Puede que los Partidos políticos piensen que tienen todo el
tiempo del mundo para resolver qué pactos les convienen o qué socios les harían
menos sombra cuando lleguen a gobernar, pero la paciencia de los ciudadanos
españoles se está agotando por momentos, al contemplar que sus supuestos
representantes son incapaces, incluso, de iniciar un diálogo con los otros,
presos de una vanidad, que no ha lugar en este momento.
Si los españoles hubiéramos querido que PP o PSOE gobernaran
en solitario, la naturaleza de nuestros votos hubiera sido bien distinta, pero
los resultados que aportaron los últimos comicios del pasado 20 de Diciembre
son los que son y sugieren, más bien, una voluntad de que el Presidente que
consiga el mandato para la próxima legislatura, lo haya de hacer en coalición,
probablemente porque han perdido toda su confianza en el bipartidismo y desean
una vigilancia continua por parte de otras Formaciones de nuevo cuño, que
impida que continúen las políticas de recortes que tanto daño han hecho a la
Sociedad en general y que se combata sin tregua el terrible fantasma de la
corrupción, que para nuestra desgracia, nos ha azotado de manera reiterativa,
en los últimos tiempos.
La imagen de Rajoy y
Pedro Sánchez, arrojándose la patata caliente de precisar apoyos para gobernar
y retrasando sine die, la sesión de la Investidura, constituye en sí misma, una
prueba fehaciente de una ineptitud manifiesta para gobernar, si ni siquiera son
capaces de abordar conversaciones con sus adversarios, para tratar de
conseguir, a la mayor brevedad posible, un fructífero acuerdo.
Las nocivas mayorías absolutas que se han venido sucediendo
durante algunas de las antiguas legislaturas y que han permitido a los que
ostentaban el poder, legislar en solitario y muchas veces en contra de la
voluntad de los españoles, han convertido a los dos grandes Partidos de este
país, en gestores acomodados a no tener que soportar oposición y les ha
transformado, o al menos eso es lo que parece, en una especie de empresarios
sin ninguna experiencia en la práctica de la verdadera política, que al final,
es la encargada de conformar las
posibilidades de futuro que tienen las naciones y las personas que las habitan.
La enorme fuerza con que han entrado en el Parlamento
Ciudadanos y Podemos, han pillado a PSOE y PP, absolutamente desprevenidos,
aunque a partir de ahora, no les quedará otro remedio que acostumbrarse a
convivir de manera permanente con ellos y su obligación, no es otra que dar comienzo a
esa incómoda convivencia o ninguno de los dos podrá llegar a gobernar, por
meras cuestiones numéricas.
Naturalmente, los recién llegados, han subido su nivel de
exigencias, pues en toda negociación
gana más quién tiene la llave que posibilite que se logren acuerdos y en
este caso, por mucho que pese a los líderes bipartidistas en ejercicio, los
votos obtenidos por Iglesias y Rivera, constituyen el asidero necesario al que
agarrarse, sin otra opción, si se quiere formar gobierno.
La diferencia con otras veces en las que se necesitaron
apoyos, casi siempre nacionalistas, estriba en que la trayectoria de Ciudadanos
y Podemos, resulta ser para PSOE y PP, absolutamente desconocida, por no haber
referencias pasadas de cuál podría ser, una vez alcanzado el poder, su comportamiento.
Pero no queda otro remedio que arriesgar, para salir de esta
encrucijada que nos mantiene anclados al Gobierno en funciones de un Mariano
Rajoy con la justicia llamando a las puertas de su partido, de manera
insistente y a quién no conviene, sin embargo, dejar el poder, razón por la
cual, trata de prolongar la situación en la que su Partido se encuentra, a
pesar de ser absolutamente consciente de no contar con ninguna clase de apoyos, ni tener
esperanza alguna de poder obtenerlos.
Buscar una salida, corresponde pues, a ojos de los
ciudadanos, a Pedro Sánchez, sin que realmente importen los problemas que tiene
con los barones de su propio Partido, pues a esta Sociedad, lo que le urge, es
que las cosas empiecen a funcionar cuanto antes y a ser posible, sin tener que
acudir de nuevo a las urnas, en las que probablemente, el resultado volvería a
ser el mismo.
La parsimonia con que se toma el PSOE el problema, resulta
del todo incomprensible y no hace otra cosa que aumentar de manera
considerable, el desprestigio de que ya disfruta a los ojos de los electores,
como ha quedado bien patente, en los resultados obtenidos, el 20 de diciembre.
Debe pues, avanzar, dialogar en profundidad con quiénes
buenamente quiera y sopesar, si verdaderamente desea gobernar, las únicas
opciones que tiene y que pasan, a mi entender, por un pacto de izquierdas que
puede o no gustar a los partidarios de Susana Díaz, pero que gusta y mucho al
parecer, a los once millones de ciudadanos que han elegido esas opciones y que
son, verdaderamente, los que importan, o eso nos gustaría pensar, a los que
creemos en la Democracia, como única forma de gobierno.

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