personal del Rey, Pepote
Ballester, ha relatado minuciosamente como se le concedían todos sus proyectos
de negocios al marido de la Infanta Cristina, por orden expresa del que
entonces fuera Presidente de la Comunidad balear, Jaume Matas, que tiene ahora,
varios casos pendientes con la Justicia.
Ha contado también el testigo, que muchos de estos negocios
llevados a cabo, presuntamente, por Urdangarín, con total impunidad, durante
varios años, se trataban directamente en el palacio de Marivent, en el que la
Familia Real tenía costumbre de pasar sus vacaciones de verano y que el
entonces yerno del Rey gobernaba, como si se tratara de su propio domicilio.
El incalificable comportamiento de estos ilustres imputados, sentados
hoy en el banquillo, debido a la perseverancia y el sentido de la justicia del
Juez Castro, no deja apenas duda sobre su más que probable participación en los
hechos y se va hilvanando, a medida que pasan los días, toda una rocambolesca
historia de corrupción, sustentada en su mayor parte en sacar rendimiento del
parentesco que unía al principal acusado con la Familia real y que le permitía,
en todos los casos, obtener con enorme inmediatez, respuestas favorables a sus
propuestas, por parte de la mayoría de políticos con los que se atrevió a
tratar.
Parece sin embargo imposible, que nadie de los que le
rodeaban se percatara del enorme aumento de ingresos que le sobrevenían, sin
una explicación lógica que lo justificara, por razones de un trabajo que se
pretendía, en principio, totalmente altruista y que sin embargo, permitía a él
y a los suyos, llevar un tren de vida de esos que parecen estar, a las claras,
por encima de todas las posibilidades imaginables, con palacete reformado
incluido y viajes alrededor del mundo, además de otras muchas prebendas.
El caso, que con toda probabilidad se alargará en el tiempo,
puesto que lo que estamos conociendo ahora, no parece, más que la punta de un
enorme iceberg que se esconde bajo la superficie del agua, deja sin embargo,
muchas incógnitas que seguramente nunca se llegarán a resolver, pues conviene
recordar que han existido muchos y graves desencuentros, entre el Ministerio
Fiscal y los Magistrados, prácticamente desde el inicio mismo de la instrucción
y fundamentalmente, sobre el grado de implicación en los hechos, de la Infanta
Cristina.
Sin embargo, la notoriedad de los acusados y la gravedad de
los hechos que se juzgan, ofrecen a los jueces una oportunidad de oro para
convertir la sentencia en absolutamente ejemplarizante, recuperando la mala
imagen que los ciudadanos tienen en estos momentos, del funcionamiento real de
la justicia y demostrando con claridad meridiana que todos somos iguales ante
la Ley, sin gozar, por razones de rango, de ningún privilegio.
El interés mediático que ha levantado un caso, en el que por
primera vez en el País, se sienta en el banquillo de los acusados a la hija de
un Rey y su marido, hace que se siga al milímetro todo cuanto acontece en la
sala, sin que haya la más mínima posibilidad de sustraer ningún tipo de
información, al retransmitirse prácticamente en directo, el desarrollo del
juicio.
En estos tiempos convulsos, en los que resulta difícil
establecer si las normas morales tienen aún vigencia, que existan profesionales
como Castro y que se haya podido procesar a estos personajes de noble alcurnia,
a pesar de las muchas presiones que se han ejercido, prácticamente hasta este
mismo instante, supone establecer un punto de esperanza al que agarrarse, en
medio de tanta ignominia.
Afortunadamente para nosotros, aún queda gente de la que
poder sentirnos orgullosos, a los que se podría poner como ejemplo de
integridad, valentía y coherencia, a los ojos del mundo.

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