miércoles, 24 de febrero de 2016

Pánico a Podemos


Al final,  Pedro Sánchez  se rinde a los encantos de Albert Rivera y pacta un acuerdo de supuesta gobernabilidad con Ciudadanos, aunque numéricamente, de no recabar  otros apoyos con urgencia, nunca conseguirá ser investido Presidente de este País, ni por tanto, formar gobierno.
Han bastado varios encuentros para que el líder socialista se haya decidido por seguir el sendero marcado por los barones de su Partido, abandonando la vía más lógica de negociación que la izquierda esperaba como una oportunidad de cambiar realmente las políticas aplicadas durante los cuatro años por el PP y que representaría para los españoles, un acercamiento al progreso.
Pero los señores del bipartidismo han  demostrado que más que luchar por los intereses ideológicos de cada cual, la prioridad en este momento, es liquidar las aspiraciones de Podemos y el pánico a que Pablo Iglesias y los suyos  pudieran formar parte del futuro gobierno, ha convertido la negociación en un frente común contra las políticas de izquierdas en general, lo que seguramente y si no se produce un milagro de última hora, nos llevará de cabeza, a la celebración de nuevos Comicios.
Pero reflexionando sobre lo ocurrido, si el miedo a que Podemos pueda alcanzar ciertas cotas de poder, se coloca por encima del interés general de los españoles, la falta de respeto que se comete contra los cinco millones de ciudadanos que votaron al Partido de Iglesias en las próximas elecciones, empieza a convertirse en una constante intolerable, que probablemente habrán de soportar durante los próximos cuatro años, si es que finalmente, alguien consigue formar gobierno.
La campaña de permanente desprestigio que determinados medios de comunicación han venido practicando contra la Formación morada durante los últimos tiempos y las acusaciones de colaboracionismo con ciertos regímenes totalitarios que los de Podemos han negado siempre, sin duda, han contribuido a que la balanza se incline hacia el que se podría considerar como un Partido típicamente tradicional, en su fondo y sobre todo, en sus formas, que asegure la continuidad del modelo social en el que ahora vivimos, evitando que puedan transformarse radicalmente, ciertas situaciones incómodas, que sin embargo benefician y mucho, a los altos cargos de los Partidos principales.
Pero la celebración de nuevas elecciones, no garantiza en modo alguno, el éxito de PP y PSOE, seriamente tocados, el uno por la corrupción y el otro por las luchas internas, ni ese hundimiento deseado para Podemos por sus adversarios más directos, con el argumento de que dejará pasar la oportunidad de hacer Presidente a Pedro Sánchez, votando lo mismo que Rajoy en la investidura y quedándose descolgado del pacto de gobierno.
Lo que nadie parece entender, es que en  esto de la política, uno se debe a sus principios y que abdicar de ellos, traicionarlos, hacer concesiones ideológicas en contra del mandato de aquellos que votaron una determinada opción, supondría no solo una descalificación absoluta para el que lo practique, sino que además, acabaría de un plumazo con la credibilidad de la Formación en cuestión, de cara a próximos Comicios.
Pablo Iglesias seguramente no accederá a las pretensiones de Sánchez y con toda probabilidad, Podemos votará en contra de su investidura, por una mera cuestión de coherencia.
Desde el principio, ha sido meridianamente claro con sus exigencias y no se puede ni se debe olvidar que ha sido literalmente, ignorado, por los socialistas, que ni siquiera han tenido la decencia de  reunirse con él, a pesar de que, teóricamente, ese pacto hubiera tenido mayor consistencia.

Puestos a culpabilizar, los ciudadanos también podrían acusar a Pedro Sánchez de estas acciones del todo incomprensibles y ya lo dijimos ayer, si pierde, ya puede despedirse de ser el candidato en las próximas elecciones, porque Susana Sánchez, espera su momento.

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