martes, 23 de febrero de 2016

A dos bandas


No queda claro lo que pretende Pedro Sánchez, en esto de las negociaciones por su investidura y la sensación que da a los ciudadanos, cuando se reúne con Albert Rivera, mientras su equipo participa en unas conversaciones con cuatro Partidos de izquierdas, es la de que no se atreve a dar el paso definitivo que garantice un auténtico gobierno de progreso, probablemente influido por las reticencias mostradas por sus barones, a que se llegue a un acuerdo con la Formación de Pablo Iglesias.
Pero las cuentas son las que son y sus aspiraciones de ser Presidente han de pasar, necesariamente, por contar con Podemos y aunque mucho le gustaría que bastara con el número de diputados con que cuenta Rivera para lograr tal fin, la verdad es que resulta imposible cuadrar los números, a no ser que PP o Podemos se abstuvieran en la segunda votación, cosa que tanto Rajoy como Iglesias han rechazado hacer, por activa y por pasiva.
Entretanto, todos parecen salir encantados de las múltiples reuniones que se celebran y hasta Garzón, que cuenta sólo con dos diputados, pero que ha propiciado el encuentro de ayer por la tarde, parece confiado en que al final, las cosas se arreglen y en que a todos les una el compromiso de no dejar que el PP vuelva a gobernar en la próxima legislatura, cosa que también han expresado la mayoría de los ciudadanos, a través de su voto.
Pero los días pasan y este diálogo que en principio habría tenido que resultar fácil, para quiénes  dicen defender los principios de una misma corriente de pensamiento, parece estar estancado en un punto muerto del que el socialista no se atreve a moverse, como demuestra su incomprensible acercamiento al Partido de Albert Rivera, con el que teóricamente, el PSOE debería discrepar, teniendo en cuenta la ideología liberal que defiende  y de la que hace gala, cada vez que puede.
El soplo de aire fresco que ha supuesto para Sánchez el simple hecho de tener la suerte de ser nominado por el Rey para la Investidura, debe haberle nublado parcialmente la razón, pues incomprensiblemente se le ve ciertamente tranquilo, aunque a las fechas que estamos, no ha conseguido un solo apoyo para su candidatura, de cuántos se había propuesto.
Olvida el líder socialista que la única oportunidad  que tendrá en su vida de aspirar a la presidencia de este país, es la que se va a celebrar  próximamente y que en el caso de desaprovecharla, las pocas simpatías con que cuenta dentro de su propio Partido, se desvanecerían inmediatamente, dando paso a una Susana Díaz, crecida por haber acertado en las conclusiones que hizo, nada más conocer el resultado de las pasadas elecciones.
Hablando claro: si Sánchez deja marchar a Podemos y se empecina en un pacto que garantice solo la investidura, apoyándose  en la frágil compañía de un Partido de las características de Ciudadanos, perderá y la única posibilidad que le queda es la de correr ese riesgo que en principio pareció asumir cuando aceptó la propuesta del soberano, aunando bajo su Presidencia a la izquierda, e incluso a esos nacionalistas vascos y catalanes que estarían encantados de encontrar en él un interlocutor cabal, con el que encontrar una salida digna, aunque no sea la de la independencia.
Dejar pasar los días, emplearlos en vanos intentos de acercamiento con quiénes de nada le servirían para ganar, constituye no sólo una pérdida de tiempo irrecuperable, sino también, una auténtica dejación de las que deberían ser sus funciones, como líder aglutinador y dialogante para hallar una solución a la difícil situación que vivimos.
Ya lo hemos dicho muchas veces. Gobernar contando con una mayoría absoluta, es facilísimo, pero la auténtica talla de un político se demuestra, precisamente cuando sin contar con ella, se es capaz de llegar a acuerdos que procuren el bienestar de los ciudadanos, pero para eso, es imprescindible ser además, valiente.




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