lunes, 20 de octubre de 2014

Fuera de peligro


Por fin Teresa Romero da negativo en la prueba del virus de ébola y parece que saldrá victoriosa de su lucha contra la enfermedad, aunque aún no se sabe qué clase de secuelas tendrá que soportar en los próximos meses.
Por suerte, la espantosa gestión que de su caso han llevado a cabo los responsables máximos del área de Sanidad, no ha influido en la buena marcha de su evolución, quizá por tratarse de una persona joven y sana y por haber sido minuciosamente cuidada por unos profesionales a los que, hasta hace bien poco, el gobierno trataba de vilipendiar, cada vez que se manifestaban en contra de los drásticos recortes que se les imponían o denunciando la privatización encubierta de Hospitales que se estaba llevando a cabo  en Madrid y que ellos, por cercanía, podían valorar mejor que nadie.
El marido de la afectada, sin embargo, no parece dispuesto a dejar pasar la cadena de errores que en su caso se han cometido y está dispuesto a llevar ante la justicia a quien fuera menester para defender la honorabilidad y el pundonor de su esposa, que aún no conoce, al haberse encontrado aislada, nada de lo que ha sucedido desde que se produjera su ingreso en el Carlos III y menos aún, las terribles declaraciones hechas por el Consejero de Sanidad de la Comunidad, a quién sus familiares no van a perdonar tan fácilmente.
Tampoco sabe aún Teresa la enorme solidaridad ciudadana que ha levantado su caso, ni la lucha de determinados medios de comunicación por hacer aflorar una verdad, que a toda costa se nos ha tratado de ocultar desde los organismos gubernamentales.
A nuestra vez, los ciudadanos estamos deseando oír su versión de los hechos, que con toda seguridad vendrá a confirmar ciertas carencias en los sistemas de protocolo, dando cuerpo a la idea de que todo se ha gestionado rematadamente mal, incluso desde el primer momento.
No será fácil para ella tener que enfrentarse a las múltiples acusaciones que se han hecho en contra de su profesionalidad, sobre todo después de haber estado tantos días debatiéndose entre la vida y la muerte, pero todos contamos con que tendrá la honestidad de decir la verdad, acusando a quién tenga que acusar y defendiendo la honorabilidad de sus compañeros de profesión y la suya propia, puesta en duda tantas veces, por cargos relevantes del gobierno.
Ir hasta el final en el esclarecimiento de los hechos, ha de ser desde ahora para Teresa, una obligación ineludible, no solo para restituir su imagen profesional ante todos los españoles, sino para dejar de una vez sentado que los errores cometidos son, exclusivamente, responsabilidad de los de arriba, que nunca han querido reconocer que no estaban en absoluto preparados para afrontar una crisis de estas características.
Si finalmente se recupera y puede volver a hacer vida normal junto a su familia, su caso podría constituir un ejemplo al que mirar, para no volver a caer en las mismas equivocaciones que se han cometido en su tratamiento.
Que pague pues, quién tenga que pagar y que no duelan prendas en cesar a quiénes se tenga que cesar, ocupen el cargo que ocupen.
La lucha de Teresa se librará seguramente a partir de ahora, en el campo de la justicia y todos estamos seguros que después de haber conseguido ganar la batalla al mismísimo virus del ébola, esto de ahora le parecerá una nimiedad, sin que nada ni nadie pueda pararla en su camino para llegar a destapar una verdad, a la que todos y ella antes que nadie, tenemos derecho



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