No es de extrañar que los profesionales de la Sanidad, que ya
bastante indignados estaban con los recortes aplicados por Rajoy en su sector,
se hayan echado a la calle tras conocer lo mal que se ha gestionado la crisis
del ébola y que estén manifestando ante los medios su indignación, si se tiene
en cuenta la inoperancia supina que manifiestan los responsables del área a la
que se dedican.
Vistas y oídas las declaraciones de la señora Mato y del
Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, de cuyo nombre no merece la
pena acordarse, el descontrol que debe reinar en el Ministerio de Sanidad y por añadidura, en
las medidas que desde allí se adoptan en relación con la salud de los españoles,
es motivo de fuerza suficiente para pensar, que todos hemos estado corriendo un
peligro incalculable, que sólo se remedia, gracias a la profesionalidad y el
buen hacer de los médicos, enfermeros y personal auxiliar, encargados del
cuidado de nuestras enfermedades.
Y no sólo es el desconocimiento palpable demostrado estos
días por estos inútiles con plaza de mando, el que nos causa inevitablemente
una inquietud explicable, sino que la soberbia demostrada por ellos en sus
apariciones ante los medios, la altivez de no admitir errores de la categoría
de los que se han cometido estos días y la presunción de haberlo estado
haciendo muy bien, colman el vaso de la infinita paciencia que los ciudadanos
están teniendo, para no exigir masivamente una dimisión inmediata de tales
individuos.
No se puede calificar siquiera la estrategia adoptada en el
asunto del contagio, aunque cabe pensar que, cómo no, ha de ir en consonancia
con el espíritu de triunfalismo que caracteriza al gobierno, pero la
desfachatez de estar negando la cadena de interminables equivocaciones que se
ha producido en este caso y que hemos podido ver y comprobar, a poco que
hayamos estado pendientes del desarrollo de la historia, es suficiente para
reclamar que en los temas relacionados con nuestra salud, se ponga al frente a
personas cualificadas para llevar un cargo de tal responsabilidad, ya que se
está jugando con un derecho fundamental de la sociedad en pleno.
Las secuencias de la gestión, una tras otra, las
intervenciones de Mato y el Consejero, más parecen el guión de una película de
Berlanga y de no ser por la gravedad de los hechos de que se trata, podrían
llegar a considerarse, hasta cómicas.
Este esperpento político que todos hemos podido ver, es sin
embargo, el modo que se tiene de actuar en el Ministerio de Sanidad, no sólo en
el caso del ébola, sino seguramente también, en todos y cada uno de los
problemas de mayor o menor envergadura con los que tendrán que enfrentarse
estos dos ineptos, todos los días.
Así que imagínense qué pasaría, si por azares del destino aquí se declara una
epidemia que afectara a un número grande de personas y cómo se podría
gestionar, si siguen al frente de todo, individuos de esta catadura profesional
y personal, por otro largo periodo de tiempo.
La carta del marido de la enfermera contagiada, ya apunta
esta tesis, cuando se refiere a las instrucciones que habían recibido en su
caso, después de haber empezado a notar los primeros síntomas de la enfermedad,
al no haber sido inmediatamente ingresados, para un estudio más profundo.
No caben pues, excusas para mantener en el cargo a Ministra y
Consejero, ni para seguir ocultando a los españoles la gravedad de los
infinitos errores que bajo su mando se han cometido.
Y es por tanto, una inaplazable obligación de quienes nos
dedicamos a informar de la actualidad, no ya pedir, sino exigir, que sean
inmediatamente apartados de sus funciones, aunque su despido no sirva en
absoluto, para paliar el sufrimiento causado por su actuación, en la víctima y
en todo su entorno.

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