Por fin Teresa Romero da negativo en la prueba del virus de
ébola y parece que saldrá victoriosa de su lucha contra la enfermedad, aunque
aún no se sabe qué clase de secuelas tendrá que soportar en los próximos meses.
Por suerte, la espantosa gestión que de su caso han llevado a
cabo los responsables máximos del área de Sanidad, no ha influido en la buena
marcha de su evolución, quizá por tratarse de una persona joven y sana y por
haber sido minuciosamente cuidada por unos profesionales a los que, hasta hace
bien poco, el gobierno trataba de vilipendiar, cada vez que se manifestaban en
contra de los drásticos recortes que se les imponían o denunciando la
privatización encubierta de Hospitales que se estaba llevando a cabo en Madrid y que ellos, por cercanía, podían
valorar mejor que nadie.
El marido de la afectada, sin embargo, no parece dispuesto a
dejar pasar la cadena de errores que en su caso se han cometido y está
dispuesto a llevar ante la justicia a quien fuera menester para defender la
honorabilidad y el pundonor de su esposa, que aún no conoce, al haberse
encontrado aislada, nada de lo que ha sucedido desde que se produjera su
ingreso en el Carlos III y menos aún, las terribles declaraciones hechas por el
Consejero de Sanidad de la Comunidad, a quién sus familiares no van a perdonar
tan fácilmente.
Tampoco sabe aún Teresa la enorme solidaridad ciudadana que
ha levantado su caso, ni la lucha de determinados medios de comunicación por
hacer aflorar una verdad, que a toda costa se nos ha tratado de ocultar desde
los organismos gubernamentales.
A nuestra vez, los ciudadanos estamos deseando oír su versión
de los hechos, que con toda seguridad vendrá a confirmar ciertas carencias en
los sistemas de protocolo, dando cuerpo a la idea de que todo se ha gestionado
rematadamente mal, incluso desde el primer momento.
No será fácil para ella tener que enfrentarse a las múltiples
acusaciones que se han hecho en contra de su profesionalidad, sobre todo
después de haber estado tantos días debatiéndose entre la vida y la muerte,
pero todos contamos con que tendrá la honestidad de decir la verdad, acusando a
quién tenga que acusar y defendiendo la honorabilidad de sus compañeros de
profesión y la suya propia, puesta en duda tantas veces, por cargos relevantes
del gobierno.
Ir hasta el final en el esclarecimiento de los hechos, ha de
ser desde ahora para Teresa, una obligación ineludible, no solo para restituir
su imagen profesional ante todos los españoles, sino para dejar de una vez
sentado que los errores cometidos son, exclusivamente, responsabilidad de los
de arriba, que nunca han querido reconocer que no estaban en absoluto
preparados para afrontar una crisis de estas características.
Si finalmente se recupera y puede volver a hacer vida normal
junto a su familia, su caso podría constituir un ejemplo al que mirar, para no
volver a caer en las mismas equivocaciones que se han cometido en su
tratamiento.
Que pague pues, quién tenga que pagar y que no duelan prendas
en cesar a quiénes se tenga que cesar, ocupen el cargo que ocupen.
La lucha de Teresa se librará seguramente a partir de ahora,
en el campo de la justicia y todos estamos seguros que después de haber
conseguido ganar la batalla al mismísimo virus del ébola, esto de ahora le
parecerá una nimiedad, sin que nada ni nadie pueda pararla en su camino para
llegar a destapar una verdad, a la que todos y ella antes que nadie, tenemos
derecho

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