Tras un par de semanas de infarto, en la que la crisis del
ébola ha evidenciado la nefasta labor de
los encargados de custodiar la salud de todos los españoles, la suerte sonríe
al gobierno y la afectada por el contagio de la terrible enfermedad parece ir
saliendo del túnel oscuro donde la había llevado un fallo garrafal en el
protocolo y las personas consideradas de riesgo, ingresadas en el Carlos III,
permanecen asintomáticas.
La amplia sonrisa de Soraya Sainz de Santamaría, al ofrecer a
los medios el parte de la evolución de los afectados, no pudo ser más
explícita, pensando, con toda razón, que quizá acababa de sortear uno de los
episodios más difíciles de su carrera política y que por causas de un azar que
se escapa a la comprensión de todos los expertos en el tema y por la magnífica
labor de los profesionales en medicina de la Sanidad pública, parece que va a
superarse, a pesar de los incontables y gravísimos errores cometidos en la
gestión.
Los ciudadanos no podemos sino alegrarnos de este resultado ,después
de la incertidumbre que hemos vivido desde que Rajoy se empeñó en traer a los
misioneros desde África, sin estar preparados nuestros hospitales para ello y
temiendo como hemos temido, que el mal hacer de los principales encargados de
actuar en este caso, pudiera complicar mucho más el contagio del virus, al haberse
actuado con tanta negligencia.
Esperanzados ahora en que Teresa recupere la salud, nuestra
alegría vuelve a turbarse al conocer que Rajoy ha autorizado el uso de las
Bases de Rota Y Morón, para el trasiego de aviones cargados con militares que
estarán en contacto directo con el virus del ébola y que estando como estarán,
según dicen los entendidos, veintiún días absolutamente asintomáticos, pudieran
pasearse por estos dos pueblos andaluces, al encontrarse como se encuentran
estas bases, prácticamente inmersas en el núcleo urbano de ambas poblaciones.
Queda claro que Rajoy no sabe decir que no a las peticiones
de los poderosos y mucho menos a las que llegan directamente de EEUU, aunque
como en este caso, se encuentren estrechamente relacionadas con el bienestar de
los españoles, que es por quiénes debería en todo caso mirar, ya que es, muy a
nuestro pesar, nuestro Presidente.
Parece sin embargo que esta crisis no le ha enseñado nada y
que vuelve a incurrir en el mismo error que cuando decidió el traslado de los
misioneros, volviendo a jugar con la posibilidad de traer a suelo español el
virus, esta vez, no tratándose siquiera de ciudadanos españoles, sino de
soldados de otro país, que bien pudieran infectarse, si su trato con los
enfermos africanos va a ser tan cercano como dicen.
La decisión, que es personal y que le ha reportado al
Presidente la obtención para España de un alto cargo en la ONU, ni siquiera ha
sido consultada con la Presidenta de la Junta de Andalucía, como sería lo
natural, al encontrarse las bases situadas en su territorio.
No ha bastado al Presidente, sin embargo, la suerte de que no
haya habido muertos para reflexionar sobre sus propios errores y no ha tardado
prácticamente nada en volver a indignar a la población con un asunto
relacionado con el mismo tema, dando así la impresión de que en realidad le
preocupa bien poco lo que nos pueda suceder, incluso apoyando que de nuevo
pueda importarse el ébola a nuestro país, otra vez, por una decisión
absolutamente nefasta.
Eso sí, seguramente Obama habrá colocado a Rajoy para siempre
en su lista de “amigos”, aunque habría que preguntarse qué habría hecho él, si
las circunstancias se dieran en el contexto contrario y fuéramos nosotros los
que necesitáramos utilizar su territorio, para el trasiego de soldados en
situación de riesgo, por su contacto con el virus del ébola.
Entretanto, Podemos, con Pablo Iglesias al frente, consigue
una afluencia multitudinaria a una de sus asambleas en Madrid y sigue
ascendiendo, imparable, hacia la posibilidad de ganar unas elecciones futuras.
Basta con una mirada alrededor, para entender que no podía
ser de otra manera, dada la catadura moral, humana y profesional de nuestros
gobernantes.

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