Todas las alarmas sanitarias se dispararon ayer por la tarde,
al conocerse la noticia de que una de las ATS que habían estado cuidando a los
sacerdotes enfermos de ébola, procedentes de África, había dado doble positivo,
en el contagio de la enfermedad.
La enfermera en
cuestión, que había acudido a las urgencias del Hospital de Alcorcón, unos días
después de haber notado los primeros síntomas, fue, como no podía ser de otra
manera, inmediatamente aislada y posteriormente fue trasladada al Hospital
Carlos III.
Pero el camino que ha recorrido esta persona desde que se
produjo el contagio y de qué manera pudo contraer la enfermedad, si
verdaderamente se cumplió con todos los protocolos de seguridad, constituye un
enigma, porque desde el fallecimiento de los dos sacerdotes han pasado una
serie de días y nadie sabe a que los dedicó, ni dónde, esta persona que ahora
se reconoce como contagiada.
La primera pregunta a responder es si verdaderamente el
Hospital español que recibió a los dos sacerdotes enfermos estaba preparado
para ofrecer una atención a este tipo de enfermos y si el personal sanitario
encargado de los casos, se encontraba suficientemente protegido contra los
estragos de esta virulenta enfermedad y debe ser la Ministra Ana Mato, como
responsable primera del Sistema Sanitario español, quien ofrezca a la prensa y a
los ciudadanos en general, una convincente respuesta.
Representantes del personal de enfermería, relataban ayer por
la tarde a los medios que les quisieron oír, que siempre dudaron de la eficacia
real de los protocolos activados en nuestro país, expresando tácitamente, que
para ellos era cuestión de tiempo que se produjera algún contagio y que la
prueba de que sus sospechas podían ser ciertas, la constituía la noticia que
horas antes se acababa de conocer y que se convirtió en primera página de todos
los periódicos.
Pero si estas sospechas son ciertas y las severas
precauciones a tomar contra el contagio de esta enfermedad no han sido
efectivamente las adecuadas, bien por dejación o bien porque los hospitales
españoles carecen de los medios necesarios frente a la epidemia, ¿por qué
autorizó el gobierno el traslado de los sacerdotes españoles y quién asumirá
ahora, tras conocerse este caso, la responsabilidad de estos hechos?
La gravedad del asunto no puede ser mayor y no debe, por
tanto, pasarse página sobre lo acontecido, sin ofrecer una explicación
minuciosa de cómo se ha producido el contagio y exigiendo la dimisión inmediata
de los responsables de la organización del traslado a nuestro país de los
infectados, sin poder garantizar su absoluto aislamiento, sea Ministra, o
Presidente de Gobierno.
Y además, queda por aclarar qué movimientos ha realizado la
enfermera desde que terminó su contacto con los sacerdotes fallecidos y si es
verdad que las relaciones personales que ha establecido durante la incubación
de la enfermedad, no se han reducido a los naturales en su entorno, si como al
parecer, se marchó de vacaciones.
Lo cierto es que el ébola ha entrado en Europa precisamente
por nuestro país y nada sabemos de cómo se produce verdaderamente su
propagación, por lo que probablemente nos encontramos, en una situación de alto
riesgo.
Qué hará el gobierno de Rajoy a partir de ahora y cómo
justificará el hecho de haber traído a los sacerdotes después fallecidos, hasta
aquí, se ha convertido hoy en la primera preocupación de todos los ciudadanos,
que exigen una inmediata comparecencia de los responsables políticos y que, al
menos por una vez, se afronte la verdad, sea cual fuere en este momento, la
situación que se nos viene encima.
No caben paños calientes si el error ha sido institucional,
ni maquillaje de una realidad, que en este caso, nada tiene que ver con la
farsa política.
Dado el avance de esta enfermedad incurable y la virulencia
que ha adquirido en África en muy poco tiempo, si los protocolos de seguridad
activados han sido, como parece, insuficientes, tenemos un gravísimo problema y
habrá que exigir soluciones inmediatas,
que atajen los posibles efectos.
La parsimonia con que el gobierno Rajoy suele tomarse el remedio de las dificultades y la realidad
virtual en que se mueve, tan alejada de la que padece la sociedad, nos hace
temer sin embargo, ahora con mucha más razón, que todo pueda complicarse, sin que se haya empezado
siquiera a discutir, qué tipo de medidas se adoptarán desde este preciso momento.
La oposición en bloque, que ya ha pedido la dimisión de Ana
Mato y exigido una explicación mucho más extensa que la que se ofreció ayer en
la penosa intervención de la Ministra ante los medios, sigue esperando que
alguien se digne a hablar, con la misma incertidumbre que corroe al resto de
los españoles.

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