Finalmente, Pedro Sánchez es propuesto por el Rey para la
Investidura, terminando así un compás de espera que estaba poniendo demasiado
nerviosos a los españoles y abriéndose un nuevo camino que, si todo va bien,
puede terminar con la formación de un nuevo Gobierno de progreso, en el que
varias voces de matices distintos, tengan que ponerse de acuerdo cada vez que
se quiera aprobar alguna medida de trascendencia.
Tras cuarenta días de incertidumbre y la aparición de varios
casos de corrupción de envergadura, como el de Valencia, a Mariano Rajoy no le
ha quedado otro remedio que admitir, al menos momentáneamente, que no alberga
la menor esperanza de contar con los apoyos necesarios para intentar la
investidura y dar un paso atrás, permitiendo, no se sabe aún con qué
intenciones, que sea el líder socialista quién se arriesgue a una aventura cuyo final se desconoce, pero que se acerca
más a lo que los votos de los ciudadanos decidieron el 20 de Diciembre, en las
urnas.
Probablemente, el PP espera que Sánchez no pueda conseguirlo
y se agazapa en una segunda línea de
juego, deseando poder presentarse, tras un hipotético fracaso, como el único
salvador capaz de llevar los destinos de España, a buen puerto.
Pero sería de necios que el socialista lo intentara, si no
tuviera, al menos, una cierta seguridad de poder sacar adelante las
negociaciones, aunque fuera en segunda instancia y todo hace pensar que, en
contra de lo que ha venido dando a entender durante los últimos días, los
pactos podrían estar mucho más avanzados, de lo que en general, se piensa.
Cuenta el socialista con una baza a su favor que todos
parecen haber olvidado en los múltiples análisis que se han hecho, desde que se
conociera el resultado de las elecciones y que es, la animadversión que todos
los otros grupos políticos, con la excepción de Ciudadanos, muestran hacia el
PP y muy particularmente, hacia el que ha sido su cabeza visible, durante estos
cuatro años turbulentos en que se habilitaron las políticas de recortes
económicos y sociales, que han dejado a los españoles, en la situación en la
que se encuentran.
Nada hay que una más que la posibilidad de acabar con un
enemigo común y lo que está ocurriendo en España en estos momentos, no es, en
modo alguno, la excepción que confirma esta regla.
Socialistas, Poidemitas y nacionalistas y hasta en ciertos
aspectos, Ciudadanos, han venido reiteradamente criticando con verdadera dureza
la que ha sido la línea de gobierno del PP, cada uno por motivos distintos,
pero aunados en la idea de que es necesaria una regeneración casi
revolucionaria para el País, que termine inmediatamente con la tiranía apoyada
en la mayoría absoluta que ha caracterizado la última legislatura y
fundamentalmente, con los gravísimos casos de corrupción que han esquilmado los
recursos de la Nación y en los que, curiosamente, se encuentran implicados, un
amplísimo número de dirigentes del Partido conservador.
Así que la premisa de “Todos contra Rajoy” puede ser la
primera que se coloque sobre la mesa de negociaciones y partiendo de ella,
seguramente será mucho más fácil que unos y otros vayan cediendo en sus
primeras exigencias, pues cuando se trata de lograr acuerdos, la rigidez suele
ser mala consejera y puede hacer que la buena voluntad inicial, se transforme
en un paisaje de relaciones imposibles.
Tiene un mes Pedro
Sánchez, para hallar ese punto intermedio que complazca, al menos medianamente,
a todos los actores de este encuentro y para clarificar, a ser posible
meridianamente, para tranquilidad de la ciudadanía, cuál será la hoja de ruta
de la que se partirá, si finalmente se consiguen los acuerdos.
Pero la puesta en escena que está a punto de convertirse en
una de las más interesantes de cuántas se han conocido en el País, en toda la
Historia de la Democracia, cuenta ahora con un elenco protagonista en el que
cada cual, defenderá hasta las últimas consecuencias, la validez de sus
argumentos y por tanto, no resultará fácil admitir que las unicidades habrán de
quedar aparcadas, en defensa del bien común, o la pretensión de un Gobierno de progreso
que acabe con la hegemonía de la derecha, se romperá en mil pedazos, sin
posibilidad de reconstrucción, como Rajoy espera.
Nunca antes se habían pedido en España a las Formaciones
políticas tales sacrificios, por lo que la etapa que se abre hoy, constituye un
enigma y un riguroso examen para todos los políticos que están a punto de
entrar en el juego.
De su habilidad para superar este interesantísimo periodo de
nuestra Historia, dependerá, sin duda, que sea mejor o peor el futuro que
vendrá, para todos y cada uno de nosotros.
No queda más remedio, desde el corazón, que desearles mucha
suerte.

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