Mientras la enfermera infectada de ébola se debate entre la
vida y la muerte en la sexta planta del Hospital Carlos III de Madrid, Artur Mas
responde a las acusaciones de Rajoy sobre el desgobierno reinante en Cataluña y
desconvoca el referéndum independentista, distanciándose de sus socios de
Esquerra Republicana, que abogan ahora por una declaración unilateral de
independencia, que no será posible, al menos, en tanto CIU siga al frente del
poder y PP y PSC, no apoyen la iniciativa que se propone.
Esta decisión, que estaba cantada desde que el Constitucional
se pronunciara sobre la ilegalidad del Referendum y la emergencia sanitaria
sucedida en España, a cuenta del contagio de ébola, se mezclan en un marco
informativo sorprendentemente distinto al relacionado con los casos de
corrupción, que por desgracia es el habitual en los últimos tiempos y convierte
la actualidad en un periodo digno de ser seguido al minuto, por la cantidad de
novedades que a lo largo de todos los días, aparecen.
La preocupación ciudadana está sin embargo más pendiente del
sector sanitario, por lo que de grave tiene que el virus letal haya llegado a
España de la manera que lo ha hecho y rogando que la víctima del contagio
consiga vencer la terrible carga que le ha caído encima, gracias a la mala
gestión que nuestros gobernantes han hecho, tras empeñarse en el traslado de
los misioneros.
Está teniendo suerte Rajoy de que Teresa conserve la vida,
incluso contra la manera de afrontar su problema que han tenido nuestros
políticos y también con que Mas se haya echado atrás en sus propósitos, no se
sabe si movido tal vez, por una promesa de diálogo hecha in artículo extremis desde
la Moncloa, o porque la promesa que hizo a los catalanes no era más que un
farol que se le ha ido escapando de las manos, a medida que ha pasado el
tiempo.
Y sin embargo, estas dos historias, cada cual con su
contenido emocional y salvando las distancias entre ellas, han hecho que el PP
sufra un terrible desgaste a los ojos de la ciudadanía y que incluso muchos de
los que le han guardado fidelidad durante muchísimos años, se encuentren ahora
absolutamente descontentos con su manera de hacer las cosas y se planteen votar
a otras formaciones, en las próximas elecciones municipales.
Al final, va a ser verdad que el tiempo pone a cada cual en
su sitio y que a veces la chispa que enciende la llama de la detonación surge
de manera inesperada, ya que cuando todos creíamos que la muerte política de
Rajoy vendría relacionada con su estricta labor política, ha tenido que ser un
tema de sanidad el que termine por convencer a la Sociedad, de su completa
ineptitud para las labores de gobierno.
Poco importa si se dan o no dimisiones referidas al caso del
ébola, aunque a todos nos gustaría que se hubieran producido de manera
inmediata, o si se expulsa o no a Rato por el gasto con su tarjeta negra, o si
da la impresión de que Mas ha cedido en su pulso con el gobierno.
En la memoria del pueblo, cuando haya de enfrentarse a las
urnas, será el cómputo general de los errores cometidos y éste de la crisis del
ébola en particular, el que decida y no las palabras de triunfalismo virtual
que salgan de la boca de los miembros más destacados del PP, de aquí a que
lleguen las Municipales.
La costumbre de mentir, tan profundamente instalada en las
entrañas mismas del Partido conservador, choca de frente con la fuerza de la
desgarradora verdad que todos y cada uno de los ciudadanos conoce por
experiencia propia e impide que otra vez, se nos pueda engañar con la
parafernalia de una palabrería barata que ya a nadie convence.
Esta larga crisis y los aconteceres que nos hemos visto
obligados a sobrellevar, al final, ha terminado matando toda nuestra inocencia.

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