Pedro Sánchez se pone en marcha convocando a los otros
Partidos a sendas reuniones que se celebrarán entre lo que resta de esta semana
y la próxima, disponiéndose así a intentar llegar a un acuerdo que le permita
acudir a la Investidura, seguro de que al menos en segunda instancia, llegará a
ser Presidente.
Se le nota una actitud
de felicidad que delata que algunos logros debe haber obtenido, aunque a los
ciudadanos se nos niegue todos los días que haya habido un principio de
negociaciones y parece empeñado en prescindir del apoyo de separatistas y PP,
alegando que con los primeros discrepa en la concepción que tienen del Estado y
con el segundo, le sería imposible entenderse, sobre todo ahora que la
Formación de Rajoy está cercada por los casos de corrupción, sin que nadie sea
capaz de ofrecer una explicación plausible que convenza a los ciudadanos de la
limpieza de sus gestiones.
Se nota un gran revuelo entre las filas de los populares, que
mayoritariamente no perdonan al Presidente que no haya intentado la
Investidura, permitiendo con su pasividad la oportunidad de que se consiga un
pacto de izquierdas y se oye, cada vez con más insistencia, que resulta
absolutamente imprescindible que Rajoy abandone la escena política, primero,
para limpiar la imagen del Partido y después para que pueda iniciarse una
regeneración, con caras nuevas, que nada hayan tenido que ver con las múltiples
corruptelas descubiertas, en los últimos años.
Incluso se ha atrevido a sugerir, Esperanza Aguirre, que debe creer que la
negociación de Sánchez tendrá éxito, que lo mejor para el País sería que el
nuevo Presidente fuera una figura de peso, como Felipe González, hasta ayer
mismo, uno de sus más irreconciliables enemigos.
La fama que se está ganando el PP, de albergar en sus filas a
individuos tendentes a la delincuencia, no le favorece en absoluto, en el
momento tan difícil que vivimos y va a resultar prácticamente imposible que se
deshaga de ella, porque todos los días, continúan apareciendo casos cada vez de
más envergadura, que haría imprescindible una auditoría seria por parte del
Estado en las cuentas de este Partido y hasta de las finanzas de todos sus
miembros.
Como es su obligación, Sánchez aprovecha la ocasión que le
brindan los acontecimientos y se encarga de recordar a los ciudadanos, cada vez
que interviene ante los medios, que sería un riesgo poner el Gobierno en manos
de los populares, con la historia que arrastran y que sólo él, si contara con
los apoyos necesarios para ser investido, podría ser capaz de sacar a España de
este laberinto financiero y social en el que vive, combatiendo con mano
durísima la corrupción y adoptando unas medidas de emergencia social, que
considera una prioridad a negociar, con cada uno de sus posibles socios.
Parece además, que Ciudadanos pretende convencer a Rajoy para
que se abstenga en la investidura de Sánchez, liberándole así de tener que
contar con los nacionalistas y Albert Rivera, prácticamente, se compromete a
hacer de mediador, dado que es el único que por cuestiones programáticas podría
entenderse con el PP y con su denostado líder.
Entre tanto, Iglesias aguarda su turno para reunirse con el
Candidato a la Presidencia, visiblemente nervioso por la pérdida de tiempo que
están representando estos cuarenta días de inacción y deseoso de ponerse manos
a la obra, de igual a igual, con Sánchez, alegando al peso que tienen sus
setenta diputados en el Congreso.
Aún no se sabe si finalmente los barones socialistas
admitirán el acuerdo con Podemos, ni si Sánchez será capaz de coincidir con los
planteamientos del programa de los de Pablo Iglesias, pero es verdad, que un
halo de ilusión se ha instalado en el panorama político español y que se vive
un momento irrepetible, como hace tiempo no se recordaba.
La aparición de una encuesta del CIS, sobre la intención de
voto de los españoles, en el caso de que se celebraran nuevas elecciones, añade
un punto de intriga al asunto, pues desvela que Podemos desbancaría al PSOE,
colocándose como segunda fuerza política y que ciudadanos habría de conformarse
con sólo un trece por ciento, lo que haría imposible, otra vez, para el PP,
poder formar gobierno.
Habría que preguntarle a Rajoy, en qué situación le coloca
esta nueva información y qué intenciones tiene, para su futuro político.

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