La creación de una Gerencia, que dirigirá a partir de ahora
el PP de Madrid y la colación al frente de la misma de Cristina Cifuentes,
denota que la crisis del Partido en el Gobierno y la clara división en dos
bandos que se da entre sus filas, es un hecho y que el liderato de Mariano
Rajoy pasa por uno de sus peores momentos, desde que Áznar le nombrara como su
sucesor, cosa que siempre lamentará considerablemente.
La marcha de esperanza Aguirre, que siempre perteneció al ala
más conservadora de la Formación y que nunca apoyó que Rajoy ocupara la
Presidencia del Partido, ni estuvo de acuerdo con la manera de gobernar que le
ha caracterizado durante su mandato, deja al descubierto el enorme malestar que
se mueve bajo la aparente unidad de los miembros más destacados del PP y cómo
los últimos casos de corrupción han contribuido grandemente a que el problema
se agrave.
A los partidarios de Rajoy, no les queda otra opción que
cerrar filas junto al Presidente, apretar los dientes ante la avalancha de
críticas que está recibiendo su líder, por la gestión que ha llevado a cabo en
el asunto de la Investidura y con la debacle de Valencia y esperar que la
situación interna del PP, que alcanza un grado de convulsión muy por encima del
que sería habitual, tras el resultado de las elecciones, no empeore, ni por
causas externas, ni porque algún otro de sus ilustres miembros salga por la
tangente, en la línea de Esperanza Aguirre, al menos, hasta que se solucione la
formación de un nuevo Gobierno.
Pero las investigaciones policiales y judiciales siguen
abiertas en varios frentes y todo hace prever que en los próximos días se
continuarán conociendo nuevos datos de las enormes corruptelas que parecen
inherentes a muchos de los cargos conservadores, por lo que el periodo que se avecina
para Rajoy y quienes le prestan aún su apoyo, no va a ser nada fácil y menos
aún, conociendo la natural idiosincrasia del Presidente.
Así que mientras Pedro Sánchez se parte el alma por encontrar
los socios necesarios para llegar al acto de Investidura, al menos con cierta
evidencia de poder sacarlo adelante, seguramente en segunda instancia, en las
filas del PP se libra una cruenta batalla para hacerse con el poder en el
Partido, cuyos guerreros además, se encuentran bastante agotados y sin razones
creíbles que presentar ante el público en general, al haber exprimido hasta la
saciedad todos los argumentos sobre una supuesta limpieza, que cada vez resulta
menos defendible, a la vista de lo que acontece alrededor y que tanta
indignación causa, en la mayoría de los españoles.
Esta incertidumbre actual,
que no ayuda en nada al Presidente en funciones, a la hora de armar un discurso
que inspire tranquilidad a la ciudadanía, potencia también, de algún modo, que
aquellos indecisos que se decantaban porque triunfara el gran pacto de Estado
propuesto desde el Partido Popular, vayan cambiando progresivamente de opinión,
centrando ahora sus preferencias en que Sánchez consiga su ansiado pacto de
izquierdas, pues se han cansado de esperar esos pasos al frente que Rajoy no
termina de dar, quizá condicionado por las rencillas internas que ha de librar
a diario, contra su propia gente.
Con el Ayuntamiento de Valencia roto y el PP de Madrid
desmembrado por la dimisión de Esperanza Aguirre, los que habían sido hasta ahora
los principales cimientos de los conservadores, se están hundiendo ante sus
ojos, sin que la mano firme de que tanto ha presumido Rajoy durante su mandato,
sea capaz de tomar las riendas del asunto, como es absolutamente evidente.
La situación, que se está convirtiendo en desastrosa,
recuerda superlativamente a lo que sucedió con UCD y aunque los motivos de
aquel cisma, nada tienen que ver con los que sacuden al Partido Popular ahora,
todo parece augurar un final bastante semejante al que se diera entonces y que
sea, en el futuro, Ciudadanos, la que ocupe el espacio que corresponde a la
derecha, en el panorama político español.

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