Con su acostumbrada teatralidad y justamente a la hora en que
los españoles suelen reunirse alrededor de la mesa los Domingos, Esperanza
Aguirre presentó ayer su dimisión como Presidenta del PP de la Comunidad de
Madrid, alegando que con el gesto pretendía asumir su responsabilidad política
en los casos de corrupción que durante años han ocurrido a su alrededor sin
salpicarla y que acaban de complicarse con el hallazgo de una agenda en la que
Francisco Granados parece que apuntaba las presuntas operaciones que llevaba a
cabo con ciertos empresarios, a cambio de dinero.
Revestida de una imponente coraza y manifestando en todo
momento su inocencia, Aguirrre se presentó ante los medios como una de las
pocas dirigentes del PP capaces de presentar la dimisión por voluntad propia y
aparentemente, sin esperar nada a cambio, aunque se apresuró a sugerir la
convocatoria de un Congreso en el todos y cada uno de los militantes contara
con un voto, con el que poder elegir, directamente, a sus futuros
representantes.
Mantiene sin embargo la ex Presidenta de la Comunidad de
Madrid, su puesto como concejal en el Ayuntamiento, a pesar de que muchos de
sus antiguos correligionarios en este mismo espacio, se encuentran también
imputados por sendos delitos fiscales y que hasta el propio Ignacio González,
que la sucediera en su puesto y según supimos ayer, haya presentado también su
dimisión hace ya varios días, preludiando una descomposición parecida, a la que
ha ocurrido en Valencia.
Pero Aguirre ya nos tiene acostumbrados a estas espantadas
por sorpresa, en las que parece que se encuentra decidida a abandonar
definitivamente la política para dedicarse a otros quehaceres y que en el fondo
son, una manera de ganar tiempo para reflexionar y para reaparecer después,
animada por todos aquellos que la apoyan desde el ala más conservadora de su
Partido, con el ánimo renovado y nuevas intenciones que en este caso y de
celebrarse el Congreso que tanto ansía, bien pudieran tener que ver con la
sucesión de Mariano Rajoy como presidente de los populares y por añadidura,
como la nueva candidata a la Presidencia del Gobierno.
Este más que probable propósito, que incluso pudo leerse
entre líneas en el discurso que
pronunció en la rueda de prensa, podría convertirse en factible, simplemente
por las simpatías ganadas por el mero hecho de haber tenido un gesto como el de
ayer, frente a las reticencias a abandonar los puestos de responsabilidad de
otros miembros de la Formación conservadora, como Barberá y que tanto
desagradan a los votantes más conservadores, en especial de la Comunidad
madrileña, que han constituido un granero impagable y que en el fondo,
disienten profundamente con Rajoy y con la gestión que ha realizado, al frente
del Partido.
Aguirre, denlo por seguro, no tardará mucho en volver y si
finalmente se diera el caso de que los socialistas consiguieran formar
gobierno, lo hará absolutamente preparada para tomar el relevo de un Mariano
Rajoy, para entonces seguramente caído en desgracia y con el que nunca le ha
unido, precisamente, una relación de amistad, sino más bien, todo lo contrario.
Porque si Esperanza Aguirre quisiera realmente reconocer sus
auténticas responsabilidades políticas, no le habría quedado otro remedio que
abandonar también la concejalía que ocupa en el Ayuntamiento de Madrid, pero
eso, le supondría, por el ritmo vertiginoso con que suceden los acontecimientos
en el país, caer inmediatamente en el olvido, frustrando así su eterno sueño
de dirigir los destinos del Partido al
que pertenece y por ende, ser proclamada como candidata a la Presidencia del
gobierno.
Vivir en la cuerda floja, se ha convertido para Aguirrre,
desde hace tiempo, en su manera de controlar todo lo que sucede en las
profundidades del PP, haciendo creer a sus propios compañeros que se encuentra
a punto de caer, pero recuperando la estabilidad nuevamente y también, en una
especie de seguro que le garantiza su permanencia en la primera línea de juego,
para que los votantes no tengan la sensación de que les abandona y sí la de que
asume en todo momento aquello que le toca vivir, haciendo lo que tiene que
hacer, a diferencia de otros muchos.
No tardaremos mucho en comprobar que se cumplen
escrupulosamente estas predicciones, sobre todo si continúan apareciendo casos
de corrupción de la envergadura del de Valencia y la regeneración del Partido
se hace para Rajoy, absolutamente impracticable.
Esto es, dar un paso atrás para después ganar la gloria y si
se logran finalmente los objetivos previstos, no les quepa la menor duda que
merece la pena sacrificar lo que sea, teniendo en cuenta el valor que tendrá la
recompensa.

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